La Unión Europea y la guerra en Ucrania
Al abordar la guerra en Ucrania y en la perspectiva de una paz justa y duradera para bien del pueblo ucraniano, que tanto está sufriendo, hay una serie de evidencias que debieran tenerse en cuenta.
La primera es que la invasión de Ucrania por Rusia fue un crimen de guerra, un atentado contra el derecho internacional que debe ser restituido. Un crimen de guerra que está provocando un enorme sufrimiento al pueblo ucraniano con miles de muertos, millones de desplazados, viviendas e infraestructuras básicas destruidas (fábricas, escuelas, hospitales…). Unos destrozos que exigirán a medio y largo plazo un enorme esfuerzo financiero (gasto) que Ucrania, evidentemente, no podrá atender por si sola pero tampoco debería suponer un endeudamiento por vida (remembremos lo sucedido con el Tratado de Versalles).
No menor es la evidencia de que no hay otra salida que una paz por territorios. Una negociación que será difícil pero tan inevitable como que tendrá que incluir a la mayor parte del territorio ucraniano que en la actualidad está bajo control del ejército ruso. Cuanto antes se acepte esta realidad mejor para todos.
Si los intereses de Ucrania como país y como estado soberano deben estar encima de la mesa igual debe suceder con Rusia. No se puede negar que antes de la invasión de Ucrania, Rusia venía siendo provocada ya desde la presidencia de Bill Clinton quien pareció olvidar los compromisos adquiridos por George Bush (padre) con Mijail Gorbachov, a principios de los años 90, de no ampliar la OTAN y no desplegar misiles en las fronteras rusas a cambio de que Rusia aceptara la unificación de Alemania. Compromisos que la OTAN, como sabemos, no cumplió. Ahora Rusia tiene derecho a exigir seguridad, unas fronteras seguras y unos vecinos pacíficos. Por tal razón Ucrania no debe entrar en la OTAN y debe mantener un estatus de país neutral a cambio de que Rusia garantice que respetará las fronteras que queden fijadas sin intentar seguir ganando territorio. Una cierta garantía puede ser el despliegue de tropas europeas en Ucrania.
Sería también deseable un cambio radical en las relaciones entre la Unión Europea y Rusia, tal que ayudara a ir superando las desconfianzas mutuas y que ambas partes asuman que Europa va del Atlántico a los Urales. Con relación a este punto hay que señalar que Vladimir Putin no es menos fiable que Donald Trump.
Dicho todo lo anterior, e intentando ser lo más objetivos y realistas posible, no podemos perder de vista la complejidad de un escenario internacional que cuenta con líderes políticos mundiales a personajes tan poco fiables y tan peligrosos como Valdimir Putin y Donald Trump. Por si esto no fuera suficiente, la Unión Europea, que se acaba de embarcar en una carrera armamentística irresponsable, en la actualidad ni es una unión de intereses, ni ofrece un perfil europeo sólido, ni tiene la suficiente credibilidad democrática, además de estar sumida en una larga recesión económica, o una racha larga de bajo crecimiento. Una realidad que debilita enormemente su posición negociadora, tanto frente a Rusia como a los Estados Unidos, igual que ofrece poca confianza al pueblo ucraniano que parece tener depositadas más esperanzas en los Estados Unidos de Trump que en los lideres de la Unión Europea.
Todo un marco internacional endiablado que no despeja el horizonte de nubes negras que parecen anunciar la posibilidad de una tormenta aún mayor. Evitarla debería ser una prioridad de los lideres europeos, que ya va siendo hora se comporten como tales y piensen como europeos y demócratas porque en Ucrania se está jugando, además de la vida de millones de ciudadanos, el futuro de la Unión Europea y, por tanto, el futuro de Europa. Un futuro que dependerá de su capacidad política para superar tanto la amenaza militar rusa como el intento estadounidense de convertirla en una colonia suya. @mundiario