Trump, valiente con los débiles: humilló a Zelenski en el Despacho Oval
Si algo ha quedado claro en la reciente reunión en el Despacho Oval entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, es que el presidente de Estados Unidos es un hombre de convicciones firmes... siempre que tenga delante a un interlocutor vulnerable. En una escena de tensión inusitada, Trump humilló a Zelenski en su propia casa, levantando la voz y advirtiéndole de que "no está en buena posición" y que "debería estar agradecido". Afirmó, además, que el mandatario ucraniano está "jugando con la tercera guerra mundial", en un tono de admonición que bordeaba la amenaza.
El episodio es una muestra más del estilo que ha caracterizado a Trump desde su entrada en la política: agresivo con los aliados más débiles, complaciente con los autócratas. Mientras a Zelenski le exige concesiones drásticas, a Vladimir Putin le ha dedicado elogios como "genio". Así, en un gesto de presión que bordea el chantaje, Trump ha condicionado su apoyo a Ucrania a la firma de un acuerdo económico en el que Kiev cedería a EE UU el 50% de los ingresos provenientes de sus recursos minerales y energéticos.
No ha importado que Zelenski le recordara que "nosotros firmamos un acuerdo con Putin y no lo cumplió". No ha importado que la seguridad de Ucrania siga en vilo ante una Rusia hostil. Trump no ha ofrecido compromisos claros sobre el apoyo militar estadounidense, limitándose a sostener que el mero hecho de que Estados Unidos tenga intereses económicos en Ucrania ya es una garantía suficiente de estabilidad. Un argumento que, en términos prácticos, suena a una versión moderna de la "paz por el comercio", sin ningún respaldo real a la soberanía de Kiev.
A la beligerancia de Trump se sumó la de su vicepresidente, J.D. Vance, quien acusó a Zelenski de ser "irrespetuoso" por "pelearse delante de los medios" en el Despacho Oval. Como si el problema no fuese el desdén con que la administración republicana está tratando a un país que lleva dos años en guerra por la invasión rusa, sino el hecho de que el líder ucraniano se atreviera a responder.
Lo cierto es que, pese a las bravuconadas de Trump, los hechos siguen hablando por sí solos. Rusia comenzó su agresión en 2014 con la anexión de Crimea y, en 2022, lanzó una invasión a gran escala que ha devastado Ucrania. Zelenski fue elegido democráticamente y no ha convocado elecciones porque la ley marcial en tiempos de guerra lo impide. Mientras tanto, Putin se perpetúa en el poder mediante elecciones dudosas y enfrenta una orden internacional de arresto por crímenes de guerra.
Trump, sin embargo, parece más interesado en cerrar un trato que en respaldar una victoria de Ucrania. "O haces un pacto, o nos vamos", espetó, como si la alternativa a la negociación fuese el abandono de Kiev a su suerte. Este pragmatismo de corto plazo deja en evidencia el giro de 180 grados de la política exterior estadounidense con respecto a la administración de Joe Biden, que prometió apoyo "todo el tiempo que haga falta".
En este contexto, Europa observa con inquietud. Keir Starmer, el primer ministro británico, ha convocado una reunión de líderes europeos para abordar la seguridad de Ucrania, conscientes de que un mal acuerdo con Trump podría hipotecar el futuro del país invadido.
Trump se jacta de estar "alineado con Estados Unidos y el bien mundial", pero sus palabras y acciones dicen otra cosa: su prioridad es el negocio, no la seguridad de Ucrania. Alardea de querer evitar una tercera guerra mundial, pero lo hace presionando al agredido y no al agresor. Es un líder que parece disfrutar la humillación de los débiles, pero que rara vez muestra la misma valentía ante los fuertes. Y ese es, quizá, el mensaje más revelador de todo este episodio. @mundiario
