Elecciones gallegas del 25-S, la batalla por el relato dominante

Para que el PPdG no consiga la mayoría absoluta será necesario que las tres fuerzas de la oposición maximicen sus apoyos electorales sin interferencias secundarias entre ellas.

Elecciones en Galicia.
Elecciones en Galicia.

Se sabe, desde hace tiempo, que una parte del éxito o del fracaso de las principales fuerzas que concurren a una confrontación electoral reside en el relato que resulte dominante en los medios de comunicación. Conviene, sin embargo, no hipertrofiar la importancia de este factor. Hay algunos ejemplos históricos que justifican la prevención ante la utilización de lógicas totalmente deterministas: en el año 2005 nadie dudaba de la hegemonía mediática del PP de Fraga y de la apuesta decidida de las más relevantes empresas del sector por la continuidad gubernamental de aquel partido, mas esa circunstancia no fue suficiente para que el viejo dirigente de la derecha española y gallega fuese capaz de renovar su mandato en la presidencia de la Xunta.

¿Ocurrirá algo parecido el próximo 25 deseptiembre? Resulta evidente que el “Estado Mayor” del PPdG conoce bien lo sucedido hace once años y va a aprovechar las ventajas específicas que posee ahora: menor deterioro de la figura de Feijoo respecto de la que padecía Fraga (debido, entre otras cosas, a su desmedida pretensión de no abandonar el poder conseguido en el año 1989) y la mayor fragmentación de las fuerzas opositoras (con la singularidad de una relevante y persistente división interna en el PSdG).

Las primeras semanas de la batalla mediática revelan que los epígonos de Feijoo utilizan toda la munición disponible contra “En Marea” a pesar de que están mostrando evidentes síntomas de obsolescencia argumental. Fracasada su apuesta por una comparecencia separada de Podemos y descartada la fórmula de coalición electoral (que sería presentada, en su caso, como una claudicación ante “los de la Complutense”), pasaron a la fase de la descalificación de Luis Villares. Primero cuestionaron la pertinencia de su paso desde el mundo judicial al territorio de la política (con la habitual hipocresía de estas prédicas: cuando los jueces conservadores transitan de un sitio para otro, de la mano del PP, están haciendo -ellos sí- un ejercicio de dignificación de la política); después le asignaron el papel de marioneta colocada a dedo por los alcaldes de las Mareas y cuando las primarias certificaron el apoyo del 87% de las más de 10.000 personas participantes en la votación salieron con la excusa de que esas no eran unas primarias auténticas porque sólo había un candidato. Eso sí: en vez de reconocer que la elección de las candidaturas provinciales por ese procedimiento y con ese nivel de participación constituía un hecho inédito en la política gallega contemporánea optaron por la ignorancia deliberada. ¿Para qué reparar en esa “insignificante” circunstancia si había que vender el silencio sepulcral que se registra en el PP ante el método digital utilizado por Feijoo en la confección de sus listas como una demostración de la “natural” excelencia democrática que rige en ese partido?

A pocas semanas de las elecciones, Feijoo sigue teniendo “baraka”. La opción suicida adoptada por Abel Caballero introduce un grave impedimento en la dinámica de movilización del electorado socialista y alimenta los viejos y autodestructivos fantasmas cantonalistas que habitan en el PSdG. Para que el PPdG no consiga la mayoría absoluta será necesario que las tres fuerzas de la oposición maximicen sus apoyos electorales sin interferencias secundarias entre ellas. El discurso integrador emitido por Luis Villares parece una estrategia adecuada para evitar la desmovilización del universo humano requerido para construir una alternativa gubernamental y para generar alguna perspectiva ilusionante en ese segmento de votantes del PP que tienen motivos para sentir frustración por el precio que están pagando por una crisis de la que no fueron responsables.

Comentarios