Altri: ¿una planta de celulosa del pasado para una Galicia del futuro?
La posible instalación de una planta de celulosa de Altri en Palas de Rei (Lugo) no es solo un proyecto industrial; es una encrucijada para Galicia. En juego están los intereses económicos inmediatos, la preservación del medio ambiente y la sostenibilidad a largo plazo de sectores clave para la identidad y la economía gallegas.
En apariencia, Altri se presenta como una oportunidad para revitalizar la industria, generar empleo y frenar la despoblación rural. La Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) ha apoyado esta narrativa, destacando los posibles beneficios económicos. Sin embargo, detrás de estas promesas se ocultan peligros evidentes y un modelo industrial que ya debería estar superado. Al margen de la CEG, también hay empresas y empresarios contrarios a Altri.
La experiencia con Ence en Pontevedra dejó un legado de contaminación y un paisaje transformado por la eucaliptización. Altri amenaza con repetir este patrón, exacerbando los problemas ambientales que Galicia ya sufre. Las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas PM10 previstas superarían incluso a las de Ence, convirtiendo la planta en una de las industrias más contaminantes de Galicia. Además, el vertido de aguas residuales contaminadas —equivalente al de una ciudad de 300.000 habitantes— afectaría directamente a los ecosistemas fluviales y marinos.
Organizaciones vinculadas al sector pesquero, como Amegrove o Opmega, han señalado el peligro que esta planta supone para la calidad de las aguas y la biodiversidad marina, cruciales para la producción del mejillón y otros recursos marinos. ¿Puede Galicia permitirse sacrificar su costa y su riqueza marina por una industria de este tipo?
¿Se avecina un peligro?
La instalación de Altri no solo amenaza el medio ambiente, sino también a sectores económicos fundamentales. La Denominación de Origen Queixo Arzúa-Ulloa, que agrupa a más de 1.400 explotaciones lácteas, ha alertado sobre el impacto de la forestación de tierras agrícolas y la posible contaminación ambiental. Estos temores no son infundados: más eucaliptos implican menos espacio para la agricultura y un cambio en el paisaje rural que pone en peligro la sostenibilidad de un sector esencial para la economía y la cultura gallegas.
Del mismo modo, el turismo, que se apoya en la riqueza paisajística y cultural de Galicia, podría verse afectado por la instalación de una planta de celulosa en una comarca como A Ulloa, conocida por su belleza natural y su proximidad al Camino de Santiago.
El proyecto de Altri ha creado una fractura social y política en Galicia. Mientras una parte de la Xunta apoya con entusiasmo el proyecto, incluso con ayudas económicas, las críticas crecen entre los sectores de la oposición política, sindicatos y colectivos ciudadanos. Miles de personas han presentado alegaciones y se organizan protestas masivas, como la manifestación prevista en Santiago bajo el lema "Altri non".
Una política forestal centrada en el eucalipto
La identificación del proyecto con un sector del Gobierno gallego y con una política forestal centrada en el eucalipto evidencia un modelo que no responde a las necesidades reales de Galicia. En lugar de fomentar alternativas sostenibles, basadas en la diversidad forestal, el aprovechamiento agrícola y la innovación, todavía algunos apuestan por una industria obsoleta y contaminante que divide al empresariado y a la ciudadanía.
Galicia no puede permitirse repetir los errores del pasado. En los años 70 y 80, la movilización social consiguió frenar proyectos similares en Narón, As Pontes y otras localidades como Brión o Negreira. Como razona el profesor Ramón Varela, la experiencia demuestra que los beneficios a corto plazo de la celulosa no compensan los daños irreversibles al medio ambiente, la economía local y la calidad de vida de las personas.
Es hora de apostar por un desarrollo que respete la identidad gallega, que fomente la sostenibilidad y que valore sectores como el agrícola, el pesquero y el turístico. Retomar un proyecto del siglo XX en pleno 2024 no es progreso: es un paso atrás.
Galicia merece más. Y si el Gobierno gallego no lo entiende, la ciudadanía ya ha dejado claro que no permitirá que se consume este atentado contra el futuro del país. Rectificar no es solo de sabios; es de responsables. @mundiario


