La compleja realidad política que vive España exige clarificar posiciones

principe con tierra
¿Podemos ganar el arcoiris?

“Lo esencial es invisible para el ojo. Solo el pensamiento es capaz de ver la noticia”, dijo la zorra. “Lo importante, es el tiempo que inviertes escuchándola”, respondió el príncipe...

La compleja realidad política que vive España exige clarificar posiciones

Hemos perdido un tiempo precioso”, he oído decir a muchos líderes de partidos y comentaristas políticos en los medios durante los más de 75 días transcurridos tras las elecciones del 20-D/2015 sin que haya investidura de presidente ni Gobierno para la “nueva legislatura”. Aunque en “la calle” –o sea, el Mundo Real-, no he escuchado a nadie de ese “pueblo español” (invocado como  “el primer mandatario” en los discursos, sobre todo, de las dos formaciones políticas que ostentan la mayor cantidad de escaños en el Congreso -¡por el momento!-), afirmar tal preocupación. Pero lo que sí puedo asegurar con certeza es que aún no se ha divulgado la noticia invisible de lo que está “ocurriendo” sin que nos percatemos: “el electorado estudia y aprende a identificar quién es quién en la panoplia de siglas” –PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida y otras-, “y lo que pueden esperar del proyecto que cada una de ellas defiende -¡todos sabemos, por  experiencias previas, que tales promesas no garantizan lo que harán exactamente cuando obtengan el poder!-. Para mí, es obvio que el electorado nacional asiste a “curso gratuito de capacitación intensiva sobre verdades y mentiras en política”, para mejorar los resultados de su ya casi segura siguiente votación en la cita con las urnas del 26 de junio. Para entonces, “el mandato del pueblo español que ofrecerán las urnas” será menos ambiguo, pero sin contradecir lo que han dicho ya en las elecciones pasadas: “no queremos bipartidismos”.

Supongo ningún español –residente o no en el territorio nacional-, pase por alto que lo esencial de esta renovación del gobierno de turno es lograr el cambio exacto –útil y bueno-, que necesita España y todas sus gentes para superar la crisis polifacética que sufre el país, tanto en  “las formas económicas en que se distribuye el PIB” –Producto Interno Bruto-, como en las de “doble moral del discurso político al uso”, consecuencias ambas del desgaste y agotamiento de “formas” gestadas en  aquella primera transición de 1977 gestionada en circunstancias mundiales de “Guerra Fría”.  ¿Por qué este es el primer propósito? Porque hoy vivimos, todos, “una nueva época” en el planeta. Porque encontrar solución a ese desafío, es el mejor camino para sobrevivir como “pueblo”, “cultura” y, sobre todo cómo “nación desarrollada económicamente”. Y para saber si esto es verdad, solo hay que echar una mirada al entorno global donde están ubicadas Las Españas, el europeo, el euroasiático y el Occidente no solo cristiano unido por el océano Atlántico.

Y qué caracteriza a esa joven civilización global, incluso con más exactitud que “las nuevas tecnologías” -¡sin dudas parte de “La Solución”, o de las “desavenencias religiosas” –¡fundamento de guerras y conflictos de género, que enmascaran la codicia personal de la que todos, en diferente medida y posibilidades, padecemos!-: la extrema desigualdad de medios y recursos entre y dentro de los más de 200 territorios nacionales en que hoy mal conviven los 7,300 miembros de nuestra especie, bien al amparo de sus respectivas familias, de sus tribus y de sus clanes -¡no siempre bien avenidos entre sí gracias a la injerencia de pasiones beligerantes que defienden “justeza y valor de mis ideas” o quieren acabar con “el abuso que hace el gobernante que se llama a si mismo democrático en virtud de principios en metálico que le guarda su banco”!-.

En ese escenario, es donde mi mente me invita a pensar La Noticia Invisible y el qué significan los discursos que me regalan líderes, radios, televisores y una agonizante prensa escrita o la virtual que me hacen recordarlos obedeciendo a “dos lógicas” que dan forma a sus  respectivas conveniencias –Izquierda y Derecha-. Porque esa libertad de elegir en política entre “blanco y negro”, que se publicita como gran virtud de La Democracia, es -paradójica y simultáneamente-, el peor azote a La Libertad, La Igualdad y La Fraternidad dentro de las cuales quiero definir El Cambio que aspiré a promover con mi voto cuando lo deposité en la urna de mi colegio electoral en Roces el pasado 20 de diciembre. Esto que revelo sobre mí mismo, es el primer argumento que expongo a favor de quienes interpretamos el cambio de proporción de cada color de partido en el arco iris electoral como indicador de quién ganó las elecciones. Y es matemáticamente obvio, que no fue “La Derecha”.  Aunque tampoco puede concluirse fue “La Izquierda”, al menos la tradicional.  Pero si es posible distinguir en esa mezcla de colores que “otra Izquierda” quiere nacer en la sala de parto de La Monarquía Parlamentaria Española. ¿Será capaz La Madre Patria de darla a luz de manera natural en ese tiempo que resta hasta el 2 de Mayo, cuando confirmado –tal y como ha sido asumido el dialogo para alcanzar pactos-, que no es posible elegir Presidente y Gobierno en las Cortes actuales estas se disuelvan? ¿O será necesario acudir a cesárea de nuevas elecciones el 26 de junio para escuchar el llanto de la nueva criatura nacida en y de Las Españas? 

grafica de posibilidades de acuerdo

Desde el 21 de diciembre de 2015, los partidos, sus líderes y miembros, los medios de información y todos los españoles que saben sumar y restar, saben existen solo 6 posibilidades de formar gobierno y acordar quién será Presidente. Las Matemáticas no se equivocan. Y afirmar que “las cuentas salen para uno y para otro no” es falso. Todas las sumas posibles de pactos para lograr “mayoría” –el codiciado “sí”-, aunque incluyen obligatoriamente a uno o más de los 4 partidos que obtuvieron el 92 % de los escaños en el congreso, una de ellas deja posibilidad de incluir mayor cantidad de las otras 6 formaciones que obtuvieron el 8 % restante de asientos en el parlamento. Y puede observarse en la tabla siguiente, que esa opción, “la más inclusiva” –la que suma a más partidos como parte del hipotético gobierno-, es la indicada con el número 1. Y “la menos inclusiva” –o sea, la que supone “gobierno absolutista” de un solo partido en solitario-, es la número 6. No hay peor ciego que el que cree haber ganado las elecciones y no quiere ver que no podrá gobernar en soledad.

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