El 21-D y las primarias de la derecha: entre Albert Rivera y Mariano Rajoy

Mariano Rajoy y Albert Rivera. / Mundiario
Mariano Rajoy y Albert Rivera. / Mundiario

La hipótesis Arrimadas, una jugada de laboratorio aplaudida por José María Aznar, va en contra del Partido Popular al mismo tiempo que genera simpatías entre su electorado.

El 21-D y las primarias de la derecha: entre Albert Rivera y Mariano Rajoy

El elemento plebiscitario del 21-D entre defensores y detractores de la independencia hace que otros elementos, no precisamente menores, queden en un segundo plano. Uno de esos elementos, irrelevante en Cataluña pero central en el Estado español, tiene que ver con el efecto que tienen en el electorado conservador las medidas de excepción. Los réditos electorales no van para el PP, el partido que activa la tecla 155 de la Constitución. Parece que el margen derecho del tablero se escora hacia Ciudadanos.

La única duda está en si las candidaturas independentistas consiguen la mayoría absoluta. El bloque del 155 en ninguna de las encuestas consigue ni tan siquiera aproximarse, abriendo el otro escenario posible: que los Comunes, la candidatura que lidera Xavier Domenèch, sea la bisagra decisiva que vehiculice una posible salida transversal. Este marco cuenta con importantes complicaciones en un momento en el que Oriol Junqueras sigue en prisión al tiempo que Miquel Iceta mantiene su apoyo al 155. Buscar una salida semejante al Pacto del Tinell parece más una proyección de deseo de algunos que un escenario viable, al menos a corto plazo.

En estos momentos, según Jaime Miquel, existe un espacio social en el Estado español que no tiene claro si apostar por el Partido Popular o por Ciudadanos

Existe otro plebiscito. En estos momentos, según Jaime Miquel, existe un espacio social en el Estado español que no tiene claro si apostar por el Partido Popular o por Ciudadanos. Según este analista, esta duda atraviesa a un millón de ciudadanos. La hipótesis Arrimadas, una jugada de laboratorio aplaudida por José María Aznar, va en contra del Partido Popular al mismo tiempo que genera simpatías entre su electorado. Tener en la Generalitat un gobierno duro amparado por las urnas y no como resultado del 155, con una TV3 domesticada, unos Mossos sumisos y una enseñanza depurada de profesores independentistas, la conversión en definitiva de la autonomía en una mera gestoría administrativa, tiene en estos momentos rostro naranja. Este elemento perpetuaría el conflicto en Cataluña al tiempo que - piensan - conseguiría decantar el tablero político estatal a la derecha. 

Pero no está todo controlado. El voto Le Pen decantará el liderazgo de la derecha entre el PP y Ciudadanos, pero también podría plantear una tercera opción. La regresión que vivimos deja sembrado el terreno a lugares poco deseables ya transitados en otros Estados del ámbito de la UE. Hoy la extrema derecha simplemente necesita articularse orgánicamente, ya que parte de su discurso está penetrando en la sociedad. También en esto Cataluña se adelantó: recordemos la apuesta de Xavier García Albiol para “limpiar Badalona”. Las europeas de 2019 cuadran bien en el calendario, ya que la circunscripción única facilita esta operación: Vox estuvo a punto de conseguirlo en la última convocatoria, la de 2014. Aparecerá con un argumentario nuevo, basado en las campañas homófobas de Hazte Oír y en las pasiones tristes del racismo y de la islamofobia.

Conforme pasan los días, parece que existen menos motivos para que la desafección haga mella en el electorado independentista

Conforme pasan los días, parece que existen menos motivos para que la desafección haga mella en el electorado independentista. Cuando no es la prisión incondicional sin fianza para carteles electorales, algo inaudito en cualquier proceso comparado, nos encontramos con la marcha de obras de arte del Museo de Lleida bajo el amparo del 155. O la retirada de la euroorden contra Carles Puigdemont, un movimiento que transparentó una eficiente coordinación entre el mundo de la judicatura y de la política. Ni siquiera los guionistas del Polònia podrán elaborar una sátira mejor. La realidad supera la ficción, o la estira. Como la legalidad que se dice pretender defender. 

Terminamos. La derecha no se juega nada en Cataluña. Hace mucho que perdió. Se juega mucho con Cataluña. La hipótesis Arrimadas, de hecho, opera fundamentalmente en el Estado. Supone el Podemos de derechas hecho carne. Realmente el pulso es entre lo viejo y el nuevo, entre Mariano Rajoy y Albert Rivera. Poco hay de razón de Estado en todo esto, y mucho de encuestas y de mercadotecnia electoral. Estamos delante de brókers jugando a la política. Prepárense que vienen turbulencias. @mundiario

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