El Gobierno se resigna a prorrogar los Presupuestos por falta de apoyos: “una pérdida de tiempo”

El Ejecutivo elude el debate sobre la obligación constitucional de presentar las cuentas y se centra en la cuestión política: que no tiene sentido someter un proyecto presupuestario a una votación abocada al fracaso.
Félix Bolaños, ministro de Presidencia; Pilar Alegría, portavoz del Gobierno y Sira Rego, ministra de Juventud. / La Moncloa
Félix Bolaños, ministro de Presidencia; Pilar Alegría, portavoz del Gobierno y Sira Rego, ministra de Juventud. / La Moncloa

El Ejecutivo de Pedro Sánchez asume cada vez con más claridad que no presentará los Presupuestos Generales del Estado para 2025. Aunque evita confirmarlo de manera definitiva, las declaraciones de sus portavoces apuntan a una realidad inamovible: la falta de apoyos, en especial el rechazo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), hace inviable la aprobación de unas nuevas cuentas. Mientras la oposición exige el cumplimiento de la obligación constitucional de presentar un proyecto presupuestario, el Gobierno se escuda en la aritmética parlamentaria para justificar su decisión de prorrogar las cuentas de 2024.

El principal obstáculo para la aprobación de unos nuevos Presupuestos es la negativa de ERC a negociarlos. La formación liderada por Oriol Junqueras ha descartado cualquier posibilidad de pacto este año y plantea posponer las discusiones hasta 2026. Esta postura se suma a la fragilidad de la mayoría parlamentaria del Ejecutivo, que depende de una compleja red de alianzas con partidos de izquierdas y nacionalistas para aprobar cualquier iniciativa.

Desde la oposición, el Partido Popular y otras formaciones han recordado al Gobierno su obligación constitucional de presentar los Presupuestos ante el Congreso. El artículo 134.2 de la Carta Magna establece que “el Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los presupuestos generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior”. Sin embargo, el Ejecutivo elude el debate legal y se centra en la cuestión política: considera que no tiene sentido someter un proyecto presupuestario a una votación abocada al fracaso.

El precedente más cercano de un rechazo parlamentario a los Presupuestos se remonta a febrero de 2019. En aquella ocasión, el Congreso tumbó las cuentas presentadas por el Gobierno socialista, lo que llevó a Sánchez a convocar elecciones anticipadas para abril de ese mismo año. Tras los comicios adelantados y la repetición electoral en noviembre por el bloqueo parlamentario, se formó la actual coalición entre el PSOE y Sumar.

Con este antecedente en mente, el Ejecutivo busca evitar una nueva derrota simbólica y ha decidido no someter los Presupuestos de 2025 a la incertidumbre parlamentaria. “Llevarlos sin apoyos sería una pérdida de tiempo”, ha afirmado la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Esta es la primera vez que un miembro del Ejecutivo emplea un lenguaje tan claro sobre la situación.

La prórroga presupuestaria

Ante las críticas por no presentar unas nuevas cuentas, el Gobierno ha defendido la posibilidad de prorrogar los Presupuestos actuales. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, ha recordado que la Constitución contempla este escenario en su artículo 134.3, que establece que “si la Ley de Presupuestos no se aprobara antes del primer día del ejercicio económico correspondiente, se considerarán automáticamente prorrogados los Presupuestos del ejercicio anterior hasta la aprobación de los nuevos”.

El Gobierno también subraya que, a pesar del bloqueo presupuestario, ha logrado aprobar un elevado número de leyes en lo que va de legislatura. “Podemos hacer perder el tiempo al Congreso de los Diputados y a los ciudadanos. Somos conscientes de las dificultades parlamentarias. En cualquier caso, aun así, en lo que llevamos de legislatura hemos aprobado 28 leyes”, ha asegurado Alegría. Además, ha relativizado la importancia de contar con Presupuestos nuevos al recordar que otras administraciones han operado sin ellos durante largos periodos, citando los casos de la Comunidad de Madrid y Castilla y León.

A medida que avanza el año, la ausencia de Presupuestos para 2025 se perfila como un símbolo de la debilidad parlamentaria del Gobierno y de las dificultades de la coalición para mantener su estabilidad. Con un horizonte incierto y unas alianzas más frágiles que nunca, el Ejecutivo afronta un escenario en el que la gobernabilidad se apoya en prórrogas, acuerdos puntuales y la esperanza de que el equilibrio político no se desmorone antes de 2026. @mundiario

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