Feijóo acusa a Abascal de “antisistema” mientras PP y Vox se acercan en Extremadura
La política española vuelve a mostrar una de sus paradojas más recurrentes: el choque frontal en Madrid y el acercamiento pragmático en los territorios. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han protagonizado un duro cruce de acusaciones públicas, con Pedro Sánchez como telón de fondo, al tiempo que sus partidos avanzan en las negociaciones para formar Gobierno en Extremadura. La tensión verbal, cargada de reproches y símbolos, convive así con la necesidad aritmética de entenderse.
Feijóo elevó el tono al acusar al líder de Vox de comportarse como un dirigente “antisistema” y de “no respetar a España”, después de que Abascal criticara su decisión de acudir a La Moncloa para reunirse con el presidente del Gobierno. Para el jefe del PP, aceptar la cita institucional no es un gesto político hacia Sánchez, sino una obligación derivada del respeto a las instituciones del Estado. En esa defensa, Feijóo trazó una línea clara entre la crítica política y la legitimidad institucional, situando a Vox fuera de ese marco.
Las palabras no fueron improvisadas. El líder popular sabe que su imagen de alternativa de gobierno pasa por proyectar solvencia, sentido de Estado y centralidad. Al presentarse como garante del respeto institucional, Feijóo busca diferenciarse tanto de Sánchez como de Abascal, al que retrata como un actor que vive del conflicto permanente y del cuestionamiento del sistema.
Abascal, por su parte, había acusado previamente a Feijóo de incurrir en una “contradicción insoportable” por legitimar con su presencia a un presidente al que Vox considera ilegítimo política y moralmente. El choque no es solo personal, sino estratégico: Vox intenta marcar perfil propio frente al PP y evitar quedar diluido como simple socio subordinado.
Extremadura: la política real se impone al ruido
En Mérida, PP y Vox han iniciado ya contactos formales para negociar la formación del Gobierno autonómico. La presidenta en funciones, María Guardiola, y los representantes de Vox mantuvieron este martes su primera reunión, descrita por fuentes del partido ultra como cordial y con “sintonía”. La urgencia es evidente: la Mesa de la Asamblea se constituye el próximo martes y cualquier acuerdo requiere rapidez y discreción.
Aquí, los discursos maximalistas pierden fuerza frente a los números. Vox pasó del 7% al 16% de los votos en Extremadura y duplicó su representación parlamentaria. Ese crecimiento le otorga capacidad de condicionar el futuro Ejecutivo, aunque también le obliga a decidir si quiere ejercer influencia desde dentro o limitarse a presionar desde fuera.
El dilema del PP: gobernar sin Vox o con Vox
En el Partido Popular se repite una idea: Vox no se desgasta quedándose fuera de los gobiernos. Por eso, en Extremadura se contempla la posibilidad de ofrecer a la formación de Abascal entrar en el Ejecutivo autonómico, rompiendo con el esquema de apoyos externos. La apuesta busca estabilidad, pero también corresponsabilidad.
Feijóo lo dejó claro incluso en medio de su ofensiva verbal contra Abascal: si Vox quiere demostrar que aspira a gobernar, debe facilitar la investidura del PP o formar parte del Gobierno. El mensaje es tan político como moral: no basta con protestar, hay que asumir costes.
Abascal entre el órdago y la rectificación
El líder de Vox lanzó inicialmente un órdago al exigir vicepresidencias, consejerías y la asunción de su programa. Pero esta semana moduló el discurso: entrar en gobiernos autonómicos “no es la cuestión principal”, dijo, sino cambiar políticas y marcar un “cambio de rumbo”. La rectificación revela un cálculo más fino: Vox quiere poder, pero también quiere relato.
El enfrentamiento entre Feijóo y Abascal trasciende la coyuntura extremeña. Es un pulso por el liderazgo del espacio conservador y por el marco simbólico de la política española: instituciones frente a ruptura, gobernabilidad frente a agitación. @mundiario


