El regreso de Íñigo Errejón, casi un año después del escándalo que dinamitó a la izquierda

El exdirigente de Más País reaparece por sorpresa en un acto en Madrid tras casi un año de retiro. La investigación judicial entra en su fase final mientras la izquierda intenta pasar página.
Íñigo Errejón. / RR. SS.
Íñigo Errejón. / RR SS

Casi un año después de desaparecer del mapa político, Íñigo Errejón ha reaparecido. Lo hizo el sábado 27 de septiembre, sin cámaras ni declaraciones, en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid, durante un homenaje a los últimos fusilados del franquismo organizado por la Plataforma Abierta Alba. Entre los más de 500 asistentes, su presencia fue confirmada al diario El País por la organización. Ninguna imagen trascendió del acto, pero su asistencia marca un regreso simbólico de quien fuera uno de los políticos más influyentes de la última década y hoy se encuentra en el limbo judicial y mediático.

Su última intervención pública había sido en enero, ante las puertas de los juzgados de Plaza de Castilla, donde aseguró tener “plena confianza en la justicia” y proclamó su inocencia. Entonces ya estaba imputado por una agresión sexual denunciada por la actriz Elisa Mouliaá, a la que se sumó posteriormente una acusación de la televisiva Aída Nízar, archivada poco después.

El 27 de octubre de 2024, Errejón anunció su renuncia a todos sus cargos —como portavoz de Sumar y diputado por Madrid— con una carta en la que afirmaba haber llegado “al límite de la contradicción entre el personaje y la persona”. El comunicado llegó apenas unas horas después de que Mouliaá le acusara públicamente de agresión sexual, en una denuncia que él siempre ha negado. Aquella misma noche, la izquierda entró en estado de shock.

La caída del cofundador de Podemos y líder de Más País golpeó de lleno al espacio progresista, que vio evaporarse a uno de sus rostros más reconocibles. “Fue una bomba nuclear”, admitió entonces el secretario del grupo parlamentario, Txema Guijarro. La figura de Errejón simbolizaba para muchos una renovación moral de la política, basada en la empatía y la salud mental; su abrupto final dejó tras de sí una sensación de vacío y contradicción.

Una causa en su recta final

El caso judicial, instruido por el juez Adolfo Carretero, encara su fase decisiva. La última diligencia —la declaración de dos psiquiatras que atendieron a Mouliaá— está prevista para el 24 de octubre. A partir de ahí, el magistrado deberá decidir entre abrir juicio oral o archivar la causa. Si se abre el proceso, Errejón podría enfrentarse a penas de uno a cuatro años de prisión.

Una semana después, el 31 de octubre, la actriz deberá declarar en otra causa paralela: una demanda por calumnias presentada por el exdiputado, que le reclama 10.000 euros por supuesta extorsión a testigos. Si no se retracta, podría iniciarse un nuevo procedimiento, esta vez a iniciativa de Errejón.

Silencio absoluto y desaparición pública

Desde su dimisión, el exlíder de Sumar ha mantenido un perfil inexistente. No concede entrevistas, no asiste a actos políticos y no actualiza sus redes sociales desde octubre de 2024, cuando aún figuraba como portavoz parlamentario. En julio de este año actualizó su declaración de bienes: sigue sin propiedades, con 363.996 euros en el banco y una moto Suzuki de 125 cc como único vehículo.

Ni su entorno ni sus antiguos compañeros de filas han querido pronunciarse. En el Congreso y la Asamblea de Madrid, cualquier mención a su nombre provoca silencio e incomodidad. “Le mandé un mensaje y no respondió”, confiesa un diputado de Sumar.

Un vacío político que Sumar no ha llenado

En el tablero político, la ausencia de Errejón ha tenido un efecto visible. Su marcha abrió una crisis interna en Sumar, en la que Más Madrid e Izquierda Unida trataron de ganar espacio. El Movimiento Sumar, donde el exdiputado ejercía como responsable de discurso, se refundó en una asamblea discreta, reducida y sin su figura más reconocida.

“Errejón no era solo portavoz, era un líder capaz de marcar agenda”, apunta una fuente del grupo. “Desde su salida, no ha habido una renovación estratégica; parte del discurso sigue anclado en 2023”.

Las encuestas, no obstante, reflejan cierta estabilización: Sumar ha recuperado terreno tras caer al 5% en 2024 y ahora ronda el 6,7% de apoyo, según el barómetro de 40dB para El País y la Cadena Ser. Pero el recuerdo del caso Errejón sigue siendo un lastre simbólico.

El ocaso del idealismo y el peso del silencio

La reaparición del exdirigente en un acto de memoria histórica no parece casual. En un momento en que la izquierda se fragmenta y busca relato, la figura de Errejón encarna una paradoja generacional: el político que predicó la empatía y la ética pública, pero terminó devorado por la contradicción entre discurso y conducta.

A la espera de la resolución judicial, el silencio de Errejón funciona como un eco incómodo en la izquierda española. Un silencio que pesa, divide y recuerda que, en política, la caída de un referente moral siempre deja un vacío difícil de llenar. @mundiario

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