El PSOE puede aprovechar el momento para impulsar un cambio institucional en España

Alfredo Pérez Rubalcaba, ex secretario general del PSOE.
Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE.
Debut de la profesora Pilar Muiños en MUNDIARIO, donde propone que los partidos políticos españoles recuperen la credibilidad y sean, de verdad, instrumentos de cambio para superar la crisis.
El PSOE puede aprovechar el momento para impulsar un cambio institucional en España

 

Según el barómetro del CIS del mes de abril, los partidos políticos son la institución que generan menos confianza entre los encuestados.  En esa misma encuesta, un 22,7% declara que no votaría si mañana hubiera elecciones. Estos datos ponen en evidencia que los partidos políticos son cada vez menos creíbles. Y parece que hay razones suficientes para estar de acuerdo con ese resultado: opacidad, corrupción, prevaricación, transfuguismo,  incumplimiento de programas electorales...

Pero en realidad deberíamos decir que  lo que hace poco creíbles a los partidos políticos son las personas que los dirigen. Los ciudadanos de esta sociedad del conocimiento en la que se transmiten miles de mensajes por segundo y en la que podemos contrastar fácilmente esa información están hartos de  palabras vacías de contenido que  ya no convencen a nadie, porque no van refrendadas con hechos y que por lo tanto son incompatibles con la coherencia y la credibilidad. Están hartos de esa nueva aristocracia que se instala en el poder gracias a sus votos para olvidarse en muchos casos del bien común convirtiéndolo en una herramienta para su propio beneficio.

Parece lógico que el partido que está en el gobierno sufra un desgaste en una época de crisis como ésta en la que las decisiones que se toman afectan sobre todo a la parte mayoritaria de la población: la clase trabajadora. Esa parte que ve cada vez más recortados sus derechos pero multiplicados sus deberes, sobre todo los fiscales.  Esa que sí sabe perfectamente lo que significa el sacrificio y apretarse el cinturón.

¿Pero qué pasa con el principal partido de la oposición? ¿Por qué el PSOE no es capaz de ocupar el espacio político que pierde el PP y que van ocupando otros?  No es de extrañar que la gente mire hacia otros partidos que nunca han estado en el gobierno y que por lo tanto no  tienen  que responder por una gestión equivocada,  y a los  que nadie puede hacerle reproches por los errores cometidos, pero aún así, eso por sí sólo no justifica que muchos que  consideran que el PSOE es el partido que más cerca está de sus ideales políticos, no estén dispuestos a votarlo.

Los ideales políticos que representa el socialismo siguen estando vigentes y siguen siendo totalmente creíbles, es más, en la situación actual, parece que son más necesarios que nunca: la lucha por los derechos laborales, por una cobertura sanitaria universal, por una educación pública de calidad y gratuita, por una justicia asequible para todos, etc.  Entonces ¿ en donde está el error?

Si los partidos políticos deben funcionar como instrumentos de cambio de la sociedad, no pueden ser creíbles si ellos mismos no adoptan esos cambios internamente. Es indispensable por tanto, que evolucionen también al ritmo en que lo hace la sociedad, que se adapten a sus nuevas necesidades, que asuman sus errores pasados para encarar los proyectos futuros con dignidad.  Y es esencial que los partidos políticos y sus representantes sean transparentes en su gestión, que adopten unas formas más abiertas de participación y más en el caso del partido mayoritario de la izquierda. No se puede pedir una democracia más participativa en la calle y no permitir esa misma participación a nivel interno.

Renovación, transparencia y coherencia es lo que esperan los ciudadanos y el Partido Socialista no puede quedarse al margen sin suponer que no va pagar un precio elevado por ello. Por eso es necesario que el PSOE transmita esos mismos valores en su forma de organizarse, y eso  sólo se puede conseguir “democratizando” más el partido, permitiéndoles  a los militantes elegir de forma directa a sus representantes mediante primarias y el sistema de “un militante, un voto” mediante  listas abiertas, y estableciendo una limitación de mandatos y de cargos, para que nadie pueda hacer de un puesto en una institución un puesto vitalicio para interés propio. Un partido en el que todos sus dirigentes acepten y cumplan un código ético en el que primen los  valores de la honestidad, la ejemplaridad, la austeridad y la capacidad de servicio.

El PSOE debe aprovechar este momento para impulsar un cambio institucional en su propia organización que le haga recuperar su espacio  perdido. Porque no sólo el mensaje debe ser creíble, sino también quién y cómo se transmite ese mensaje.

La sociedad necesita más que nunca la política para no ceder sin más ante los poderes económicos, y para no dar marcha atrás, para no perder todo lo que hemos conseguido hasta ahora. Pero es cierto que no sólo necesitamos más política, sino que necesitamos una política mejor. El PSOE debe ser el primero en dar un paso adelante y hacer esos cambios innovadores que lo conviertan en un partido más democrático, más transparente, sometido al control público. Sólo así podrá seguir siendo un instrumento de cambio de la sociedad y que los ciudadanos lo vean como tal.

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