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MUNDIARIO

¿Cómo afectaría a la economía de las autonomías la secesión de Cataluña?

La secesión de Cataluña implicaría una pérdida de valor inmediata para la economía española. Sin embargo, algunas comunidades autónomas se podrían ver beneficiadas por distintos motivos.

¿Cómo afectaría a la economía de las autonomías la secesión de Cataluña?
El presidente de la Generalitat de Cataluña, el nacionalista Artur Mas.
El presidente de la Generalitat de Cataluña, el nacionalista Artur Mas.

Nadie duda del efecto perjudicial que una posible independencia catalana supondría sobre la economía española, no solo en términos de PIB sino también de impulso productivo, comercial e innovador. Cataluña, con Euskadi y Madrid, es la Comunidad Autónoma más pujante de España y la que presenta unas mejores variables de desarrollo y competitividad. Este impacto puede verse de manera muy ilustrativa en la competitividad deportiva: la pérdida de efectivos catalanes supondría para el deporte español un retroceso notable, ya no exclusivamente en fútbol o baloncesto sino también en varias de las principales especialidades olímpicas.

El efecto de la secesión para la propia Cataluña se vislumbra más controvertido. Aquéllos que la apoyan presentan, además de razones históricas, una versión de las llamadas balanzas fiscales hondamente desfavorable para los intereses catalanes. Por el contrario, quienes defienden la continuidad del status quo actual, además de apelar también a razones históricas, muestran la intensa interrelación entre ambas realidades económicas y el consecuente efecto benéfico sobre la economía catalana. En mi opinión, ambas partes tienen razón.

Factores a favor, factores en contra

Me explico: dejando a un lado las cuestiones interpretativas de las respectivas sendas históricas, se revela incuestionable que una Catalunya independiente sufriría un shock importante en su economía durante un número indeterminado de años, posiblemente al menos un decenio. Las consecuencias negativas son múltiples: salida del entorno euro, asunción de la parte alícuota de deuda pública del Estado, aumento de la prima de riesgo, disminución del saldo neto comercial con España (hoy a su favor en 23.000 millones de euros) y la consecuente repercusión sobre sus ingresos fiscales, pérdida de sedes y delegaciones del propio Estado y de empresas multinacionales, y dificultades singulares para los sectores con una mayor intervención pública tales como el financiero o el energético, o que se basan en algún factor esencial del concepto España como puede ser el sector editorial en lengua castellana.

A este hecho, habría que sumarle la propia pertenencia a un país que, con matices, dispone de una relevante presencia en los foros económicos internacionales lo que implica igualmente un beneficio indirecto (aunque esto no es siempre así) para sus Comunidades Autónomas más representativas. Pocos dudan de que cuanto más fuerte sea un país, más poder de negociación tendrá en los ruedos donde se negocian las condiciones que regirán el comercio internacional.

Ahora bien, por otra parte, una Catalunya independiente gestionará sus propios ingresos tributarios, definirá su propia política económica, presupuestaria y fiscal, tendrá una presencia individual en el concierto internacional y, en general, se verá libre de los condicionantes que hoy en día se ve obligado a observar por su pertenencia al Estado español. En consecuencia, viendo pros y contra, oportunidades y amenazas, lo más probable es que una Catalunya independiente sufriría un período duro de ajuste y adaptación al nuevo marco institucional tras lo cual conseguiría remontar el vuelo y alcanzar una posición estable y de progreso dentro del contexto europeo.

Volviendo al ejemplo deportivo, los equipos catalanes adscritos a ligas catalanas perderían capacidad de competir indudablemente, sus presupuestos no les permitirían contar con las grandes figuras internacionales y ni siquiera retener a sus mejores deportistas locales. Sin embargo, Catalunya terminaría por consolidarse como una potencia media que, aunque sin la posibilidad de aspirar a los grandes triunfos, sí mantendría una presencia digna en la arena deportiva.

¿Y el efecto sobre las Comunidades Autónomas?

Un factor económico de éxito es la capacidad de posicionarse correctamente en un entorno cambiante, la visión de anticiparse a los cambios. La secesión de Catalunya implicaría una transformación notable en la configuración económica interna de España. Catalunya exporta a otras Comunidades Autónomas casi 50.000 millones de euros (58.000 al exterior). Es una cantidad muy importante: Madrid, por ejemplo, vende 20.000 y compra 26.000. Podría asegurarse que una parte apreciable de esa cifra, que pasaría a ser comercio exterior con una Catalunya independiente, se mueva hacia proveedores de otras Comunidades Autónomas que mantienen su carácter doméstico, no tanto por el rechazo que se puede esperar en determinados segmentos durante algún tiempo sino por las mayores dificultades que implican las transacciones internacionales. Este factor se intensificaría al perder Catalunya el euro como moneda. Por tanto, las Comunidades Autónomas con empresas pujantes en los sectores de actividad de la economía catalana tendrán una oportunidad relevante para captar parte de ese mercado.

Catalunya es una de las Comunidades Autónomas con mayor capacidad de atracción de inversión extranjera. En 2012, recibió 2.650 millones de euros (total España: 14.383 mm). En su mejor año, 2010, recibió 4.825 mm€ sobre un total de 12.227 mm€, por encima incluso de Madrid. Buena parte de esa inversión se realiza en clave de economía española, incluso de mercado ibérico. Así pues, puede preverse que un porcentaje del llamado FDI (Foreign Direct Investment) se dirija a otras Comunidades, resultando Madrid la más beneficiada probablemente. Pero es posible también que algunas sedes de multinacionales se planteen su traslado ante una Cataluya independiente; de hecho, conocemos ya algún ejemplo. Habría que ver si el fenómeno puede generalizarse, en cuyo caso, Madrid volvería a resultar beneficiada salvo que alguna otra Comunidad ponga en marcha algún programa de captación de estos movimientos.

¿Y qué pasaría en sectores como el energético o el financiero?
El impacto sobre entidades como Caixabank o Banco Sabadell, para los cuales el mercado español es absolutamente crítico, definiría en buena la medida el potencial económico de una Catalunya independiente. El posible retroceso de estas dos entidades alimentaría el crecimiento de la gran banca española así como, probablemente, de la vasca. En el sector energético, cabría la posibilidad de alguna operación en torno a Gas Natural de la cual podrían beneficiarse compañías como Iberdrola ou Endesa, e incluso cabría alguna sorpresa como nuevos intentos similares a aquel de Inditex por hacerse con Unión Fenosa.
En resumen, la secesión de Catalunya posiblemente abriría en canal muchos de los principales mercados españoles en un trasiego de fondos, cuotas e influencia que provocarían el reposicionamiento de las Comunidades Autónomas dentro de la economía española.