El turismo y el Estado: el pilar oculto del éxito económico
En una reciente entrevista que realizó el conocido analista económico liberal Martin Wolf a la profesora del University College de Londres Mariana Mazzucato, recordaba que fue el estado el que logró que el hombre llegara a la luna y no la empresa privada, como le hubiera gustado a los neoliberales. Gracias a las investigaciones necesarias para ese proyecto se lograron dos avances que han transformado la sociedad: el teléfono móvil, quizás el invento más transformador del siglo XX y la fórmula de leche infantil, que permitió la reincorporación al trabajo de millones de mujeres poco después de dar a luz, con el consiguiente aumento de la productividad a nivel mundial.
Ese fue el momento cumbre del papel de la actuación pública en Estados Unidos, tras los proyectos de la Gran Sociedad, en los primeros años del mandato de Johnson y por supuesto del New Deal de F.D. Roosevelt. En Europa el estado sienta las bases del éxito del capitalismo durante los llamados 30 (años) gloriosos, que duran desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hasta la primera Crisis del petróleo en 1973.
A partir de ese momento el pensamiento económico conservador consigue colocar al individuo como eje del sistema desplazando a la sociedad. El proceso culmina en los tiempos de Reagan y Thatcher -no existe la sociedad solo los individuos- con masivas privatizaciones y reducciones de impuestos. Es un modelo que sigue vigente. Incluso cuando fuerzas aparentemente progresistas ganaron las elecciones en Europa: Blair y González o en América: Clinton, no intentaron regresar al intervencionismo, sino que, con la atinada denominación de Tercera Vía fusionaron ambos modelos dotando al nuevo de un rostro más humano. Los altos niveles de imposición fiscal a los segmentos de mayores ingresos por rentas del trabajo o el capital no regresaron y la merma de los ingresos estatales fue compensada por impuestos al consumo como el IVA con lo que los estados no redujeron sus niveles de ingresos y pudieron atender a las nuevas necesidades en parte con recursos que antes se habían dedicado a financiar empresas públicas deficientes.
Este nuevo, ya no tan nuevo, paradigma, se ha instalado en el imaginario de muchos actores. Están convencidos de que hay sectores de la actividad económica que funcionan y en muchos casos tienen éxito, gracias exclusivamente, o casi exclusivamente, a la iniciativa privada. Eso es lo que ocurre en España con la principal actividad de nuestra economía cuyo éxito se debería tan solo a la actuación de unos grandes empresarios. Sin duda, el papel del recientemente fallecido Escarrer, de los Riú, Barceló y Fluxá ha sido determinante, pero no hubiera sido posible sin la actuación del Estado, de cualquier color político que, desde el comienzo del turismo de masas incrementó la promoción internacional, permitió la ocupación exagerada de nuestras costas y financió las infraestructuras físicas y jurídicas necesarias para el correcto funcionamiento del nuevo fenómeno.
Como señala Wolf ,las sociedades actuales se basan en instituciones que ofrecen estabilidad, seguridad y previsibilidad. Las instituciones más importantes son las del Estado. Wolf cita a Fukuyama al señalar que sin un servicio público neutral, competente y profesional la sociedad no funciona.
Incluso en el actual contexto de liberalismo económico, el estado sigue teniendo un papel determinante en el proceso de funcionamiento del sistema turístico. Casi desde el momento en el que una familia inglesa, pongamos por caso, porque son los que más nos visitan, abandona su casa en la isla, para pasar aquí unos días y durante el transcurso de sus vacaciones, y hasta que regresa, el estado, a veces la herencia del estado, el suyo o el nuestro, está presente garantizándoles la seguridad física y jurídica.
Del estado dependen la fiscalidad que marca el precio final, el coste de la necesaria energía, muchas infraestructuras, las playas, las costas, los museos y parques naturales donde disfrutan los turistas e, incluso la sanidad. El proyecto turístico mundial más importante de los últimos 50 años el parque Disney, en las afueras de París, fue posible por una intervención masiva del gobierno francés, que ofreció todo tipo de facilidades e incluso inversiones directas como el tren de alta velocidad con el centro o la compra y cesión del terreno.
El sistema no podría funcionar sin la actuación del Estado, pero sí podría hacerlo (mal) sin la iniciativa privada como comprobamos cada vez que visitamos un Parador, pero en todo caso, más vale no hacer experimentos y dejar las cosas como están. Como dicen los americanos: si no está roto no lo arregles. @mundiario


