Ventajas e inconvenientes del teletrabajo

Una mujer en su teletrabajo. / Unplash
Una mujer en su teletrabajo. / Unplash
Una vez que la situación pandémica se normalizó, la tendencia del mercado laboral a distancia disminuyó.
Ventajas e inconvenientes del teletrabajo

En la última década el teletrabajo se convirtió en una opción cada vez mas común en empresas e instituciones. La pandemia de la covid-19 aceleró la adopción de esta fórmula como un estímulo para mantener la actividad e, incluso, incrementar la productividad en tiempos complejos donde mandaba el distanciamiento social. Pero una vez que la situación pandémica se normalizó, la tendencia del mercado laboral a distancia disminuyó. Mientras en los peores momentos de 2021 tres millones de personas trabajaban de manera remota –algo más del 16,2% del total, doce puntos por encima  del año inmediatamente anterior– a día de hoy este porcentaje es inferior y se sitúa en el  9%, según Eurostat. 

Antes de esto los detractores del teletrabajo superaban a los defensores. Ahí están aquellas declaraciones de James Dimon, director ejecutivo de JPMorgan, diciendo que el trabajo desde la casa “no funciona” para aquellas personas que lo quieren hacer en serio. Elon Musk exigió que sus empleados se comprometieran con un horario de larga estadía y alta  intensidad en la oficina, mientras Steven Rattner publicó en una de sus columnas en The New York Times que el trabajo desde la casa era sinónimo de que los EE UU se estaban “ablandando”. 

Estas posturas tan contundentes mudaron tras la pandemia, un momento en el que el paradigma vital tornó y la conciliación familiar o el bienestar emocional entraron de lleno en las relaciones laborales.

Las personas defensoras del trabajo en remoto abogan por la libertad de trabajar en cualesquier lugar, la posibilidad de adaptar los horarios laborales a las necesidades personales, así como el ahorro en tiempo y dinero que suponen los no desplazamientos o, incluso, el mejor aprovechamiento de los factores de producción derivados del menor estrés y la ausencia de distracciones en los lugares de trabajo.

En el otro lado de la balanza, esta flexibilidad puede esconder un alto precio que se vislumbra en los comportamientos de retorno a la presencialidad. Mayoritariamente son los hombres los que deciden volver a la oficina, mientras las mujeres optan por teletrabajar para conciliar mejor, lo que las penaliza con las tareas asignadas y, por lo tanto, cortocircuita la posibilidad de ascenso en sus carreras profesionales.

Existe un riesgo de convertir el teletrabajo en el gueto femenino del trabajo sin futuro, pero también peligran cuestiones como la falta de cohesión de equipos, el aislamiento de las personas empleadas y, por qué no decirlo, el riesgo de que se convierta en el refugio de quien aprovecha esa modalidad para no trabajar o hacerlo en el mínimo posible. 

Una buena parte de las empresas y, sobre todo, de las instituciones no cuentan con la preparación necesaria para el cambio disruptivo que se produjo, con lo que hace falta que aborden lo antes posible la transformación material y, sobre todo cultural, que requiere sin que la productividad se resienta. Solo de esa manera puede funcionar. @mundiario

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