Ábalos se retira para “vivir” y el Supremo marca los tiempos: jubilación tras el caso Koldo

El exministro de Transportes explica que renuncia al escaño para poder acceder a la indemnización del Congreso y afrontar su defensa, mientras el alto tribunal rechaza presionar a la UCO para acelerar la presentación del informe patrimonial de Cerdán.
José Luis Ábalos. / @abalosmeco en X
José Luis Ábalos. / @abalosmeco en X

La renuncia de José Luis Ábalos a su acta de diputado supone un punto de inflexión con múltiples lecturas políticas y procesales. El exministro de Transportes, en prisión provisional desde noviembre y a las puertas del juicio por el denominado caso Koldo, ha explicado que deja el escaño y opta por la jubilación porque, “privado de todo ingreso y protección social”, no tenía otra vía para “vivir” y sostener su defensa ante el Tribunal Supremo.

He agotado todas las posibilidades al alcance de mi mano, pero una vez desprovisto de todos mis derechos y deberes, y despojado de toda función, díganme ustedes y dígame la Cámara cuál es la figura y en qué consiste ser diputado”, escribió el exsecretario de Organización del PSOE en su cuenta de X. “Privado de todo ingreso y protección social, díganme también de qué vivo para mantener los compromisos con mi familia y afrontar mi defensa (…) no me ha quedado otra más que retirarme y optar por la jubilación. ¡Objetivo conseguido!”, apunta la cuenta gestionada por su hijo, en la que busca fijar un relato de necesidad y agotamiento tras meses de suspensión de funciones y aislamiento político.

Ábalos plantea su retirada como una consecuencia inevitable ya que, sin funciones, sin sueldo y con un proceso penal abierto, afirma haber agotado “todas las posibilidades” antes de optar por la jubilación. La Mesa del Congreso aceptó su renuncia y ahora los servicios jurídicos estudian si le corresponde la indemnización prevista para exdiputados con larga trayectoria parlamentaria, una compensación temporal destinada a facilitar el reingreso laboral y que no tiene carácter de pensión, sino que comprende un máximo de 18 pagas para los parlamentarios que hayan estado más de cuatro legislaturas en la Cámara Baja; cuando Ábalos ha estado siete.

Desde el punto de vista judicial, la salida del Congreso implica la pérdida del aforamiento. Sin embargo, el impacto es desigual según las piezas del caso. La principal —relativa a los contratos de mascarillas durante la pandemia— seguirá en el Supremo porque la apertura de juicio oral se dictó antes de la renuncia, conforme a la doctrina consolidada por la Sala de los Penal del alto tribunal. En cambio, la pieza separada sobre adjudicaciones de obra pública, en la que también figura imputado el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, previsiblemente pasará a la Audiencia Nacional, con la consiguiente reordenación de la investigación.

El Supremo afea la “impaciencia” de Cerdán

En paralelo, el Supremo ha enviado una señal inequívoca sobre los tiempos de la investigación. El magistrado Leopoldo Puente ha rechazado “meter prisa” a la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil para que entregue el informe patrimonial solicitado sobre Cerdán, investigado por los presuntos amaños en obra pública. La resolución, que critica la “impaciencia” de la defensa, subraya que la instrucción se desarrolla “intensamente”, pero sin atajos ni calendarios impuestos por las partes.

La decisión del magistrado Puente de no acelerar el informe patrimonial de la UCO marca un límite claro a las estrategias defensivas. La resolución descarta “de plano” cualquier vulneración de la presunción de inocencia y recuerda que el juez no ha afirmado culpabilidades, sino que ha expuesto indicios suficientes para investigar e incluso acordar medidas cautelares severas, como la prisión provisional.

El instructor admite comprender la urgencia de la defensa por conocer el contenido del informe, pero insiste en que la premura no es compatible con la complejidad de las diligencias. Aun así, Puente si ha prometido que el documento llegará “en un futuro muy próximo”.

En el trasfondo, la investigación sigue señalando a Servinabar, una mercantil navarra que la Guardia Civil considera instrumental para canalizar supuestas comisiones vinculadas a obra pública. Los agentes apuntan a que una parte sustancial de sus ingresos procedía de contratos relacionados con grandes constructoras a través de las uniones temporales de empresas (UTE) y a que el entorno familiar de Cerdán habría resultado beneficiario de esos flujos económicos. La defensa rechaza estas conclusiones y sostiene que la empresa tenía actividad real y contratos efectivos, una discrepancia que explica el interés por el informe patrimonial pendiente. @mundiairo

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