Jeremy Corbyn fracasa y siembra dudas en la izquierda europea

Jeremy Corbyn / Twitter
Jeremy Corbyn. / Twitter

El Partido Laborista de Jeremy Corbyn sufre la mayor derrota electoral desde 1935, y pone en duda la nueva estrategia de la izquierda europea.

Jeremy Corbyn fracasa y siembra dudas en la izquierda europea

El Partido Laborista de Jeremy Corbyn deja a los conservadores de Boris Johnson con una mayoría abrumadora en el parlamento del Reino Unido. La victoria más abultada de los conservadores desde la era Thatcher no solo permitirá a Johnson aplicar su calendario del Brexit, sino que transformará la política británica de los próximos años y, quizá, el alcance de las políticas que las izquierdas europeas se atreverán a presentar en sus programas electorales. 

Muchos simpatizantes de las izquierdas europeas estaban mirando al Partido Laborista como fuente de inspiración. El movimiento de ciudadanos, profesionales y académicos que se ha formado a su alrededor parecía indicar que se puede hacer una política de la esperanza frente al miedo y a la exclusión, una política que propone una visión de un futuro mejor y, sobre todo, una política de izquierdas. Sin embargo, las elecciones británicas se jugaban alrededor de otra cuestión.

Las ortodoxias económicas han conseguido superar la Gran Recesión con pocos rasguños. De hecho, la hazaña de sobrevivir a la última crisis, que ha puesto de manifiesto todas las debilidades del “consenso” político y económico, las ha reforzado. Como bien ha apuntado Christine Berry, de la New Economics Foundation, en el periódico británico The Guardian, para transformar un país se necesita una estrategia capaz, a la vez, de desgastar el poder de los intereses consolidados y de formar una nueva base social para remplazarlo.

El Partido Laborista británico se ha atrevido a proponer un cambio radical de las reglas de la economía, esas reglas para las cuales, en principio, no hay alternativa. Sin embargo, siempre hay alternativas. Es posible aumentar los impuestos de los que están arriba para disminuir las desigualdades y mejorar los servicios públicos. Tiene sentido plantearse la propiedad pública de servicios esenciales, para alejarlos de la lógica del beneficio. La política fiscal, en particular la política fiscal expansiva orientada a la inversión para la emergencia climática, es un instrumento válido, legítimo y, si bien administrado, con costes inferiores a los beneficios que puede generar. El aumento del salario mínimo no se traduce de forma inmediata e inevitable en menos empleo y precios más altos. 

El análisis de los resultados de las elecciones británicas requerirá más tiempo y sosiego. Quizá el mayor acierto de Boris Johnson fue entender que en estas elecciones solo se discutían las soluciones al Brexit. El Partido Laborista, incapaz de articular un mensaje coherente sobre esta cuestión, evitó el debate. Ha sido Brexit contra socialismo, una idea transversal contra un modelo de sociedad definido.

Con independencia de las dinámicas políticas y electorales del Reino Unido, este resultado tiene relevancia para las izquierdas europeas y para todos los ciudadanos que proponen y creen en la necesidad de grandes cambios sociales. La difusión y la aceptación de las reglas del juego de nuestra sociedad permiten perpetuar el statu quo. En este sentido, resultan fundamentales las reglas de la Economía, como la pretendida mayor eficiencia del sector privado frente al público, la imperdonable importancia de la austeridad en tiempos de crisis o los beneficios imaginarios de proteger a una minoría rica de grandes empleadores. Es lo que nos venden y es lo que acabamos creyendo. Desviarse de estas reglas supone un coste que no todos estamos dispuestos a soportar. Es el coste psicológico de atreverse a susurrar algo en contra de lo que piensa todo el mundo; el coste de no encajar cuando los expertos predican que no hay alternativa; el coste de soportar la carga de la prueba. El pensamiento dominante en la esfera económica ha calado como norma de la cual es difícil y caro apartarse. Por supuesto, esto no implica que la verdad siempre pertenece a los que se oponen a las ideas que gozan de mayor aceptación. Sin embargo, no es fácil votar por un programa político, en muchos sentidos, radical. Los que creen en la necesidad de un cambio en la sociedad parten con desventaja.

Las elecciones británicas se jugaban en otro campo, y Jeremy Corbyn ha perdido una apuesta atrevida. Puede que haya pedido demasiado a unos ciudadanos que, además, estaban preocupados por otros asuntos, pero deja una cesta de políticas de izquierdas para otros partidos europeos.  Quizás no haga falta cogerlas todas juntas. @mundiario

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