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  <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Paolo Rungo»]]></title>

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    <description><![CDATA[MUNDIARIO | Primer periódico global de análisis y opinión]]></description>
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      <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Paolo Rungo»]]></title>
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  <title><![CDATA[Jeremy Corbyn fracasa y siembra dudas en la izquierda europea]]></title>
      <category><![CDATA[ESPAÑA]]></category>
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  <pubDate>Fri, 13 Dec 2019 10:35:42 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Paolo Rungo]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El Partido Laborista de Jeremy Corbyn sufre la mayor derrota electoral desde 1935, y pone en duda la nueva estrategia de la izquierda europea.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>El Partido Laborista de Jeremy Corbyn deja a los conservadores de Boris Johnson con una mayoría abrumadora en el parlamento del Reino Unido.</strong> La victoria más abultada de los conservadores desde la era Thatcher no solo permitirá a Johnson aplicar su calendario del Brexit, sino que transformará la política británica de los próximos años y, quizá, el alcance de las políticas que las izquierdas europeas se atreverán a presentar en sus programas electorales.&nbsp;</p>

<p>Muchos simpatizantes de las izquierdas europeas estaban mirando al Partido Laborista como fuente de inspiración. El movimiento de ciudadanos, profesionales y académicos que se ha formado a su alrededor parecía indicar que se puede hacer una política de la esperanza frente al miedo y a la exclusión, una política que propone una visión de un futuro mejor y, sobre todo, una política de izquierdas. Sin embargo, las elecciones británicas se jugaban alrededor de otra cuestión.</p>

<p>Las ortodoxias económicas han conseguido superar la Gran Recesión con pocos rasguños. De hecho, la hazaña de sobrevivir a la última crisis, que ha puesto de manifiesto todas las debilidades del “consenso” político y económico, las ha reforzado. Como bien ha apuntado Christine Berry, de la New Economics Foundation, en el periódico británico The Guardian, para transformar un país se necesita una estrategia capaz, a la vez, de desgastar el poder de los intereses consolidados y de formar una nueva base social para remplazarlo.</p>

<p>El Partido Laborista británico se ha atrevido a proponer un cambio radical de las reglas de la economía, esas reglas para las cuales, en principio, no hay alternativa. Sin embargo, siempre hay alternativas. Es posible aumentar los impuestos de los que están arriba para disminuir las desigualdades y mejorar los servicios públicos. Tiene sentido plantearse la propiedad pública de servicios esenciales, para alejarlos de la lógica del beneficio. La política fiscal, en particular la política fiscal expansiva orientada a la inversión para la emergencia climática, es un instrumento válido, legítimo y, si bien administrado, con costes inferiores a los beneficios que puede generar. El aumento del salario mínimo no se traduce de forma inmediata e inevitable en menos empleo y precios más altos.&nbsp;</p>

<p>El análisis de los resultados de las elecciones británicas requerirá más tiempo y sosiego. Quizá el mayor acierto de Boris Johnson fue entender que en estas elecciones solo se discutían las soluciones al Brexit. El Partido Laborista, incapaz de articular un mensaje coherente sobre esta cuestión, evitó el debate. Ha sido Brexit contra socialismo, una idea transversal contra un modelo de sociedad definido.</p>

<p>Con independencia de las dinámicas políticas y electorales del Reino Unido, este resultado tiene relevancia para las izquierdas europeas y para todos los ciudadanos que proponen y creen en la necesidad de grandes cambios sociales. La difusión y la aceptación de las reglas del juego de nuestra sociedad permiten perpetuar el statu quo. En este sentido, resultan fundamentales las reglas de la Economía, como la pretendida mayor eficiencia del sector privado frente al público, la imperdonable importancia de la austeridad en tiempos de crisis o los beneficios imaginarios de proteger a una minoría rica de grandes empleadores. Es lo que nos venden y es lo que acabamos creyendo. Desviarse de estas reglas supone un coste que no todos estamos dispuestos a soportar. Es el coste psicológico de atreverse a susurrar algo en contra de lo que piensa todo el mundo; el coste de no encajar cuando los expertos predican que no hay alternativa; el coste de soportar la carga de la prueba. El pensamiento dominante en la esfera económica ha calado como norma de la cual es difícil y caro apartarse. Por supuesto, esto no implica que la verdad siempre pertenece a los que se oponen a las ideas que gozan de mayor aceptación. Sin embargo, no es fácil votar por un programa político, en muchos sentidos, radical. Los que creen en la necesidad de un cambio en la sociedad parten con desventaja.</p>

<p>Las elecciones británicas se jugaban en otro campo, y Jeremy Corbyn ha perdido una apuesta atrevida. Puede que haya pedido demasiado a unos ciudadanos que, además, estaban preocupados por otros asuntos, pero deja una cesta de políticas de izquierdas para otros partidos europeos. &nbsp;Quizás no haga falta cogerlas todas juntas. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Corbyn abandera la nueva posición laborista acerca de la movilidad social]]></title>
      <category><![CDATA[ESPAÑA]]></category>
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  <pubDate>Thu, 21 Nov 2019 20:53:05 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Paolo Rungo]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[La decisión del Partido Laborista de sustituir la Comisión para la Movilidad Social por una Comisión de Justicia Social que promueva políticas de oportunidades para todos es muy acertada.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Este 21 de noviembre, Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista británico, ha lanzado su nuevo programa electoral.</strong> Mientras que la estrategia del Partido Conservador para las elecciones que se celebrarán el próximo 12 de diciembre en el Reino Unido se desarrolla en torno a la promesa del Brexit, los laboristas han propuesto un plan de política interna que, en palabras de su mismo líder, es “el plan más radical, esperanzador, centrado en las personas y mejor financiado de los tiempos modernos”. En la sección de políticas de trabajo del mismo programa electoral, se encuentra la nueva posición laborista acerca de la movilidad social, es decir, el abandono de esta idea como medida de equidad. Este cambio, que quebranta décadas de consenso político, ya había sido anunciado el pasado verano, cuando Corbyn declaró en un evento sobre educación que la movilidad social “ha fracasado”. No solo ha fracasado, sino que encubre una idea de sociedad que favorece a los que ya disfrutan de mayores privilegios.</p>

<p>Pocas personas pueden presumir de unas condiciones económicas mejores que las de sus padres. De hecho, muy pocas personas que crecen en familias de clase trabajadora tienen la oportunidad de cambiar su situación. En un estudio publicado en junio del año pasado, la OECD, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que coordina las políticas sociales y económicas de 36 países, ha señalado que, en España, las personas nacidas en familias de baja renta tardan unas 4 generaciones en alcanzar los ingresos medios del país. El 45% de los trabajadores manuales tienen padres que desempeñan trabajos manuales. Por el contrario, menos del 20% de los hijos de trabajadores manuales ha conseguido algún puesto de mando. La falta de movilidad social, además, se extiende a otras dimensiones, como la salud o la educación. En media, en los países de la OECD, el 43% de las personas cuyos padres han conseguido acabar, como máximo, la educación secundaria, no han mejorado los resultados de sus padres. Sin embargo, solo siete de cada cien personas con padres universitarios han terminado su formación en la educación secundaria.</p>

<p><strong>La cima de la jerarquía social</strong></p>

<p>Han intentado enseñarnos que, gracias a la educación, al esfuerzo y, en el caso de algunos afortunados, al talento personal, es posible alcanzar la cima de la jerarquía social. Sin embargo, en una sociedad cada vez más desigual, hemos aprendido que lo que somos depende, en primer lugar, de dónde venimos.</p>

<p>La inexistencia de movilidad social ha motivado a políticos e instituciones, entre las cuales la misma OECD, a proponer políticas para facilitar la transición entre clases. &nbsp;Estas políticas, que, sin duda, pueden mejorar la situación de algunos, huyen de la cuestión principal. La idea de movilidad social es injusta. En primer lugar, presupone que la jerarquía social existente es aceptable, que es justo y normal que, como ha denunciado el pasado octubre Oxfam Intermón, la organización no gubernamental española de cooperación para el desarrollo, los&nbsp;máximos directivos&nbsp;de las empresas del IBEX 35&nbsp;cobran 123 veces más que el salario medio de sus empleados. O que 12,3 millones de personas en España (el 26% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, como ha puesto en evidencia el 9º informe de AROPE (At-Risk-Of Poverty and Exclusion –en riesgo de pobreza y exclusión– por su sigla en inglés) de EAPN, la coalición independiente de grupos y organizaciones involucrados en la lucha contra la pobreza y la exclusión social en los Estados miembro de la Unión Europea. La desigualdad no es un problema, siempre que unas pocas personas consigan escapar del entorno desfavorable en el que han crecido. En este sentido, la idea de la movilidad social favorece a los que están arriba, que no dudan en promocionarla como única alternativa. Es cierto que, como nos han enseñado las experiencias fallidas del Socialismo Real, una sociedad plana, sin clases ni jerarquías, carecería de los incentivos personales que estimulan el desarrollo humano y el crecimiento económico de un país. Sin embargo, no se puede justificar la estratificación social existente solo porque algunos consiguen pasar a través de sus muros.</p>

<p>Finalmente, detrás de la movilidad social está la idea de que algunas ocupaciones son superiores a otras, lo cual implica que las personas que las desempeñan gozan, justamente, de mayor o menor prestigio y reconocimiento. La señora (porque, normalmente, es una señora y no un señor) que cuida de mi madre enferma no se merece el mismo reconocimiento de un profesor universitario, y esto debe reflejarse en nuestras nóminas y en nuestro estatus. Como ya he aclarado, estas diferencias constituyen un estímulo útil, un incentivo para que más personas intenten estudiar e invertir en su formación, lo cual puede redundar, quizás, en mejores condiciones para todos. Sin embargo, la escuela que elegimos, así como las ganas o la capacidad que tenemos de estudiar, dependen en gran medida de nuestros orígenes. Además, salvo automatización, que podría empeorar aún más las cosas para quienes ya están peor, seguirán siendo necesarias algunas ocupaciones rutinarias y menos valoradas. La movilidad social implica un movimiento vertical, en donde algunos intentan escapar de su clase para ir hacia arriba en la escalera jerárquica de nuestra sociedad. Pero no hay nada de malo en tener un trabajo manual como empleado en una fábrica, así como no hay nada de malo en no haber estudiado, en tener amigos que no han estudiado, y en estar orgullosos de nuestra propia situación y del barrio donde hemos crecido.</p>

<p>Una mayor movilidad social puede fomentar la equidad en una estructura social que no admite cambios, pero la justicia social es un asunto de dignidad de todas las personas, que se logra mediante salarios y condiciones de vida justos para todos, independientemente del punto de partida y de la ocupación que cada uno desempeña. La decisión del Partido Laborista de sustituir la Comisión para la Movilidad Social por una Comisión de Justicia Social que promueva políticas de oportunidades para todos es muy acertada. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Corbyn abandera la nueva posición laborista acerca de la movilidad social]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Seguidores del líder laborista británico Jeremy Corbyn. / @jeremycorbyn]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Seguidores del líder laborista británico Jeremy Corbyn. / @jeremycorbyn]]></media:description>
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