Del aval bélico al ‘no’ estratégico: así se mueve Feijóo frente a Irán

El líder del PP ajusta su discurso tras 18 días de conflicto y se suma al rechazo social, pero sin romper del todo con su narrativa inicial.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP. / Congreso.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP. / Congreso.

El giro no fue brusco, pero sí inevitable. Dieciocho días después del inicio de los ataques a Irán, Alberto Núñez Feijóo ha terminado por asumir un mensaje que hace apenas semanas habría sonado contradictorio en su propia boca: el “no a la guerra”. Lo ha hecho a su manera, envuelto en matices, en reproches al Gobierno y en una estrategia que busca no parecer una rectificación, aunque lo sea en esencia.

En política, el tiempo no solo mide los acontecimientos, también revela las resistencias. Feijóo llegó a este conflicto con una retórica que priorizaba la caída del tirano sobre las normas internacionales, una apelación clásica a los derechos humanos como justificación de la intervención. Sin embargo, la realidad —un conflicto estancado, sin victorias claras y con un rechazo social creciente— ha ido erosionando ese posicionamiento inicial hasta hacerlo políticamente insostenible.

El Congreso fue el escenario donde ese desplazamiento terminó de materializarse. De acuerdo con EL PAÍS, no hubo una declaración solemne ni una autocrítica explícita. Hubo algo más habitual en el líder popular: una frase medida, pensada para contentar a muchos sin alinearse del todo con nadie. “La mayoría de los españoles no queremos la guerra”, dijo, antes de añadir un dardo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El mensaje estaba claro: rechazo al conflicto, pero sin concederle a Pedro Sánchez ni un milímetro de ventaja política.

Lo significativo no es solo el cambio de postura, sino cómo se ha producido. Feijóo no lidera un movimiento pacifista dentro de su partido; más bien gestiona una adaptación. La misma que han replicado figuras clave del PP como Ester Muñoz o Cuca Gamarra, quienes han ido afinando el discurso hasta hacerlo compatible con el clima social dominante.

Un ‘no a la guerra’ con condiciones

El “no” de Feijóo no es absoluto. Está lleno de matices, de advertencias y de un intento constante de diferenciarse del Gobierno. No es el “no a la guerra” que en su día movilizó a la izquierda en las calles, sino una versión más estratégica: un rechazo que convive con la crítica a la gestión de Sánchez y con la defensa de otras medidas, como la bajada de impuestos frente a la crisis derivada del conflicto.

Esta ambigüedad calculada responde a una tensión interna. Por un lado, el PP no puede ignorar el rechazo mayoritario de la sociedad española a la guerra. Por otro, tampoco quiere aparecer alineado con el Ejecutivo ni renunciar del todo a su discurso previo, más duro frente al régimen iraní. El resultado es una posición intermedia que, lejos de resolver el dilema, lo expone.

El peso de la opinión pública

Si algo explica el viraje es la presión de la opinión pública. Las encuestas han sido claras: la guerra no tiene respaldo social. Y en política, pocas fuerzas son tan determinantes como esa. Feijóo ha leído ese contexto y ha optado por moverse, aunque sin admitirlo abiertamente.

El problema de estos giros es que rara vez convencen por completo. Para sus críticos, llega tarde y de forma oportunista. Para los sectores más duros, su nueva posición puede interpretarse como una renuncia. En ese equilibrio incómodo se mueve ahora el líder popular.

Una estrategia de desgaste

Más allá del fondo, el movimiento encaja en una estrategia mayor: convertir cualquier escenario en una oportunidad para desgastar al Gobierno. El “no a la guerra” del PP no es solo una posición sobre política internacional, sino una herramienta más en la confrontación interna.

Feijóo no busca liderar un consenso nacional sobre el conflicto, sino utilizarlo como palanca política. De ahí que cada declaración vaya acompañada de críticas al Ejecutivo, de advertencias sobre medidas económicas y de reproches constantes a la gestión de la crisis.

Este episodio revela una característica central del liderazgo de Feijóo: su capacidad —o necesidad— de adaptarse. No es un dirigente de posiciones inamovibles, sino de ajustes progresivos. @mundiario

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