La debilidad de las grandes potencias

Los talibanes al tomar el control del palacio presidencial de Afganistán. Twitter
Los talibanes al tomar el control del palacio presidencial de Afganistán. / Twitter

La crisis de Afganistán, con la desbandada de los ejércitos más poderosos del mundo, junto con otros acontecimientos que han sucedido estos últimos años, muestran de forma cruda la gran debilidad de los países más desarrollados.

La debilidad de las grandes potencias

El gran potencial de fabricación de las mejores armas para sus ejércitos; la mejor formación, alimentación y entrenamiento de sus hombres; gran desarrollo en inteligencia natural y artificial para interpretar los acontecimientos y predecir acciones; gran capacidad de movilidad con los más modernos medios de transporte y comunicación terrestre o marítima; los mejores aviones de combate con los mejores pilotos dirigiéndolos tanto desde dentro del aparato como desde fuera. Así podríamos seguir con otros sectores de la economía o la ciencia.

Pues bien, con todo eso, las grandes potencias occidentales, especialmente Estados Unidos, la OTAN y Europa, son incapaces de llevar a cabo una operación de repliegue y rescate de sus hombres con tiempo suficiente, con previsión y con anticipación a los acontecimientos. Están mostrando al mundo la incapacidad de los más fuertes ante un ejército totalmente irregular y poco armado, pero con una decisión inquebrantable de lograr sus objetivos. La impresión que producen es que escapan como pueden, a última hora, con grandes dificultades y forzados incluso a negociar con quien los tiene rodeados. La manifestación de debilidad no puede ser mayor.

Pero la vergonzosa realidad de Afganistán no es la única que provoca esta reflexión. Con todos esos grandes avances, tecnología, ciencia, universidades, clínicas, un simple virus ha demostrado también la debilidad de las grandes potencias del mundo desarrollado. Nos ha provocado una crisis económica y social sin precedentes cuando ya creíamos que controlábamos todas las realidades. Un virus, un ser microscópico, ha puesto patas arriba todas nuestras convicciones de desarrollo, de conocimiento, de seguridad, de inmunización, y nos ha mostrado la real impotencia de las grandes potencias.

Este mismo desarrollo de medios de transporte, de formación de profesionales, de gran cantidad de expertos, sirve de poco a las potencias mundiales cuando se trata de grandes incendios, donde se vuelve a poner de manifiesto la debilidad del mundo desarrollado. Recordemos los últimos incendios de Grecia y Turquía, donde nuestra ciencia y nuestra capacidad de gestionar medios antiincendios no han podido cortar su poder devastador. Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde son incapaces de frenar sus incendios, siempre inmensos, siempre destructores de cientos de viviendas y de vidas. El país más desarrollado y potente del mundo también muestra su gran debilidad ante las llamas, año tras año.

La gran potencia alemana se ha visto incapaz en las recientes inundaciones por fuertes lluvias, que devastaron tierras, casas y personas, sin que su inmensa fuerza productora de recursos, de hacer previsiones sobre el clima, de movilizar medios y comunicaciones, de anticipación, haya sabido prever, planificar y evitar que las lluvias provocaran tanta catástrofe.

Y lo mismo podemos decir que China, Rusia, India o Japón con sus catástrofes naturales, sus derrotas militares o sus pandemias, siempre espectaculares, dramáticas y devastadoras. De algunos de estos países trascienden los datos con exactitud, de otros nunca acabaremos de enterarnos bien.

Evidentemente, no son las mismas realidades, ni las mismas circunstancias las que estamos exponiendo aquí, pero si hay una misma realidad: la debilidad e incapacidad de las grandes potencias para ser eficaces en sus actuaciones. @mundiario

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