La Xunta debe explicar su apoyo a un proyecto contaminante

El proyecto de Altri simboliza un modelo de desarrollo cuestionado en pleno siglo XXI y evidencia la falta de una explicación convincente por parte del Gobierno gallego sobre su apoyo a una iniciativa tan denostada.
Manifestación multitudinaria en Santiago contra Altri. / Greenpeace
Manifestación multitudinaria en Santiago contra Altri. / Greenpeace

La instalación de una planta de celulosa de Altri en Palas de Rei (Lugo) ha desatado una oleada de polémica que no puede ser ignorada por la Xunta de Galicia. Este proyecto no solo simboliza un modelo de desarrollo cuestionado en pleno siglo XXI, sino que también evidencia la falta de una explicación clara y convincente por parte del Gobierno gallego sobre su apoyo a una iniciativa tan denostada por amplios sectores de la sociedad.

En un contexto de emergencia climática y creciente sensibilización ambiental, resulta desconcertante que la Xunta apueste por una industria cuyas consecuencias ambientales y sociales son difíciles de justificar. Si bien los defensores del proyecto destacan los supuestos beneficios económicos, como la generación de empleo y el impulso a la industria local, la experiencia previa con iniciativas similares, como la planta de Ence en Pontevedra, deja un legado de degradación ambiental y conflictos sociales que no se pueden ignorar.

Los riesgos que plantea Altri son evidentes. La planta, según los datos disponibles, emitiría niveles de contaminación incluso superiores a los de Ence, incluyendo elevadas emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas PM10. Además, el vertido de aguas residuales equivalente al de una ciudad de 300.000 habitantes amenaza los ecosistemas fluviales y marinos, en particular el río Ulla y la ría de Arousa, zonas de gran importancia ecológica y productiva. Estas consecuencias no solo afectan al medio ambiente, sino también a sectores económicos fundamentales para Galicia, como la agricultura, el turismo y la pesca.

El sector agrícola, representado por la Denominación de Origen Queixo Arzúa-Ulloa, ha alertado del impacto que tendría la forestación masiva con eucaliptos en tierras actualmente destinadas a la producción láctea. Más eucaliptos implican menos espacio para la agricultura sostenible y un cambio drástico en el paisaje rural, poniendo en riesgo no solo la economía, sino también la identidad cultural de Galicia. Por otro lado, el turismo, un sector clave que se apoya en la riqueza natural y cultural de la comunidad, podría verse gravemente afectado, especialmente en una comarca como A Ulloa, reconocida por su belleza paisajística y su proximidad al Camino de Santiago.

Miles de personas se han movilizado en contra

La fractura social y política generada por este proyecto también es alarmante. Miles de personas se han movilizado en contra, presentando alegaciones y participando en manifestaciones masivas como la celebrada este domingo en Santiago de Compostela bajo el lema "Altri non". Este rechazo colectivo no es una simple oposición ideológica; es una expresión de dignidad y defensa del futuro de una tierra que se niega a ser sacrificada en nombre de un supuesto progreso.

La Xunta debe responder a las crecientes críticas con algo más que discursos vacíos. Es necesario que justifique de forma transparente su apoyo al proyecto de Altri, explicando cómo este encaja en un modelo de desarrollo sostenible y respetuoso con la identidad y los recursos de Galicia. Además, es crucial que fomente un debate público inclusivo que permita a la ciudadanía expresar su opinión y participar activamente en la toma de decisiones.

La historia reciente de Galicia demuestra que los beneficios a corto plazo de proyectos como este no compensan los daños irreversibles al medio ambiente y a la calidad de vida de sus habitantes. Las movilizaciones de los años 70 y 80 que frenaron proyectos similares en Narón, As Pontes, Brión o Negreira son un recordatorio de que la ciudadanía gallega no está dispuesta a aceptar imposiciones que comprometan su futuro.

En lugar de insistir en un modelo extractivista y obsoleto, la Xunta debería liderar un cambio hacia alternativas sostenibles que impulsen la economía local sin sacrificar los recursos naturales ni dividir a la sociedad. La apuesta por la diversidad forestal, el desarrollo del sector agroalimentario y el turismo sostenible son ejemplos de cómo Galicia puede crecer económicamente respetando su esencia.

Galicia merece un futuro basado en la sostenibilidad, la innovación y el respeto por su identidad. Es hora de que la Xunta escuche el clamor de su pueblo y actúe con responsabilidad. Si rectificar es de sabios, entonces es el momento de demostrar sabiduría y, sobre todo, compromiso con quienes hacen de Galicia un lugar único en el mundo. @mundiario

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