La guerra irrumpe en Madrid: Ayuso anima a la izquierda “a irse solas y borrachas por Teherán”

Isabel Díaz Ayuso se ha posicionado a favor de Washington y en contra de la decisión de Pedro Sánchez de no permitir que el ejército norteamericano use sus bases para organizar operaciones militares.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta madrileña. / @IdiazAyuso.
Isabel Díaz Ayuso, presidenta madrileña. / @IdiazAyuso.

Hubo un momento durante el pleno de la Asamblea de Madrid en el que pareció que el reloj se había detenido. Como si España hubiera vuelto de golpe a 2003, al tiempo de las pancartas contra la guerra de Irak, las plazas llenas y un país partido en dos mitades irreconciliables. Esta vez, sin embargo, el escenario internacional es otro: el conflicto que enfrenta a Israel y Estados Unidos con Irán y que amenaza con extenderse por Oriente Medio. Pero el debate político en España ha recuperado casi palabra por palabra los mismos argumentos, las mismas trincheras y la misma lógica de bloques.

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, convirtió el pleno en una batalla ideológica que iba mucho más allá de la política autonómica. Su objetivo fue claro: confrontar la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de no permitir que Estados Unidos utilice bases españolas para operaciones militares en la región. Para Ayuso, esa negativa coloca a España en “el lado equivocado de la historia” y proyecta una imagen de debilidad internacional.

La respuesta llegó envuelta en una de esas frases destinadas a circular durante días en redes sociales y tertulias. Dirigiéndose a las portavoces de la izquierda, Ayuso lanzó una provocación que tensó el ambiente del hemiciclo: “Les animo a ir solas y borrachas por Teherán. O, por ejemplo, con minifalda a Kabul. Ánimo. Vayan allá y llévense a sus amigos gays, a ver cuándo les van a colgar de las grúas”.

La presidenta buscaba un argumento político claro: denunciar la contradicción que, a su juicio, supone defender el “no a la guerra” frente a regímenes que considera represivos. Pero el efecto fue inmediato: el pleno se convirtió en un intercambio de reproches que recordó a los peores momentos de la política española reciente.

Un debate que vuelve a 2003

La izquierda, por su parte, respondió reactivando uno de los eslóganes más poderosos de la historia política reciente: el “No a la guerra”. Pegatinas con ese lema, acompañadas de la bandera de España, aparecieron en las bancadas del PSOE y Más Madrid, en una escena cargada de simbolismo que buscaba reapropiarse de un emblema que tradicionalmente la derecha ha considerado suyo.

La escena tenía algo de déjà vu político. Hace más de dos décadas, el “No a la guerra” fue el grito que movilizó a millones de personas contra la intervención en Irak. Hoy, con otro conflicto y otro contexto internacional, la política española parece haber regresado a ese mismo punto de partida.

Ayuso se situó con claridad en el campo de quienes consideran que España debe alinearse sin ambigüedades con Estados Unidos y sus aliados. Desde su punto de vista, la negativa del Gobierno central a facilitar bases militares norteamericanas representa una señal de debilidad y aislamiento.

El problema es que, en la práctica, España tiene un margen muy limitado para influir en el desarrollo del conflicto. Esa paradoja marcó el tono del debate: un enfrentamiento retórico de gran intensidad sobre una guerra que se decide a miles de kilómetros de distancia.

La izquierda reivindica la bandera de la paz

La portavoz socialista, Mar Espinar, defendió la posición del Ejecutivo con un discurso que apeló al patriotismo desde una perspectiva distinta. “Tenemos un presidente que condena sin ambages los regímenes totalitarios mientras defiende la legalidad internacional”, afirmó.

Para Espinar, el momento exige precisamente lo contrario de lo que propone Ayuso: prudencia, respeto al derecho internacional y apuesta por la diplomacia. “Ser patriota es estar con la paz, con el diálogo y con el consenso”, sostuvo.

El gesto de llevar pegatinas con la bandera española junto al lema “No a la guerra” no fue casual. Representa un intento deliberado de disputar el significado del patriotismo, una batalla simbólica que en España siempre ha tenido un fuerte componente político.

El pleno que acabó hablando de todo

Aunque el conflicto internacional dominó los titulares, la sesión tenía otro objetivo: abordar la crisis abierta en el sistema universitario madrileño tras semanas de tensiones, dimisiones y protestas.

Ayuso había solicitado comparecer para explicar la situación, pero el debate terminó derivando hacia un enfrentamiento generalizado que incluyó acusaciones sobre corrupción, feminismo, inmigración y política internacional.

La presidenta madrileña, consciente de que jugaba en casa, aprovechó para anunciar nuevas medidas educativas y defender el acuerdo de financiación firmado con los rectores de las universidades públicas. Un pacto que prevé más de 14.000 millones de euros en seis años, aunque las plataformas universitarias lo consideran insuficiente.

Al final del pleno quedó una sensación difícil de ignorar: la de un país que vuelve una y otra vez a las mismas discusiones, como si el tiempo político se moviera en círculos. @mundiario

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