España y Portugal se alían contra Francia para desbloquear las interconexiones tras el apagón

Madrid y Lisboa se alían para exigir a París que deje de frenar una integración energética vital para la seguridad y la transición verde en Europa, y envían una carta a Bruselas para presionar al Elíseo.
Luís Montenegro, primer ministro de Portugal y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa
Luís Montenegro, primer ministro de Portugal y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa

El histórico apagón del 28 de abril, que dejó sin electricidad a millones de ciudadanos en España y Portugal, ha sido más que un incidente técnico: ha desnudado una de las grandes vulnerabilidades del sistema energético europeo. Con una capacidad de interconexión que apenas alcanza el 2,8 % de su potencia instalada —muy por debajo del 10 % fijado por la UE para 2020 y del 15 % proyectado para 2030—, la península ibérica sigue actuando como una isla energética. Un aislamiento al que contribuye, en gran parte, la negativa reiterada de Francia a ampliar los enlaces eléctricos a través de los Pirineos.

Ante esta situación, los Gobiernos de España y Portugal han decidido plantarse. La ministra portuguesa de Energía, Maria da Graça Carvalho, y su homóloga española, Sara Aagesen, ultiman el envío de dos cartas dirigidas al comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, y al ministro francés del ramo, Marc Ferracci, en las que reclaman de forma urgente un refuerzo de las interconexiones eléctricas. La entrega de la misiva a Bruselas se producirá esta misma semana, de manera presencial, en un intento de elevar el nivel de presión política.

El reciente colapso eléctrico ha ofrecido a Lisboa y Madrid una carta ganadora: la seguridad del suministro ya no es solo un debate técnico, sino una cuestión estratégica. Como han reconocido ambas ministras, los técnicos coinciden en que una mejor integración con la red continental habría permitido una recuperación más rápida.

No se trata solo de una cuestión de eficiencia o de facilitar el tránsito de energía renovable —en el que la península es líder—, sino de blindar a 60 millones de europeos frente a futuros fallos sistémicos.

Francia, bajo el foco: ¿interés nacional o bloqueo deliberado?

El dedo acusador apunta sin rodeos a París. Las críticas de Carvalho y Aagesen han sido inusualmente explícitas. La ministra portuguesa ha acusado a Francia de ralentizar las interconexiones por proteger su modelo basado en la energía nuclear, más cara que la eólica o la fotovoltaica de sus vecinos del sur. Según sus palabras, esta actitud representa una barrera al mercado interno europeo, uno de los pilares fundacionales del proyecto comunitario. Aagesen, por su parte, ha reclamado que Francia “sea consciente de que las interconexiones tienen que llegar sí o sí”, subrayando la urgencia del momento.

El razonamiento es tan evidente como incómodo: permitir una mayor entrada de electricidad renovable desde España y Portugal supondría una competencia directa con el sistema nuclear francés. En términos económicos, París no tiene incentivos para acelerar esa apertura. Pero en términos europeos, su bloqueo constituye un freno al desarrollo energético común y una amenaza para la cohesión comunitaria.

Bruselas, en silencio… por ahora

Aunque la Comisión Europea tiene a su disposición mecanismos sancionadores contra Estados miembros que dificulten la integración energética de otros, hasta ahora ha evitado entrar en confrontación directa con Francia. Sin embargo, el apagón ha cambiado el tono del debate. Si bien Bruselas aún no ha abierto un procedimiento de infracción, las presiones desde el sur podrían forzar un giro en los próximos meses.

No se trata solo de España y Portugal. Unos 14 Estados miembros ya superan el umbral del 15 % de interconexión, y otros cinco están en vías de lograrlo. Los ocho rezagados —entre ellos los dos ibéricos— no pueden avanzar si no se desbloquea la cooperación transfronteriza, especialmente con el país que ejerce de tapón técnico y político.

Vizcaya no basta: se necesitan más enlaces por los Pirineos

Aunque hay una ampliación en marcha a través del golfo de Vizcaya, no será suficiente para cubrir los objetivos. Su puesta en funcionamiento, prevista para 2027 o 2028, apenas elevará la interconexión al 5 %. Una cifra aún muy lejos de los compromisos europeos y, lo que es más grave, insuficiente para garantizar la resiliencia del sistema eléctrico peninsular.

En la cumbre hispano-portuguesa de Faro, celebrada en octubre de 2024, ambos países ya reclamaron con firmeza el refuerzo de estos vínculos. Pero ahora, con la experiencia del apagón todavía reciente, la presión adquiere un nuevo cariz: o Europa actúa con rapidez o volverá a tropezar con la misma piedra. @mundiario

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