El balance de Pedro Sánchez: continuidad en el Gobierno y tensión al alza con Sumar
La comparecencia de balance anual de Pedro Sánchez no ha servido para cerrar filas en el seno del Gobierno de coalición. Al contrario, ha profundizado la fractura entre el PSOE y Sumar, que reclama desde hace días una “remodelación profunda” del Ejecutivo como salida política a la crisis que atraviesa el socio mayoritario. Una exigencia que el presidente del Gobierno ha vuelto a descartar, reforzando un clima de desconfianza y malestar en el espacio que lidera Yolanda Díaz.
Aunque en público el ministro de Cultura y portavoz de Movimiento Sumar, Ernest Urtasun, ha mantenido un tono contenido, en privado el descontento es patente. Dirigentes del grupo trasladan “decepción” por la actitud del presidente y consideran que sus explicaciones han sido insuficientes. El propio Urtasun lo verbalizó con claridad al advertir de que “el inmovilismo no es una opción” y de que la falta de reacción puede convertirse en “el principal aliado de PP y Vox para llegar al Gobierno”.
Pese a la tensión, Sumar defiende que sigue, por ahora, comprometido con la continuidad del Ejecutivo. Sin embargo, el mensaje de Sánchez, reiterado tanto en su comparecencia como en los corrillos posteriores durante la copa de Navidad en La Moncloa —a la que Sumar no asistió—, ha ido en sentido opuesto: no habrá giros bruscos, la legislatura continúa y la intención del presidente es agotarla. “Estoy en un gran momento de forma”, llegó a afirmar, trasladando una imagen de fortaleza política pese al contexto adverso.
Dos estrategias enfrentadas dentro de la coalición
El choque no es solo de formas, sino de diagnóstico. Mientras en el PSOE interpretan las demandas de Sumar como un intento de desmarcarse del desgaste provocado por los casos de corrupción y las denuncias de acoso que afectan a altos cargos socialistas, en el espacio de Díaz sostienen que la crisis ya ha trascendido al partido y pone en riesgo la estabilidad del Gobierno.
Urtasun ha insistido en que el presidente no ha respondido a la pregunta clave: qué propone el PSOE para salir de la crisis. “Hacer un balance en positivo de los últimos meses no responde a qué va a hacer ahora”, subrayó. En la misma línea, Izquierda Unida ha elevado el tono. Su coordinador federal, Antonio Maíllo, ha reprochado la falta de “contundencia y rapidez” del PSOE ante las denuncias internas y ha reclamado la activación de la comisión de seguimiento del pacto de coalición, un mecanismo reservado para los momentos más delicados de la legislatura.
A este clima se han sumado nuevas fricciones en el plano social. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ha vuelto a reclamar la prórroga de los contratos de alquiler que vencen en los próximos meses, alertando de subidas de hasta el 40% para miles de inquilinos, una demanda que refuerza la presión interna sobre el presidente.
Continuidad frente a cambio
Sánchez, por su parte, ha insistido en una hoja de ruta de continuidad. Ha confirmado el relevo de Pilar Alegría como portavoz —que será sustituida por otra mujer— y ha situado en 2026 los grandes hitos de la legislatura, con la amnistía y los fondos europeos como ejes centrales. También ha dejado abierta una “ventana de oportunidad” para recomponer la relación con Junts si se cumplen los acuerdos pendientes, en un año en el que podría producirse el regreso de Carles Puigdemont si el Tribunal Constitucional le concede el amparo solicitado.
El líder socialista ha abierto además otros frentes, como la negociación con la Conferencia Episcopal por los abusos sexuales en centros educativos religiosos, en un intento de proyectar iniciativa política. Pero el mensaje de fondo ha sido claro: no habrá una remodelación profunda del Gobierno.
Un equilibrio cada vez más frágil
En Sumar confían en que aún exista margen para que Sánchez rectifique, aunque admiten que la situación es inestable y que el parón navideño no servirá esta vez para rebajar la tensión. Las voces de la formación reconocen también que su posición no es sencilla: no quieren facilitar una alternancia con PP y Vox, pero su capacidad de influencia es limitada si el presidente no se mueve.
La crisis ha entrado así en una fase decisiva. La negativa del jefe del Ejecutivo a introducir cambios de calado ha reforzado la sensación de bloqueo en el socio minoritario, que reclama algo más que agenda social para sostener la coalición. El desenlace dependerá de si el PSOE opta por resistir o por asumir que el equilibrio interno del Gobierno ya no es el mismo que hace unos meses. @mundiario

