Yolanda Díaz, entre el 15-M, Anova y Manuela Carmena

No habría que desdeñar las alianzas electorales, allí donde la suma de todas las izquierdas (PSOE incluido) puedan llegar a tener suficiente fuerza como para transformarse en escaños.
Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno. / @Yolanda_Diaz_
Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno. / @Yolanda_Diaz_

Un error que cometió JL Rodríguez Zapatero cuando nació el movimiento 15-M fue el de no plantarse en la Puerta del Sol e iniciar un diálogo abierto con la gente que participaba del movimiento. Escuchar siempre enseña, y más si eres presidente del Gobierno. Y recoger las reivindicaciones de la gente, y buscar alternativas con ella, tal vez podría haber ayudado a enderezar el rumbo de aquel Gobierno socialdemócrata, e incluso a haber encontrado un apoyo ciudadano frente a las exigencias restrictivas y empobrecedoras que procedían de Europa.

Una medida de ese tipo podría haber tenido en aquel momento un carácter casi revolucionario, y podría haber contribuido a convertir el movimiento 15-M en la dimensión participativa que le falta a nuestra Democracia, e incluso a darle un carácter constructivo, al intentar convertir la indignación y la protesta en alternativas que podrían haber convertido aquel momento de crisis financiera en un mecanismo de cambio social y político. Pero la Historia no vuelve atrás, y aquel Gobierno atosigado por la crisis terminó abocado a convocar elecciones, sin siquiera aprovechar la ocasión de que hubo un movimiento de la ciudadanía ansiosa por participar.

Por el enfoque que ha comenzado a explicar Yolanda Díaz acerca de su proyecto, parece que no ve viable en estos momentos proponer una alternativa como la de Anova en Galicia, que jugó con cierto efímero éxito la baza de unidad de la izquierda. Tal y como está el panorama de la confrontación de siglas y matices, y tal vez de protagonismos de aspirantes a líderes, parece una decisión acertada. Más bien apuesta por una opción que comience siendo un movimiento, antes que por una tediosa negociación de grupos y organizaciones. Y al hablar del movimiento ha precisado algo que sí aprendimos con el 15-M: no debe tratarse de un movimiento de indignación, ni de impugnación (a la contra), sino de un movimiento constructivo, con alternativas que afronten el malestar de la sociedad y las reivindicaciones y necesidades ciudadanas.

Aquí es donde Yolanda Díaz puede encontrarse con el principal reto: que ha de dirigirse a una sociedad desmovilizada: la sociedad del malestar que ha comenzado a renegar en muchos casos hasta de sus propios principios, para pasar a la abstención, e incluso para votar opciones que ni los mismos protagonistas hubieran pensado jamás que llegarían a votar.

El segundo reto que afronta es el que ella misma resalta, cuando nos dice que no se trata de crear un partido político, sino de promover un movimiento. Si bien es cierto que recientemente ha habido rendimientos electorales reseñables -como los de Teruel Existe, en las últimas elecciones generales, o como el de Soria Ya o el de la Unión del Pueblo Leonés en Castilla y León- no parece que a nivel de España se pueda, en un año, establecer una estructura con suficiente capacidad como para convertir un movimiento en una fuerza política con alcance suficiente para generar una alternativa estable. Con el riesgo que conllevaría -por otra parte- el pulverizar el planteamiento constitucional del papel de los partidos políticos como instrumentos de encauzamiento y articulación de nuestra vida política. La alternativa de Manuela Carmena terminó no llegando a cuajar con suficiente entidad en Madrid, precisamente por esa falta de estructura, e incluso de aparato de continuidad.

Sin embargo, la apuesta de Yolanda Díaz es encomiable, como encomiables son todas las utopías que, a base de voluntad, trabajo, imaginación y cercanía con la sociedad, terminan realizándose, si no en su totalidad, al menos en una parte importante.

Si la iniciativa de Yolanda Díaz es capaz de aunar voluntades en el ámbito de la izquierda del PSOE, para recomponer y sumar el voto que fue capaz de movilizar el 15-M en su mejor momento, ya habrá merecido la pena. Que es un voto que, por mucho que lo intente, por razones ideológicas y hasta históricas, difícilmente se movería hacia el PSOE. Si esa movilización la hace con suficiente cabeza (y en estos años de gobierno ha demostrado tenerla), como para captar voto que del PSOE pasó a la abstención, e incluso algunos votos socialistas descontentos, su esfuerzo puede dar frutos.

Y si su actitud de escuchar, preguntar y promover alternativas logra que el PSOE baje también a la arena, y se plantee la opción de apostar por enriquecer la democracia representativa con una mayor participación social y ciudadana, la iniciativa de Yolanda Díaz podrá terminar haciendo un importante servicio a nuestra Democracia y a nuestra Historia.

Es todavía muy pronto para hacer un diagnóstico, y mucho más para fijarse en alianzas tácticas. Pero hay que tener en cuenta la realidad de nuestro sistema electoral, y el voto perdido en muchas circunscripciones, porque no suma suficiente como para alcanzar un escaño, aunque se quede a las puertas. Y no habría que desdeñar la opción de alianzas electorales, allí donde la suma de todas las izquierdas (PSOE incluido) puedan llegar a tener suficiente fuerza como para transformarse en escaños. Bastaría realizar un estudio de los resultados de varias convocatorias electorales, provincia por provincia, para deducir en qué provincias una alianza progresista podría ser verdaderamente productiva en escaños.

Son motivos suficientes para saludar el proceso que pone en marcha la vicepresidenta segunda del Gobierno, y para exhortar al PSOE a movilizar una iniciativa semejante de darle voz a la gente, de escuchar, de incorporar alternativas y de proponer soluciones. Si con la confluencia de ambas iniciativas logramos que la ciudadanía progresista de nuestro país (que es aún mayoritaria) se movilice, proponga y disponga, estaremos saliendo al paso de la sociedad del malestar, y trabajando positivamente por una verdadera sociedad del bienestar. @mundiario

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