La derecha del interior de la M-30 va a por Feijóo

También la izquierda, pero en su caso es algo normal: defiende así a Pedro Sánchez. El problema de Feijóo está en Vox y en la extrema derecha, no toda en Vox.
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario

Alberto Núñez Feijóo atraviesa un momento políticamente delicado. Atacado desde la izquierda –como era previsible– pero también desde sectores de una derecha madrileña más ideologizada y mediática, su liderazgo se tambalea justo cuando el PP se prepara para relanzar su proyecto con vistas a las próximas elecciones generales. Sin embargo, estas críticas, que le reprochan desde el "fracaso" del 23-J hasta su falta de beligerancia contra Pedro Sánchez, esconden un error de diagnóstico que conviene señalar desde una óptica democrática: si el Partido Popular aspira a ser una opción de gobierno creíble, Feijóo representa, pese a todo, su mejor baza.

Desde la izquierda, resulta comprensible que se centre el foco sobre Feijóo para defender a Pedro Sánchez de una ofensiva política y mediática que no cesa, incluso cuando el propio presidente del Gobierno se ve envuelto en escándalos que demandarían mayor transparencia. Pero la ofensiva más preocupante no viene del adversario natural, sino de una parte de la derecha instalada en una burbuja madrileña que confunde éxito autonómico con proyección nacional, y ruido mediático con consenso político.

La operación para desestabilizar a Feijóo desde dentro del propio ecosistema conservador responde a una lógica cortoplacista y visceral. Desde el interior de la M–30, se le empuja a endurecer su discurso, a presentarse como un émulo de Isabel Díaz Ayuso, creyendo que ese estilo combativo puede trasladarse con éxito al conjunto de España. Pero España no es Madrid. Y Madrid no es el país entero. La mayoría social española sigue ubicada en un espacio de centralidad ideológica y desea soluciones más que bronca, propuestas más que descalificaciones.

Feijóo, guste o no, encarna un perfil moderado que representa la única posibilidad real de una alternancia ordenada en la derecha. Fue en Galicia –territorio en el que gobernó con mayorías absolutas sin necesidad de apoyarse en Vox, que allí no existe– donde demostró que es posible articular una mayoría conservadora sin apelar al extremismo. Esa es, hoy, la verdadera batalla del PP: deshacerse de Vox, no mimetizarse con él.

Una tarea más estratégica y exigente

Resulta paradójico que se reproche a Feijóo no atacar lo suficiente a Sánchez cuando el presidente del Gobierno acumula dos años sin Presupuestos, afronta escándalos que requieren explicaciones urgentes y sostiene su mandato en una frágil alianza con el independentismo catalán. Pero esa labor crítica no le corresponde exclusivamente a él, sino también a su entorno parlamentario, a los segundos niveles del partido. El líder de la oposición tiene otra tarea más estratégica y exigente: construir un proyecto de país, creíble y reconocible, especialmente en dos campos donde Sánchez ha marcado perfil propio con aciertos: la economía y la cuestión catalana.

Lo que no necesita España es un PP que, en lugar de ofrecer alternativas, compita con Vox en radicalidad. Lo que no necesita el sistema democrático es una oposición que actúe con pulsiones destructivas, ya sea mediante mociones de censura sin recorrido o convocatorias de manifestaciones sin objetivo. Tampoco el país gana nada si se impone una visión madrileñocéntrica, alejada de la pluralidad territorial, social y cultural que define a España.

El valor de Feijóo reside precisamente en lo que hoy escasea: sentido institucional, experiencia de gobierno y una voluntad de hablar al país desde el centro, en su caso el centro-derecha. Frente a la polarización, ese sigue siendo un activo político imprescindible. Y si el PP del interior de la M-30 no lo entiende, acabará empujando a Feijóo al vacío y quedándose con una alternativa tan estridente como estéril.

Desde una mirada democrática, conviene no perder de vista esta disyuntiva. La calidad de la política también depende de la calidad de la oposición. Defender a Sánchez, como hacen sus medios afines, no debería implicar aplaudir el hundimiento de un rival que, con todos sus límites, puede contribuir a evitar un escenario todavía más preocupante: el triunfo de una derecha entregada al populismo y al enfrentamiento. @mundiario

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