Me crucificaron y resucité. Y veo que sigue haciendo falta la Religión

el infierno de el bosco
El castigo que merece el articulista, según El Bosco y algunos lectores.

El autor, aunque desbordado por las reacciones ante su último artículo sobre una asignatura de Religión, insiste y no enmienda. Total, de crucificados, al río, quiero decir, al Gólgota…

Me crucificaron y resucité. Y veo que sigue haciendo falta la Religión

No es que se haya liado parda, pero se han levantado unas cuantas ampollas por demandar en mi último artículo que haya una asignatura de Religión (así, con mayúsculas) en los colegios. A los que lo hayan entendido, nada tengo que decirles. Los demás pueden tener la seguridad de que me ha encantado sacarlos de su zona de confort ideológico. ¿O piensan que se construye semejante titular -"Crucifíquenme, pero hace falta Religión en los colegios como respirar"- para que ustedes me den una palmadita en la espalda? ¡Eeeeeeerror! ¿Supone eso que fue construido con muy mala baba? ¡Aaaaaacierto!

Algunos de mis conocidos, medio escandalizados y con una sonrisa temblona, me guiñaban el ojo y me llamaban provocador. Para tranquilizarse, como si se tomaran una tila. Cómo estaremos de anquilosados –cada uno en lo suyo–, que poner a la parroquia a pensar se toma como provocación. Me dio por imaginar que estos amigos habían leído mi artículo sentados en una mesa camilla con chocolate y picatostes, amenizados por los trinos de un jilguero enjaulado. ¿Pero en qué siglo estamos? ¿Hemos vuelto a Vetusta para entender que una opinión divergente no se suelta más que por ansia de escándalo? Apañaos vamos.

¿Y si resulta que somos una sociedad muchísimo más pequeño-burguesa de lo que nos gustaría reconocer? Me temo que estamos rodeados por una infinidad de máquinas inteligentes, pero, ideológicamente, aún hacemos cuentas con los dedos o con la tiza en el mostrador, como un tabernero de posguerra.

Creo –como profesión de fe, no como probabilidad– que la función del articulista no es reforzar prejuicios. Eso da muchos lectores, pero muy pocas perspectivas. El articulista debe tirar piedras a la charca estancada de las opiniones unánimemente aceptadas. Ha de crear ondas en la superficie y remolinos en el fondo. Es verdad que, al final, el agua volverá a ser un espejo y el fango se posará, pero la charca no será la misma: tendrá una piedra nueva.

A ver. Estoy más cerca del Bertrand Russell de ¿Por qué no soy cristiano? que del Chesterton de ¿Por qué soy católico? (aunque de joven me resultaran muy entretenidas las aventuras del Padre Brown, todo hay que decirlo). Así que no se alarmen, no se les ha colado en Mundiario otro Fray Gerundio de Campazas con su repertorio de sermones. Pero también es verdad que me resulta de lo más inspirador Robert Graves, un poeta que hablaba de Religión (así, con mayúsculas) cuando escribió Los mitos griegos, La diosa blanca o Los mitos hebreos. Pero claro, quién quiere poesía, aunque sea escrita en prosa, si aquí, con tal de no leer, aún mantenemos una próspera industria de dobladores de cine.

Indignación a diestra y siniestra

He de reconocer que entre los indignados por mi anterior artículo ha habido la misma unanimidad que cuando se critica la telebasura o se clama por la unidad de España: derecha e izquierda se han puesto de acuerdo. Eso me alivia.

Los de derechas iban entusiasmados con el artículo de marras hasta que se encontraban con mis críticas al integrista ministro de Interior. Qué le vamos a hacer, no soy un señor de orden.

Y los de izquierdas ha confundido Religión (así, con mayúsculas) con nacional-catolicismo. ¿Qué se podía esperar? Tampoco soy un señor de su orden. Me temo que hace muchos años que la progresía de este país se convirtió en un perro obsesionado con morderse la cola. Una triste realidad para quienes creemos que, de ser un perro, la izquierda debería ser un sabueso que olfateara la realidad y no un chucho que se huele el culo.

También me han echado en cara que todas las guerras han sido provocadas por las religiones (así, en minúscula). Y me lo cuentan justamente este año, cuando recordamos que hace un siglo se declaró una guerra mundial que surgió de los nacionalismos europeos y de la sagacidad norteamericana para entender que podía sustituir a los viejos imperios. Veintiún años después, la Segunda Guerra Mundial explotó por el resentimiento nacionalista de un país humillado. En lo tocante a la guerra, yo prefiero a Tácito: "El oro y las riquezas son sus causas principales".

Hasta un partido político se ha metido en la gresca. No le voy a servir de propagandista citando sus siglas, pero me voy a poner las botas a su costa. Porque aquí procede el refranero: "Aparta que me tiznas, le dijo la sartén al cazo". ¿Acaso han visto ustedes en su vida algo más clerical que un partido? Yo no. Más que instituciones civiles de servicio público, se han convertido en congregaciones de fundamentalistas del Poder, animados por la idea de una vida eterna en sus cargos. Tienen sus concilios, sus cismas y sus herejes. Sus mesías, sus apóstoles y sus conversos. Sus judas, sus pilatos y sus caines. Todos podemos nombrar, al menos, uno de sus borgias, doctores en puñaladas traperas y en zancadillas palaciegas, y alguno de sus torquemadas, que dan sentido a su vocación levantando hogueras mediáticas.

Los partidos viven de diezmos, de venta de bulas y de limosnas, que ya no sacan de buhonear y de mendigar por las calles y campos, sino de intrigar en despachos concejiles, restaurantes con estrella y casas de reláx. ¿No son sus mítines y congresos misas de rituales huecos a las que solo asisten los creyentes? ¿Y no sufren los partidos la misma crisis de vocaciones que la Iglesia? Pero, por favor, si son cien y dan vueltas. No hay una sola sotana nueva, ni en Roma, ni en Génova, ni en Ferraz, ni en donde ustedes quieran echar un ojo. ¿Van estos practicantes del voto de obediencia ciega, de la castidad intelectual y de la caridad consigo mismos a ponerme a mí las peras a cuarto? ¡Ja!

¡Por Tutatis, poesía y trascendencia!

A ver si nos vamos enterando. La Religión (así, en mayúsculas) es consustancial a la Humanidad porque representa su ideal de trascendencia, al que, como seres que piensan, imaginan y proyectan con ánimo finalista, no podemos sustraernos. Además, la Religión nos conecta con un astrólogo caldeo, con una sacerdotisa ramera de Astarté, con un druida de Mona y con un recortador de toros de Cnossos, y no solo con papas y ulemas. Eso es lo que dije y es lo que mantengo. E insisto en que las mentes tiernas de nuestros escolares necesitan, como respirar, lo que aquellos hombres y mujeres tengan que contarles a través de los milenios, se crea o no en Dios o en Alá. La religión no se remonta a dos mil años atrás en el Gólgota. Ya estaba en los cromañones que pintaban animales propiciatorios en sus cuevas. Y no me vengan con que eso es Historia, porque a la Historia la hemos vuelto Ciencia y le hemos quitado la Poesía, elemento inseparable de la Religión, de la Imaginación y de la Creación.

Quemen sus prejuicios en una hoguera, que será la única que merezca la pena encender. Por leer unas páginas de la Biblia no van a dejar de ser materialistas históricos, pierdan cuidado (salvo que teman salir del armario ideológico). Del mismo modo que, por abrir el Quijote, no van a tuitear con pluma y candil ni a escribir los tuits en castellano renacentista. Son tiempos de incertidumbre y lo que pasa es que tenemos un miedo muy grande a que nos saquen de nuestras pobres certezas. Pues, por Tutatis, sean valientes como galos embriagados de poción mágica y conquisten ideas distintas a las que lastran sus alas. De eso iba mi artículo…

Me crucificaron y resucité. Y veo que sigue haciendo falta la Religión
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