Plato del día

Triste y solo, solo se queda el Congreso…

Ahora mismo, en pleno trámite de divorcio entre Junts y el PSOE, el hemiciclo que liberamos, una vez, de un tal Antonio Tejero, está siendo víctima de un sucedáneo de 23-F en el que, ni un sucesor de Suárez es capaz de afrontarlo de pie y corre el peligro de acabar echándose al suelo.
¡Todo el mundo al suelos...!
Míriam Nogueras, portavoz de Junts, y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / RR.SS

¡Oh, aquellos tiempos en los que, por las noches, se abandonaban los libros en los Colegios Mayores de Compostela, se empuñaban las guitarras, las bandurrias y las panderetas, y se iniciaban los ensayos para ir progresando adecuadamente en una asignatura permanentemente pendiente: que ellas saliesen al balcón poco antes de que pasase la ronda! Invade hoy mi cabeza, con la frente marchita y la sienes plateadas, un halo de nostalgia de aquellos antaños, en las rectas finales de cada curso, en los que resultaba imposible evitar una lánguida despedida: Triste y sola, sola se queda Fonseca, triste y llorosa queda la universidad…

Cinco y pico décadas después, en este largo y tortuoso final de curso legislativo que nos espera, me invade una sensación parecida ante el inminente futuro que le aguarda al Congreso de los Diputados, esa peculiar universidad en la que tantas y tantos, durante casi cinco décadas, han ido progresando adecuadamente (algunos en democracia, otras y otros en el complejo arte de apretar el botón adecuado, incluso, algún que otro alumno aventajado, en la dirección de orquesta sin necesidad de batuta, oye, sino con dedos: un dedo si, dos dedos no, tres abstención) Porque, verás, ha sido salir Míriam Nogueras por la tele y mandar parar, con esa voz de marioneta manejada por hilos desde Waterloo, y he vuelto a sentir el mismo nudo en el estómago que cuando Fonseca se quedaba vacía: Triste y solo, solo se queda El Congreso/triste y llorosa queda la actividad parlamentaria/y las leyes, las leyes empeñadas en algún otro monte sin piedad.

Se ha declarado la Cámara Baja en suspensión forzosa de actividad, se han acogido sus señorías a 350 ERES blindados con el montante total de sus salarios y, las respectivas voces y respectivos botones de sus respectivos amos, se resignan ya a clamar o votar en el desierto. Si José Mota, por ejemplo, fuese diputado (¡la providencia no le deje caer en esa tentación!), su célebre y celebrada frase: si hay que ir se va, pero ir por ir…, coincidirán ustedes conmigo en que resonará en los hogares de diputados y diputadas cada vez que salgan por las mañanas, total pa na.

Y luego, claro, están las chicas y los chicos de la prensa, los porteadores de cámaras, los cazadores de primicias con alcachofas, padeciendo la veda parlamentaria y acostumbrándose a los nuevos safaris, con abundancia de piezas a tiro, a las puertas de los tribunales de justicia en los que, las listas de espera en el sistema de salud democrática, practican la competencia desleal con las ya de por sí homologadas en el sistema de salud sanitario.

Triste y sola, triste y llorosa, en realidad, debería permanecer la sociedad española… @mundiario

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