La brutalidad policial en Estados Unidos llega al interior de las aulas

Después de las muertes de ciudadanos negros en EE UU a manos de la policía que consternaron el país y provocaron todo tipo de protestas, conocíamos otro caso de brutalidad policial, esta vez, en las aulas de un instituto.

Un grupo de manifestantes protesta contra la actuación policial en Ferguson / Q13
Un grupo de manifestantes protesta contra la actuación policial en Ferguson. / Q13

Después de las muertes de ciudadanos negros en Estados Unidos a manos de la policía que consternaron el país y provocaron todo tipo de protestas, ayer conocíamos otro nuevo caso de brutalidad policial, esta vez, en las aulas de un instituto. Si para el mundo europeo es ya sorprendente que haya agentes a disposición de los centros educativos para controlar a los alumnos o, como fue el caso, expulsarlos del aula, mucho más que el oficial en cuestión empleé la fuerza bruta para reducir a una joven.

Con el vídeo grabado por un compañero y difundido por las redes y medios de comunicación no sabemos qué ocurrió previamente o cuál fue el comportamiento de la joven, pero sí la actuación de un hombre adulto y armado frente a una adolescente. Así como la reacción de sus compañeros. Sorprendidos, alterados y muchos de ellos asustados. No es lo que deben aprender los jóvenes en las aulas. La violencia genera violencia.

Es cierto que el policía fue retirado de su puesto, como sucedió ya en casos similares anteriores, pero solo porque existe un vídeo que demuestra que se extralimitó en su actuación. ¿Cuántos casos como estos habrá que no queden registrados en móvil?

Pero vayamos más allá. Preguntémonos por qué un agente actúa de esta forma ante los jóvenes. ¿Es solo racismo? Estoy convencida de que el grado de violencia que se registra en la sociedad estadounidense tiene parte de culpa. Observemos estos vídeos con la mayor frialdad posible. En todos ellos hay características comunes, los agentes se alteran, cuando son ellos los que deberían mantener la sangre fría y no atender a provocaciones (aunque hablamos de ejemplos en que ni las hay). El vocabulario. Tienen una forma de hablar agresiva, el modo en el que los agentes se dirigen a los ciudadanos es el de la calle, no guardan las formas y no se cansan de decir tacos. Pretenden infundir el miedo a un ser más fuerte, no el  respeto a una autoridad.

Y por último, las armas. En un país en que el número de pistolas en los hogares es tan alto (los últimos datos hablan de más de 88 armas por cada 100 habitantes) es lógico que la forma de actuar de los agentes también sea más agresiva. No olvidemos que un revólver mata a distancia, una porra no serviría para defenderse.

Pero hay algo más. El racismo sin lugar a dudas está ahí. La chica de la piscina no podía ocultar un arma en su biquini. La chica que se negaba a abandonar el aula, no atacó al policía. Y Sandra Bland no debería haber sido detenida por no señalizar un cambio de carril (apareció muerta tres días después en su celda). Desde luego, hay que revisar los protocolos de actuación. No hablamos de que los agentes no reaccionen bien ante un hecho violento, es que son ellos los que parten de una actitud agresiva. Prueba de ello son las declaraciones de los superiores ante estos casos. El jefe de la Asociación de Policías de Patrulla de Cleveland, por ejemplo, defendió la actuación de los agentes que mataron a un niño de 12 años que jugada con una pistola de juguete. "Debemos suponer que toda arma es auténtica", se limitó a decir.

¿Y cual ha sido la solución hasta ahora? ¿Han asumido las comisarias su parte de culpa o puesto medidas para que estos sucesos no se repitan? No, se ha iniciado una campaña contra las películas de Tarantino. ¿Por qué generan violencia? Podría, pero no, porque el director participó en la marcha contra la brutalidad policial de Nueva York. Todo solucionado.

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