Carta abierta a un militante o simpatizante del PSOE de Sánchez

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A veces se olvida el pensamiento de Pablo Iglesias, aunque se invoque.

Históricamente, uno de los principios del PSOE era el debate interno, la participación en la toma de decisiones transcedentes, el papel de la militancia en la marcha del partido y el respeto orgánico y funcional a las corrientes o posiciones admisibles dentro del mismo.

Carta abierta a un militante o simpatizante del PSOE de Sánchez

Me dirijo a usted sin otra esperanza que rogarle que examine los actos actuales del secretario general de su partido con relación a lo que, supongo, constituyen la base sobre la que se asientan los principios ideológicos y morales del PSOE en el que milita o al que tiene simpatía. No tengo otra autoridad para importunarle que mi propia perspectiva de un veterano socialista que lo era en los años tempranos en que el PSOE no apareciera todavía en la región (Galicia) donde vivo. Desde muy joven me ilustré con la lectura de las obras de los hombres que construyeron el pensamiento del PSOE y su ejemplo, y derivé hacia la socialdemocracia de la que a veces presumen algunos dirigentes de su partido. Tuve la suerte de conocer y tratar a los personajes más relevantes del PSOE del siglo veinte, leer sus libros, y conocer a fondo qué clase de partido querían construir. Y sobre todo admirar su ejemplo. Quizá le suenen sus nombres: Gregorio Peces Barba, Pablo Castellanos, Ignacio Sotelo, Modesto Seara, Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente y otros. Además, obviamente de los socialistas de la II República todos.

Históricamente, uno de los principios del PSOE era el debate interno, la participación en la toma de decisiones transcedentes, el papel de la militancia en la marcha del partido y el respeto orgánico y funcional a las corrientes o posiciones admisibles dentro del mismo. Basta con revisar sus congresos para entender lo que le digo y cómo se resolvieron cuestiones espinosas como fue en su día el abandono de marxismo y otras. Una de esas evidencias de libre concurrencia, es la propia existencia de Izquierda Socialista, que remarca algunas esencias olvidadas por el PSOE oficial, como el republicanismo.

Una de las bases del socialismo español fue el sentido universal y unitario del mismo, de modo que a nadie se le ocurriría hacerle el juego a la burguesía independentista a la que en su tiempo se enfrentó Indalecio Prieto, en el caso vasco, pero que se proyecta sobre el resto de los movimientos burgueses separatistas, como el catalán y otros. Un socialista no puede entender que la vecindad civil determine que los ciudadanos todo del estado sean diferentes en derechos políticos, según donde vivan y menos que eso suponga “hechos diferenciales”. Para otros puede, pero para un socialista, no. Porque sólo falta que ese hecho diferencial, como algunos quisieran, se base en consideraciones de carácter étnico o tribal.

No voy a asistir ahora, y sigo sin moverme del espacio moral, a las curiosas actitudes del actual secretario general de su partido, quien, pese a que presume que siempre cumple lo que dice, no se siente concernido por sus propias palabras; de suerte que de un día para otro un personaje cuya proximidad le perturbaría el sueño, de quien ha dicho que es un mentiroso, cuya doctrina lleva a la pobreza y a Venezuela, se convierte en su mejor consocio de Gobierno, o que fundamenta su retorno a la Moncloa en negociar, a costa de irreversibles concesiones, con aquellos con los que dijo que nunca lo haría, sea Bildu-ETA o ERC.

Es cierto que el programa de Gobierno del doctor Sánchez incluye una serie de medidas urgentes, necesarias, positivas y esperadas. Pero todo eso que es bueno en sí mismo, queda embargado por la propia inestabilidad de un gobierno que nace cautivo de quienes ayer no le merecían confianza, sino turbación.

Pero sobre todo esto, hay algo más grave: el actual secretario general de su partido ha hecho cesiones de tal calibre para el apoyo de los independentistas, que sus repercusiones se proyectan sobre la vida y el futuro del conjunto de los españoles, y ni tan siquiera, asunto de tal gravedad, les ha sido consultado a las bases de su partido, que se han visto tan sorprendidas como el resto de los ciudadanos por el modo de plegarse al nacionalismo y las repercusiones de estas decisiones.

Ay no, como sería lógico dado el alcance del asunto, por el comité federal, máxima estancia permanente entre congresos, donde se supone que están representadas las diversas sensibilidades del partido.

Y lo que de modo apresurado se va a refrendar, sin que el partido en su conjunto lo vote es nada menos que “afrontar las reformas necesarias para adecuar la estructura del Estado al reconocimiento de las identidades territoriales”. Además, nos hemos enterado de que la mesa de diálogo entre Gobierno y Generalitat, o sea, entre iguales, pactada con ERC, incluye una consulta ciudadana sobre las futuras conclusiones. O sea, un referéndum, sin validad jurídica, pero sí de facto, porque es poner en manos de los independentistas un arma contra el Estado y que, en todo caso, a población de Cataluña decida sobre el futuro de España por si solos al margen de los demás. Nada de esto se ha discutido previamente en el partido. De hecho, la organización se ha ido enterando de estos pormenores por la prensa.

No quiero fatigarle más, si me ha hecho la cortesía de llegar hasta aquí.

Después de todo esto, termino con una pregunta: Todo esto. ¿a usted no le da vergüenza? @mundiario

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