Génova busca reeditar el pacto de Mazón con Vox para investir a Pérez Llorca sin sobresaltos

La dirección nacional del PP pretende que la investidura del próximo presidente de la Generalitat copie punto por punto el acuerdo anterior para evitar cesiones adicionales a la formación de Abascal.
Juanfran Pérez Llorca, candidato del PP a la Generalitat Valenciana. / @popularescorts
Juanfran Pérez Llorca, candidato del PP a la Generalitat Valenciana. / @popularescorts

El PP quiere cerrar cuanto antes el vacío político generado tras la dimisión de Carlos Mazón como president de la Generalitat. La candidatura de Juanfran Pérez Llorca ya está registrada y la investidura se celebrará en cuestión de días. Pero, en esta ocasión, la batuta la lleva Génova, no el PP valenciano.

La dirección nacional ha impuesto un mensaje claro: la investidura debe replicar exactamente el pacto que permitió investir a Mazón con Vox, sin añadir una sola concesión extra. Ese acuerdo, el más identificado con el ideario de los ultras de Santiago Abascal hasta ahora, marcó un giro ideológico notorio y obligó al PP valenciano a asumir declaraciones públicas alineadas con el discurso de Bambú, como el rechazo al Pacto Verde europeo y la negativa a acoger más menores migrantes.

Ahora, Feijóo quiere que la operación se limite a reproducir ese marco, sin desviaciones. Y para ello, supervisará personalmente el contenido del pacto y el discurso de investidura de Pérez Llorca, consciente de que el margen de maniobra es mínimo: los populares necesitan los 13 votos de Vox para alcanzar la mayoría absoluta.

Aunque las condiciones planteadas por Vox se consideran “asumibles”, el PP mantiene cautelas. La dirección nacional teme que cualquier matiz añadido en la letra pequeña pueda comprometer la estrategia nacional de Feijóo, que busca marcar perfil propio en un endurecimiento de sus posturas para evitar la fuga de votos a la extrema derecha.

El precedente pesa: el pacto de marzo obligó a Mazón a pronunciar literalmente los postulados de Vox en público. Esta vez, Pérez Llorca tendría que hacerlo desde la tribuna de Les Corts, dando así un carácter aún más solemne a ese alineamiento programático. Génova quiere que ese sea el único precio. Nada más. Ni cargos, ni nuevas medidas, ni compromisos ideológicos adicionales. El objetivo es evitar quedar rehén de Vox justo cuando Feijóo endurece el giro a la derecha aprobado en el congreso nacional del partido.

Madrid frena el relevo orgánico

El PP valenciano planeaba aprovechar el calendario para completar ya el relevo de Mazón en la estructura del partido, pero Génova tiró del freno. No habrá cambios internos hasta que Vox vote a favor de Pérez Llorca.

La consigna es simple: primero lo institucional, después lo orgánico. La dirección nacional teme que un movimiento precipitado pueda irritar a Vox y abrir la puerta a un bloqueo inesperado de la investidura.

La idea de que Pérez Llorca es un presidente interino también forma parte de esa ecuación. Génova lo concibe como una figura de transición que evita un adelanto electoral y mantiene la estabilidad interna hasta que llegue el momento de renovar liderazgos. La apuesta para 2027, según las fuentes populares, sigue siendo la alcaldesa de Valencia, María José Catalá.

Pérez Llorca busca perfil propio: ni “Mazón 2.0” ni figura provisional

Pese a los equilibrios de Génova, Pérez Llorca intenta mostrar autonomía. Marca distancias con Mazón —del que ha sido aliado, pero cuya sombra arrastra la gestión de la dana— y evita presentarse como un presidente pasajero. “No conozco a ningún político que no sea interino”, ironizó, dejando abierta la puerta a ser candidato también en 2027.

Esa ambición refuerza el mensaje que quiere proyectar: liderazgo propio, renovación del Consell y reconstrucción de puentes con el Gobierno central tras meses de confrontación. Llorca incluso descarta rubricar un pacto por escrito con Vox, gesto que rompe con la estética política que acompañó a Mazón y que, de momento, no incomoda a la formación de Abascal.

El PP necesita a Vox y Vox sabe que su voto es imprescindible. La geometría parlamentaria deja a los populares sin alternativas: 40 escaños frente a los 50 necesarios. Esa aritmética explica la cautela de Génova, decidida a evitar cualquier cesión que proyecte debilidad o que fuerce a Feijóo a virar aún más su estrategia nacional. @mundiario

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