Las cosas siguen igual en Gibraltar pero pueden ir a peor

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Un mono en Gibraltar.

La nueva situación creada por la salida del Reino Unido de la Unión y la falta de concreción jurídica del futuro de Gibraltar con respecto a España dejan en el aire aspectos fundamentales, sin compromisos fiables.

Las cosas siguen igual en Gibraltar pero pueden ir a peor

Se lo había advertido a Carlos III el Conde de Floridablanca: "Señor, hemos cedido en el asunto de Gibraltar, sólo por ahora. Debemos conseguir su devolución siempre que podamos, bien sea por la negociación o por la fuerza o la guerra. La negociación exige sagacidad, constancia, tiempo y gastos".

En la frontera sobresalen tres banderas. Sí, tres. Es todo un símbolo: entre la española y la británica emerge desafiante, a la misma altura, una tercera enseña, la de la Shell. La colonia es, ante todo, una plaza comercial. Los ingleses, muy pragmáticos, desdramatizaron la posición retirando el punto militar, es decir, el centinela. España lo conservaba a un lado del puesto de policía. Cada tarde, al arriar la bandera, el tránsito de viajeros se detenía durante unos segundos.  Después, el piquete de honores daba media vuelta, miraba hacia la Roca, y el corneta tocaba oración. Era emocionante.

“British for ever”

En Main Street, la calle principal, aparecen de vez en cuando oleadas de carteles de los de antaño: "British For Ever". Al poco de abrir la frontera para el tránsito peatonal, los primeros viajeros que entraban en la Roca advertían un único cartel, una advertencia en castellano: "En Gibraltar no se conoce la rabia. Se prohibe la entrada de perros".  Otro cartel clásico dice: "Se prohibe dar comida a los monos: (por cierto, que su custodia es responsabilidad de un sargento). Pero también se ven pegatinas de publicidad:"Gibraltar, tienda para España”

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Salvo el tabaco, no compensa comprar casi nada en la colonia.

Si hablas con un llanito, que muy posiblemente sea hincha del Sevilla te dice: "No es que yo no quiera ser español; es que para mí tiene más ventajas ser inglés, aunque sea de segunda". Pero todos los llanitos que pueden tienen una casa en la Línea, en San Roca o en la costa de Málaga para el "Week end". Hasta Picardo tuvo una casa en la urbanización de los ricos, Sotogrande. “El Reino Unido nos ha dado unas oportunidades que, hoy por hoy, España no puede ofrecer", dicen. Eso es, más o menos lo que piensan los treinta mil habitantes del peñón, una mezcla de mal teses, genoveses, hebreos, y británicos diversos, procedentes de otras colonias, junto a hindúes y marroquíes.  No hay duda de que, los que quedan de la generación marcada no quieren ni querrá ser españoles.

Cuando Andorra fue el modelo

En tiempos de Aznar y Blair se estuvo cerca de la transformación de la Roca en un territorio compartido entre Su Graciosa Majestad y Su Majestad Católica, es decir, entre el monarca británico y el español. Sería una especie de Andorra. En su testamento político, al abandonar la presidencia de la colonia, Sir Joshua Hassan, pidió a los gibraltareños que, ante España, decidan con la cabeza, no con el corazón. El actual premier Picardo desea mantener todos los privilegios comerciales y de relación con España de la colonia sin ceder nada a cambio. Sostiene que España nunca ha dejado de insistir en que su objetivo es recuperar lisa y llanamente la soberanía plena sobre el peñón, por lo que, a su entender, debe evitarse todo avance en esa dirección, incluido, por supuesto, el uso conjunto del aeropuerto construido sobre terreno usurpado a España y que nunca fue cedido por tratado alguno.

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El territorio de la colonia

Los ingleses han acuñado una frase muy expresiva que se interpone en la mesa de negociaciones cada vez que se trata el problema de Gibraltar. "Para ustedes nos dicen es un problema de territorio; para nosotros, de población. Y nos hemos comprometido a tener en cuenta los intereses de los habitantes de la Roca en cualquier solución posible". Así se refleja en la "Constitución" de 1969.

Zapatero rompió el consenso

José Luis Rodríguez Zapatero rompió en consenso de siglos sobre Gibraltar cuando, con Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, aceptó en 2006 a Gibraltar en las negociaciones como parte separada de la delegación británica en el llamado foro tripartito establecido por el acuerdo de Córdoba lo que debilitó la posición histórica española, que sostuvieron los gobiernos de todos los colores habidos en nuestra historia.

En consecuencia, en éste como en otros asuntos, la posición de España en quedó muy perjudicada por las cesiones del Gobierno del PSOE, que ya en tiempos de González abrió la verja, cerrada desde 1969 por Castiella, sin contraprestación alguna. Conviene recordar que el Tratado de Utrecht dice expresamente que la roca no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino.

Pero lo peor de todo fue que Zapatero y Moratinos cedieron sin contrapartidas a una exigencia fundamental de los dirigentes gibraltareños desde los tiempos de Joe Bossano, como ministro principal: contar con representación propia en las negociaciones. Es decir, se les otorgó estatus propio, algo que ni el Reino Unido exigía. Para muchos fue simplemente una traición. El gobierno de Gibraltar obtuvo de este modo un reconocimiento de facto.

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Un llanito avispado.

Ante el aluvión de críticas, Zapatero y Montesinos se disculparon afirmando que el foro no discutía cuestiones de soberanía, sino de cooperación territorial. Era falso. Nunca ningún gobernante español había llegado tan lejos. El Gobierno del PP simplemente dejó de convocar el foro.

16 años de palización

Lo que se dice negociaciones de verdad sobre Gibraltar llevan paralizadas 16 años, desde los tiempos en que la ministra Ana Palacio, en plena crisis de Perejil, se hizo cargo de Exteriores, en julio de 2002. No ha vuelto a haber diálogo sobre el asunto esencial para España, ni en un marco bilateral (2002-2006) ni en el tripartito desde 2006 a 2012.

Cada día pasan la frontera 35.000 personas, 12.000 coches y 4.000 vehículos a dos ruedas en días normales, cifra que se incrementa exponencialmente en verano. Al salirse de la Unión, Gibraltar es parte de un país tercero, por lo que ello afectaría en primer lugar al control fronterizo. Si España aplicara en este caso las normas habituales, el tránsito se haría, dado su volumen, insostenible.

Pero hay más: se calcula que un 20 por ciento de los Gibraltareños viven en España, en su mayoría en urbanizaciones de lujo, como Sotogrande, como el propio Picado (que tuvo su segunda residencia este lugar), pero sin pagar impuestos, mediante la fórmula de pasar en territorio español menos de 183 días al año. 7.000 llanitos recurren a este truco, como es bien sabido.

Pero hay más: En Gibraltar funcionan más 80.000 sociedades y la Roca controla el juego on-line para que son vitales las líneas telefónicas que llegan desde España. La magnitud del tejido empresarial gibraltareño y el hecho de que numerosas investigaciones patrimoniales sobre redes de delincuencia en España acaben topando con el Peñón sitúa a la colonia permanentemente bajo sospecha. España sigue considerándola un paraíso fiscal por el que cada año cientos de millones de euros escapan al control fiscal y se evaden.

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Main Street, la arteria principal y comercial.

Reino Unido ha venido rechazando la propuesta formulada por el Gobierno español de mantener conversaciones bilaterales sobre la soberanía de Gibraltar y ha defendido que, en todo caso, debería haber un diálogo entre España y el Peñón sobre asuntos pesqueros. En un artículo en el 'Wall Street Journal' bajo el título 'Tenemos que hablar de Gibraltar', el entonces ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo, pidió reanudar el diálogo sobre la roca, pero Londres respondió que no está dispuesto a entablar ninguna conversación sobre el asunto. "La soberanía está clara en nuestras mentes".

Lo han vuelto a dejar claro en la negociación del Brexit. Las declaraciones de intenciones, sin el respaldo de un tratado con validez jurídica pueden tener, pese al optimismo del Gobierno, consecuencias irreversibles en el futuro, y las cosas pueden ir a peor, desde el punto de vista del interés español. @mundiario

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