El vodevil político español: cuando la realidad supera a Berlanga
En la política española a veces se alcanzan niveles de surrealismo que rozan lo berlanguiano. Esta semana, otro episodio digno de una tragicomedia ha vuelto a evidenciar el bochorno al que puede llegar la vida pública en este país. El escenario no ha sido el Congreso ni un plató televisivo, sino la sala de un hotel de Madrid, donde Leire Díez –exmilitante del PSOE y autodeclarada investigadora periodística– ha ofrecido una peculiar rueda de prensa. Pero lo verdaderamente insólito ha llegado cuando, tras su intervención sin preguntas, ha aparecido en escena Víctor de Aldama, empresario imputado en el caso de hidrocarburos y señalado como el “conseguidor” en la trama que salpica al exministro José Luis Ábalos.
Aldama, en un giro más propio de un culebrón de sobremesa que de la política seria, ha seguido a Díez hasta el ascensor acusándola de mentir en todo. “Se está riendo de todos los españoles”, ha proclamado a los periodistas. El nivel del debate político queda así reducido a un cruce de acusaciones entre personajes que, en circunstancias normales, no deberían tener más presencia pública que la que corresponde a su situación judicial.
Leire Díez, por su parte, asegura que todo formaba parte de una investigación periodística que lleva “años” realizando. Una investigación, curiosamente, plagada de encuentros con empresarios imputados y audios en los que solicita información comprometida sobre altos mandos de la Guardia Civil. La misma Guardia Civil que investiga al entorno familiar del presidente del Gobierno. Una casualidad más en este universo donde la casualidad parece regir más que la coherencia institucional.
“Es un trabajo y no lo he llevado a cabo en nombre de nadie ni en representación de nadie”, dijo Leire Díez, en una intervención tras la que fue increpada por Víctor de Aldama. “Ha mentido en todo”, zanjó Aldama, tras la comparecencia de Díez.
📺 TV en DIRECTO | Víctor de Aldama, encausado en el caso de hidrocarburos y presunto conseguidor del caso Ábalos, se ha presentado en la rueda de prensa de la exmilitante socialista Leire Díez: “Ha mentido en todo” https://t.co/Iug8bTrlJi
— EL PAÍS (@el_pais) June 4, 2025
📹 Manuel Viejo pic.twitter.com/7Z9cRKaK4B
Todo este embrollo ya está teniendo consecuencias políticas. El PP ha aprovechado la oportunidad para calificar al Gobierno de “mafia”, y su portavoz Borja Sémper ha tildado de “teatralización” la baja de militancia de Díez, a la vez que exige que la susodicha entregue a la justicia el contenido del misterioso pendrive con supuestas revelaciones sobre la trama de hidrocarburos y la “policía patriótica” de la era Rajoy.
¿Política o esperpento?
El espectáculo no solo abochorna: erosiona. Erosiona la credibilidad de las instituciones, alimenta el cinismo ciudadano y refuerza la idea de que en España se puede confundir la política con el esperpento. La presencia de personajes de dudosa trayectoria, la utilización partidista de investigaciones judiciales y la sobreexposición de actores secundarios de la vida pública convierten el debate político en un circo de tres pistas.
Este episodio es solo el último en una larga cadena de despropósitos donde los protagonistas parecen competir no por aportar ideas, sino por ver quién consigue el titular más estrambótico. Mientras tanto, los ciudadanos, perplejos, ven cómo los problemas reales –el paro, la vivienda, la sanidad, la educación– quedan eclipsados por este tipo de sainetes.
Quizá haya llegado el momento de exigir un mínimo de seriedad, de distinguir entre información y espectáculo, entre política y performance. Porque lo que está en juego no es solo la imagen de unos partidos u otros: es la salud de la democracia. Y convertirla en una tragicomedia constante no es, desde luego, el mejor camino. @mundiario
