Génova trata de calmar las aguas ante el pulso por las primarias y evita el choque con Ayuso

Alberto Núñez Feijóo en la Junta Directiva Nacional del PP. / Partido Popular
A un mes del congreso nacional del PP, la dirección nacional intenta contener la tensión interna entre las diferentes sensibilidades del partido, con el debate del modelo de primarias y el rumbo ideológico sobre la mesa.

La dirección nacional del Partido Popular, con sede en Génova, atraviesa una etapa de contención estratégica. Tras intensas semanas de confrontación política con el Gobierno de Pedro Sánchez —que culminaron con la manifestación en Madrid y la tensa Conferencia de Presidentes—, el partido que lidera Alberto Núñez Feijóo se ve obligado ahora a gestionar su propio frente interno. La presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso ha reabierto el debate sobre el modelo de primarias de cara al próximo congreso del partido, lo que ha generado recelo dentro de la cúpula sin que se haya producido, por ahora, una confrontación abierta.

El malestar en el PP no es sólo interno. Tras varias movilizaciones y una estrategia de presión constante contra el Ejecutivo, Génova admite que Sánchez tiene la intención de agotar la legislatura hasta 2027. “El presidente probablemente tenga vocación y la voluntad de aguantar hasta 2027, porque es un hombre ajeno a la realidad y bunkerizado. Este es mi análisis sincero”, declaró Borja Sémper, portavoz nacional del PP, en un análisis que reconoce implícitamente los límites de la ofensiva actual. La dirección popular trata ahora de reconducir el clima político, mientras asume que no tiene los apoyos parlamentarios para articular una moción de censura viable contra el jefe del Ejecutivo.

En paralelo, la atención se traslada al interior del partido. El próximo congreso popular, que se celebrará entre el 4 y el 6 de julio, marcará un punto de inflexión en la estrategia del PP. Ayuso, figura clave del ala más conservadora y mediática del partido, ha cuestionado el modelo de elección del presidente a través de compromisarios, y defiende un sistema más participativo: un militante, un voto. Esta postura reaviva una herida no cerrada desde el congreso de 2018, cuando Soraya Sáenz de Santamaría ganó entre la militancia, pero perdió frente a Pablo Casado en la segunda vuelta.

El gesto de Ayuso al abandonar la Conferencia de Presidentes cuando el lehendakari Imanol Pradales tomó la palabra en euskera, así como su reciente encuentro con el presidente argentino Javier Milei en un acto próximo a Vox, han sido vistos con incomodidad por la cúpula de Génova. Sin embargo, la orden interna es no escalar públicamente las discrepancias.

La pugna por el rumbo ideológico del PP

Feijóo, por su parte, se mantiene fiel a su apuesta por la moderación, con el objetivo de ampliar la base electoral del PP hacia el centro político. Apoyado por líderes autonómicos como Juanma Moreno (Andalucía) y Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León), el presidente del partido impulsa una revisión del sistema de primarias en línea con lo que denomina una “democracia representativa”, similar a la lógica parlamentaria. La propuesta se inclina por mantener el modelo de compromisarios, en lugar de unas primarias abiertas, con el argumento de que evita distorsiones y garantiza mayor cohesión interna.

Los ponentes encargados de redactar los nuevos estatutos —entre ellos, María Guardiola (Extremadura) y Fernando López Miras (Murcia)— trabajan en una propuesta que mantendría este modelo, eliminando el voto dual que genera situaciones ambiguas. Está previsto que la ponencia se publique en la segunda mitad de junio, y posteriormente se abra un plazo para que los afiliados presenten enmiendas.

Aunque Ayuso insiste en que el congreso debe ser un espacio de debate plural y democrático, su postura es, por ahora, minoritaria entre los principales líderes del partido. Incluso en el PP de Madrid, su propuesta genera dudas. El alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, se ha declarado “escéptico” respecto al modelo de primarias directas. Cuca Gamarra, secretaria general, recordó que los procesos internos del PP “siempre han estado asentados en la democracia representativa” en sus, en clara alusión al método de compromisarios.

El reto para Feijóo y su equipo es doble. Por un lado, debe evitar que el debate interno derive en una guerra de bloques que debilite al partido ante el electorado. Por otro, necesita ofrecer una respuesta creíble a una base conservadora frustrada por la continuidad del Gobierno de Sánchez, sin que esa respuesta erosione la imagen de moderación que intenta proyectar.

A medida que se acerca el congreso, el PP se adentra en un momento clave de redefinición. Más allá de las cuestiones organizativas, lo que está en juego es la dirección política del principal partido de la oposición: ¿debe el PP radicalizar su discurso para competir con Vox o consolidarse como una alternativa de gobierno centrada y transversal? El pulso entre Génova y Sol apenas comienza, pero su desenlace marcará el rumbo del PP en el nuevo ciclo político. @mundiario