La España de batea y el milagro de las bicis rodando sobre las aguas

El presidente Mariano Rajoy.
El presidente Mariano Rajoy. Si al Presi le llega a flipar la Fórmula 1, lo mismo la parrilla de salida del GP de Valencia se montaba en metacrilato.

El paro, las preferentes, la indignación, los desahucios, la crisis…Todo se les olvida a los españoles ante un “sarao” que les permita exclamar entre sus amigos: “¡Yo estuve allí!”

La España de batea y el milagro de las bicis rodando sobre las aguas

Tantos siglos abriendo la boca con el célebre y celebrado milagro de un tal Jesús de Nazaret caminando sobre las aguas del Mar de Galilea, y ahora resulta que, aquí, en Galicia, vamos a ver a un montón de tíos, montados en sus respectivas bicicletas, rodando sobre las aguas de la Ría de Arousa.

Por mucho menos, la humanidad ha levantado santuarios y ha proclamado “Tierra Santa” a pedazos del planeta. Si centenares de generaciones lo han flipado en colores imaginándose al hijo de un carpintero practicando senderismo acuático, el personal no lo va a flipar, sino lo siguiente, contemplando en vivo, en directo o por la tele a los primeros ciclistas practicando surf sobre sus bicis.

Las neuronas de los gallegos son inescrutables

Lejos de mí la funesta manía de ser chauvinista, oye. Pero hay cosas, ocurrencias, que sólo pueden surgir de inescrutables neuronas de gallegos. Franco inventó los dichosos “40 años de paz”, ¡manda carallo!, a base de dar ostias, con perdón, firmar sentencias de muerte y lograr que los españoles dejásemos de ver las cosas sólo en blanco o en negro, a ver si me entiendes, y empezásemos a verlas en color gris, corriendo detrás de nosotros, ¡disuélvanse!, con porras y gases lacrimógenos. Fraga descubrió en Palomares una vacuna que nos hacía inmunes a los efectos de la radioactividad en nuestras aguas, asunto que ahora trae de cabeza a los mismísimos cerebritos nipones en sus aguas de Fukushima. Pío Cabanillas, el brujo de Pompeán, instauró la figura del ministro con contrato indefinido, en un país en el que los miembros de los gobiernos caían como moscas, víctimas de contratos temporales. Cela, por ejemplo, enunció en las Cortes Generales su peculiar teoría de la relatividad parlamentaria: “no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo” El problema es que los parlamentarios de ahora, miradles, por un lado están dormidos, pero por otro están jodiendo. Y así, gallego tras gallego, llegamos a Rajoy, genio y figura, que ha cambiado el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, por “el pueblo del Gobierno, por el Gobierno y para el Gobierno”, asunto que por una parte yo qué sé y por otra qué quieres que te diga.

El caso es que a Rafael Louzán, presidente de la Diputación de Pontevedra, se le ha encendido la bombilla, ha aplicado el I+D+i en su cerebro clínicamente fundido y ha lanzado al mercado un producto genuinamente gallego: el ciclismo de batea. Debe ser que le ha entrado la nostalgia del tabaco de ídem, ¿recuerdas?, aquella política alternativa anticrisis que tan buen resultado le daba a los maltrechos bolsillos de los fumadores de antaño. 

Política de batea y democracia de contrabando

El ciclismo de batea que inaugura la Vuelta Ciclista a España, además de una ocurrencia compartida y bienvenida por alcaldes nacionalistas como Lores y socialistas como Abel Caballero, es una alegoría de mis políticos, de mis líderes autonómicos, de mis confederaciones empresariales, de mis sindicatos, de mi pueblo y de mi gente. Es el síntoma mediático-deportivo de la grave enfermedad sociológica que está padeciendo España, con 47 millones, el menda incluido, de traficantes de democracia de contrabando.

Aquí, todos, el Gobierno, los partidos de la oposición, las patronales, las centrales sindicales, el caudillismo autonómico, los independentistas, los banqueros, los indignados, los preferentistas, el PAH, los conservadores, los progresistas, los medios de comunicación, los ciudadanos, con honrosas excepciones que puedan confirmar la regla, somos de batea, no nos engañemos. Todos, por acción u omisión, por impulso o inercia, practicamos el tráfico de contrabando constitucional, ideológico, fiscal, jurídico y democrático.

La primera Vuelta ciclista anfibia

Pero bueno, a lo que íbamos. Que al pelota de Rafael Louzán se le ocurrido la salida acuática de la Vuelta porque a Rajoy le flipa el ciclismo. Si al Presi le llega a flipar la Fórmula 1, lo mismo la parrilla de salida del GP de Valencia se montaba en metacrilato, ¡una pasta gansa!, 60 metros adentro en las aguas de la Malvarrosa. Este país es así. Esta salida de la primera Vuelta anfibia será un éxito de público, lo que yo te diga, entre el que aplaudirán a rabiar, ya verás, parados de larga duración, españolitos al borde de un desahucio, preferentistas en un paréntesis Kit Kat, “escrachistas” disfrutando de un merecido Moscoso y españolitos contradiciendo, por un día, lo que piensan durante todo el año cuando se les acerca un encuestador del CIS. Todo sea por ese prurito genuinamente español de poder decirle a los amigos: ¡yo estuve allí!

Como además los medios de comunicación tienen la disculpa de que es de bien nacidos ser agradecidos, tras el maná de la publicidad institucional, claro, el día después del estreno del “ciclismo de batea” va a ser una fiesta. Pura terapia de grupo para levantar el ánimo nacional, vamos. Si más de cien ciclistas pueden rodar sobre las aguas de la Ría de Arousa sin hundirse, ¿por qué no van a poder caminar 47 millones de españoles sobre las aguas turbias de la crisis sin irse al fondo?

¡Marchando otra de chocolate del loro!

Por unos cientos de miles de euros, ¡marchando más chocolate del loro, tío!, vale la pena el espejismo. Uno más, mientras nos mordemos las uñas esperando que nos concedan el megaespejismo de las olimpiadas de Madrid.

Como dicen siempre los políticos, cuando montan uno de estos saraos que dejan a la Europa acreedora alucinada, la ventaja de estas cosas es que siempre producen retorno económico, je, je.

La única objeción a ese axioma “goebbeliano” es que nunca aclaran en qué cantidad, para quiénes y para cuántos. Pero no importa. España está a punto de exportar al mundo el milagro de los ciclistas rodando sobre las aguas.

La España de batea y el milagro de las bicis rodando sobre las aguas
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