En la tercera semana de guerra con Irán, el petróleo vuelve a dispararse por encima de los 100 dólares
En la tercera semana de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el precio del petróleo ha vuelto a superar el umbral simbólico de los 100 dólares por barril. La cotización del Brent, referencia para Europa, superó los 105 dólares en los mercados de futuros, mientras el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense también se aproximó a esa barrera.
La escalada coincide con un nuevo deterioro de la seguridad en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más críticas para el comercio energético global. Ante el riesgo de interrupciones prolongadas en el suministro, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha anunciado la liberación inmediata de las primeras reservas estratégicas de petróleo, una medida de emergencia destinada a estabilizar los mercados.
Desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero, el conflicto ha provocado una de las mayores interrupciones potenciales del suministro de petróleo de las últimas décadas. El estrecho de Ormuz, controlado en gran medida por Irán, canaliza cerca del 20% del petróleo que se transporta por mar en el mundo.
La presencia de minas navales, ataques a petroleros y amenazas contra infraestructuras energéticas han reducido el tráfico marítimo en la zona. La situación ha generado una reacción inmediata en los mercados financieros, donde la incertidumbre geopolítica suele traducirse en subidas rápidas del precio del crudo.
El petróleo ya había experimentado fuertes oscilaciones en las semanas anteriores, llegando a rozar los 120 dólares por barril antes de estabilizarse temporalmente la semana pasada gracias a las promesas de seguridad del presidente Donald Trump.
La respuesta de la Agencia Internacional de la Energía
Uno de los episodios que más ha influido en la reciente subida del precio del crudo fue el bombardeo estadounidense contra objetivos militares en la isla de Jark, principal terminal petrolera iraní. Esta instalación concentra alrededor del 90% de las exportaciones de petróleo de Irán, lo que la convierte en un punto estratégico para el equilibrio energético regional.
Aunque Washington ha insistido en que los ataques se dirigieron únicamente contra infraestructura militar, la proximidad de las operaciones a instalaciones petroleras ha incrementado el temor a una escalada que afecte directamente a la producción y exportación de crudo en la región.
Ante la tensión creciente, la Agencia Internacional de la Energía ha decidido activar un mecanismo de emergencia que contempla la liberación histórica de 400 millones de barriles de reservas estratégicas.
Se trata de una de las mayores intervenciones coordinadas de este tipo desde la creación del organismo. Según el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, la medida busca introducir volúmenes adicionales de petróleo en el mercado para compensar parte de las interrupciones.
Los primeros flujos de crudo proceden de países de Asia y Oceanía, mientras que las reservas de Europa y América se incorporarán gradualmente a lo largo del mes. Este tipo de intervención colectiva solo se ha aplicado en contadas ocasiones, como durante la Guerra del Golfo, el huracán Katrina o la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Estados Unidos intenta estabilizar el mercado
Paralelamente, la administración del presidente Donald Trump ha puesto en marcha varias medidas para reforzar la oferta energética. Entre ellas destaca la aprobación de nuevos proyectos petroleros en el Golfo de México, así como la reactivación de plataformas offshore frente a la costa de California.
Washington también trabaja para concretar una misión internacional para escoltar petroleros en el estrecho de Ormuz, con el objetivo de restablecer el flujo de crudo. El presidente estadounidense ha pedido públicamente la participación de países como China, Francia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido, argumentando que sus economías dependen en gran medida del petróleo que atraviesa la zona.
Los analistas advierten que si el Brent crude oil se mantiene por encima de los 100 dólares durante un periodo prolongado, podría intensificar las presiones inflacionarias y afectar al crecimiento económico mundial. Este escenario recuerda a los shocks energéticos recientes, cuando la volatilidad del mercado petrolero se trasladó rápidamente a los precios de la gasolina, el diésel y el transporte. @mundiario


