Feijóo abre la puerta de los gobiernos a Vox mientras el PP afronta con inquietud su crecimiento

Génova apuesta por empujar al partido de Abascal a compartir responsabilidades de gobierno en las comunidades, con la expectativa de que el desgaste de gestión limite su expansión tras los éxitos de Extremadura, Aragón y, posiblemente, Castilla y León.
María Guardiola, Alberto Núñez Feijóo, Juanma Moreno, Alfonso Fernández Mañueco y el resto de barones del PP. / Partido Popular
María Guardiola, Alberto Núñez Feijóo, Juanma Moreno, Alfonso Fernández Mañueco y el resto de barones del PP. / Partido Popular

Los resultados electorales en Aragón y Extremadura han obligado al Partido Popular a revisar su relación con Vox. Aunque el PP continúa siendo la fuerza dominante dentro del bloque conservador, el crecimiento sostenido del partido de Santiago Abascal ha reducido los márgenes de maniobra de los populares en varias comunidades autónomas. En este contexto, Alberto Núñez Feijóo ha apelado a que la formación de ultraderecha “no puede convertirse en un muro” que impida la formación de gobiernos liderados por los barones populares.

La estrategia emergente en Génova pasa por normalizar la convivencia institucional con Vox allí donde los números lo exijan. El objetivo no es únicamente asegurar mayorías parlamentarias, sino también arrancar a la formación de Abascal desde el terreno de la oposición retórica al de la gestión administrativa, donde las decisiones de gobierno suelen implicar costes políticos inevitables.

Esta lógica responde a una convicción creciente dentro del PP: mientras Vox permanezca fuera de los ejecutivos autonómicos, su discurso de protesta seguirá capitalizando el descontento electoral sin asumir responsabilidades directas.

La prueba, creen en Génova, radica en que tanto la extremeña María Guardiola como el aragonés Jorge Azcón llevaron a cabo campañas diametralmente diferentes, la primera de manera discreta y en clave regional mientras el segundo con mucha presencia mediática y confrontación directa con el Gobierno central, pero de todas maneras no consiguieron dispararse e incluso perdieron escaños, mientras Vox duplicó sus diputados en ambos parlamentos en la misma tónica contra el bipartidismo.

El “desgaste de la gestión” como cálculo político

Varios dirigentes populares han defendido abiertamente que la mejor forma de frenar el ascenso de Vox es obligarlo a gobernar. La tesis se basa en experiencias comparadas dentro y fuera de España, donde partidos emergentes que beben del voto antisistema pierden parte de su atractivo electoral cuando deben afrontar decisiones presupuestarias, compromisos institucionales o conflictos derivados de la gestión cotidiana.

Por ello, en algunas comunidades autónomas el PP contempla ofrecer a Vox consejerías de peso —no únicamente cargos simbólicos— con el objetivo de compartir el coste político de las políticas públicas. Este planteamiento implica aceptar una relación de interdependencia que hace apenas unos años el partido intentaba evitar, pero que hoy muchos dirigentes consideran inevitable ante la nueva correlación de fuerzas en la derecha española.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. Incorporar a Vox a los gobiernos puede normalizar su presencia institucional y consolidar su influencia política, algo que genera dudas entre sectores moderados del PP por el riesgo, a futuro, de verse sobrepasados en la relación.

Inquietud interna por el avance de Vox

El crecimiento electoral de Vox ha generado preocupación en distintas baronías territoriales del Partido Popular. Aunque el bloque de la derecha mantiene una posición competitiva frente al PSOE, la pérdida de escaños en algunos territorios y la incapacidad para capitalizar plenamente el retroceso socialista han alimentado un debate interno sobre la estrategia electoral del partido.

Dirigentes autonómicos advierten de que competir directamente con Vox en el terreno discursivo puede resultar contraproducente, al reforzar la visibilidad de la formación de Abascal sin recuperar votantes ideologizados o distanciados de la marca popular. Otras voces sostienen que el aumento de la polarización política favorece estructuralmente a los partidos de perfil más confrontativo, lo que dificulta contener su expansión mediante campañas tradicionales.

Esta incertidumbre estratégica explica que el PP combine ahora dos mensajes simultáneos: reivindicar su centralidad política como alternativa de gobierno y, al mismo tiempo, asumir que la cooperación con Vox será necesaria en determinados territorios mientras lidera una oposición sin cuartel al presidente Pedro Sánchez.

Castilla y León, el próximo test electoral

Las elecciones en Castilla y León se perfilan como el siguiente termómetro para medir la evolución de la derecha española. El PP aspira a mantener el liderazgo institucional en la comunidad, en manos del más veterano Alfonso Fernández Mañueco, pero observa con cautela el potencial crecimiento de Vox, que ya parte de un suelo electoral elevado en ese territorio, de casi el 18 % de los votos y 13 diputados en las Cortes.

El resultado confirmará si el patrón observado en otros comicios —avance de Vox combinado con resistencia del PP— se consolida como tendencia estructural. Para la dirección popular, la clave será comprobar si la estrategia de cooperación institucional reduce la presión electoral de su socio potencial o, por el contrario, contribuye a reforzar su posición negociadora.

La relación entre PP y Vox evoluciona hacia una lógica de dependencia pragmática. Los populares necesitan el apoyo de la formación de Abascal para garantizar mayorías en varios territorios, mientras que Vox requiere demostrar capacidad de influencia institucional para poner en aprietos al PP. En ese equilibrio, la propuesta de Feijóo de compartir gobiernos autonómicos refleja tanto un cálculo estratégico como el reconocimiento de un nuevo escenario político en el que la competencia dentro del bloque conservador convive con la necesidad de cooperación.

La incógnita principal es si esta estrategia permitirá al PP recuperar iniciativa electoral o si, por el contrario, contribuirá a consolidar un sistema de coaliciones permanentes en la derecha española, con Vox como actor imprescindible en la gobernabilidad autonómica. @mundiario

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