González Laya enfatiza que España no es responsable de la crisis en Ceuta

Arancha Gonzalez Laya, ministra de Exteriores. / TW
Arancha Gonzalez Laya, ministra de Exteriores. / TW
La ministra de Asuntos Exteriores responde tras la decisión de Marruecos de cortar comunicación y presionar para que se juzgue al líder del Polisario hospitalizado en Logroño. 
González Laya enfatiza que España no es responsable de la crisis en Ceuta

Ninguna responsabilidad. Esa es la respuesta dada por la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, en una entrevista dada a El País sobre el reciente choque con Marruecos por la crisis en Ceuta. ”España nunca buscó esta crisis, ni la alimenta. Lo que queremos es dejarla atrás lo antes posible”, señaló.

Pero agregó más: “Somos respetuosos en nuestras relaciones con todos los países, pero también pedimos que lo sean con nosotros". Con esto, González Laya sale al frente tras los últimos gestos de Rabat de cortar comunicación con Madrid y presionar para que se juzgue al líder del Polisario hospitalizado en Logroño. 

La reciente crisis entre España y Marruecos se desató el lunes pasado en Ceuta. Allí desembarco, primero, decenas de personas. Luego cientos. Al cabo de 36 horas, casi 8.000. Niños, adolescentes, familias enteras se arrojaban al mar para rodear el espigón que separa Marruecos de la playa del Tarajal, ante la mirada complaciente de su policía y la alarma de la española.

Rabat ha intentado contrarrestar el daño que estas imágenes han hecho a su reputación internacional acusando a la policía española de maltratar a los inmigrantes, pero el intento es vano: todo el mundo pudo ver lo que pasó.

En Madrid pidieron explicaciones a Rabat por la avalancha humana en Ceuta. El ministro de Exteriores marroquí, Nasser Burita, apelaría más tarde a la “fatiga” de sus guardias tras los tres días de fiesta que siguen al final del ayuno del Ramadán. 

El Gobierno se resistía a culpar al país vecino, como si lo que pasaba fuera fruto de un fenómeno meteorológico. Hasta que no le quedó otro remedio.

Una semana antes, el 8 de mayo, el Ministerio de Exteriores marroquí ya había puesto por escrito su amenaza: España no debía “minimizar el impacto grave” en las relaciones bilaterales de la decisión de acoger en un hospital al líder del Frente Polisario, Brahim Gali.

Rabat “tomaba nota” de la decisión “premeditada” de Madrid de no informarle de ello y sacaría “todas las consecuencias” de un gesto que consideraba hostil, concluía el comunicado.

"Las autoridades marroquíes consideraron una “deslealtad” que España no les avisara de que había decidido dar acogida a su mayor enemigo —Rabat y el Frente Polisario retomaron las hostilidades el pasado noviembre tras 30 años de tregua—— y dieron por rota la confianza entre ambas partes, lo que será muy difícil recomponer", señala El País. 

Madrid alega que tampoco Marruecos avisó de decisiones que afectaban a España, como el cierre de la aduana comercial con Melilla, el 31 de julio de 2018. “No se puede exigir aquello que tú no das”.

Desde que estalló la crisis no ha habido ninguna comunicación de alto nivel entre España y Marruecos, reconocen fuentes diplomáticas, más allá de la entrevista que González Laya mantuvo el martes con la embajadora Karima Benyaich antes de que abandonara España.

En cambio, Rabat mantiene las líneas abiertas con la UE y tanto el comisario de Vecindad y Ampliación, Olivér Várhelyi, como el alto representante de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, hablaron a partir del miércoles con Burita. Ambos le transmitieron, según las fuentes consultadas. @mundiario

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