El Congreso aprueba volver al diálogo sobre la independencia de Cataluña

El diputado Gonzalo Caballero en el Congreso español. / Mundiario
El diputado Gonzalo Caballero en el Congreso español. / Mundiario
Esa negociación posee una amplia legitimidad. Toda la izquierda y los nacionalismos vasco, gallego y valenciano la apoyan. El Gobierno dice que no habrá condiciones previas.
El Congreso aprueba volver al diálogo sobre la independencia de Cataluña

Negociar con los independentistas. Ese es el escenario más probable para después de las elecciones parlamentarias catalanas del 14 de febrero. Una nueva legislatura podría ser el bálsamo político que la Generalitat buscaba para tener un respaldo jurídico mucho más sólido frente a los intentos del Gobierno central por impedir la secesión; ese punto de quiebre que los catalanes bregan desde hace más de tres años con el proyecto separatista fallido de Carles Puigdemont.

Es así donde entra en la ecuación el peso institucional del Estado, que a su vez busca evitar un desmembramiento de la nación por determinaciones de autonomía que considera excedidas, en referencia a los catalanes. El Congreso de los Diputados abrió la puerta a una negociación política formal y sin condiciones previas con el independentismo catalán. Esto implica que no habrá concesiones ni facultades especiales para que los catalanes exijan sus cuotas de poder soberano. Madrid no tomará ese riesgo.

Esa negociación cuenta con una amplia base de legitimidad. Toda la izquierda y los nacionalismos vasco, gallego y valenciano la apoyan. De esta forma se sientan las bases para una nueva era en las relaciones políticas, económicas y sociales entre esas regiones el Gobierno central, sobre todo en una década que avizora muchos cambios importantes en la vida nacional de España, primero por la pandemia y luego por la crisis multidimensional derivada de ella. Además de la gran impulsora y promotora de la iniciativa de diálogo, ERC, con el respaldo del PDeCAT, el partido de Artur Mas. 

Sin embargo, esas toldas conforman el eje más radical del nacionalismo catalán, lo cual tratará de ser contenido por el Congreso para que el diálogo no se torne en una negociación tensa. Entre todos sumaron 187 votos, el 53% de la Cámara. Así, se logró el capital político necesario para dar luz verde a una nueva mesa de conservaciones que determinará el futuro de la pretendida independencia de Cataluña.  


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Del otro lado de la balanza, esta equilibrada correlación de fuerzas aparentemente unipolar podría ser alterada, pues la centroderecha rechaza el diálogo, y con algunas incorporaciones puntuales de los regionalistas, 155 votos en total, el 43% ha ocupado un rotundo ‘no’ a la continuidad de las negociaciones. Claramente, sin éxito. El independentismo duro, Junts y la CUP, tampoco apoya la iniciativa por considerarla “una mera operación propagandística”. Ambos se abstuvieron, pero  aún así la negociación seguirá adelante con la posible influencia del resultado de las elecciones catalanas del 14-F, pues su ganador será clave en el diseño de las concesiones que exigirá la Generalitat a largo plazo. 

Por lo pronto, Cataluña seguirá siendo una comunidad autónoma de España con relativa inestabilidad política si ese diálogo no es usado, tanto por el Gobierno como por los líderes independentistas, para evitar que el radicalismo nacionalista catalán desencadene un efecto dominó en otras regiones del país, pues un escenario de esa naturaleza sería totalmente producente en medio de una pandemia y de una recesión económica con final lejano. @mundiario

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