¡Torrente for President!
Me crean ustedes o no, les aseguro que no he recibido ningún tipo de estímulos, por parte de Santiago Segura, para colar el título que me ha venido a la cabeza al inicio de esta reflexión. De manera que cualquier semejanza con la cruda realidad, no es pura coincidencia, sino algo inevitable. Uno no tiene la culpa de que hayan sido los presidentes que han ocupado La Moncloa, en lo que va siglo, determinantes inspiradores de la saga de Torrente. Que, uno tras otro, con fotos de la Azores, pies encima de una mesa de Camp David, crisis letales económicas, culturetas con masónicas señales de la ceja, primos negacionistas del cambio climático, hilillos del Prestige, extraños compañeros de cama y, en su conjunto, portadores de brazos tontos de la ley, se lo han ido poniendo a huevo a Santiago para desarrollar sus guiones y rodar sus películas sobre seguro, perdón, sobre Segura.
Ahora que está a unos días de estrenar Torrente Presidente, no correría uno el mínimo riesgo redactando una crónica a priori de la magnífica acogida de su peli, con muchas probabilidades de no hacer justicia con las sucesivas crónicas a posteriori. Porque Santiago Segura no es solo un señor que no tiene un pelo de tonto, sino un disciplinado discípulo en el arte Berlanguiano de hacernos reír a partir de la cruda y triste realidad. Ha tenido la suerte de tener al alcance de su cámara, sucesivos inspectores Clouseau como Fernández, como Zoilo, como Marlaska, que así se las ponían a Fernando sétimo, oye; y una réplica de la hilarante comedia de Jardiel Poncela: Los ladrones somos gente honrada, con la que no soñó poder inspirarse a base de Bárcenas, Villarejos, El Bigotes, Koldos, Ábalos, Cerdanes y ese inesperado elenco de cómicos que han salido de las canteras de Ferraz y la calle Génova.
De manera que menos lobos, señor Segura. Porque, padre solo habrá uno, pero personal para tirarse lo que le queda de vida haciendo reír al respetable público en las salas de cine, en un paréntesis del día tras día de españolitas y españolitos a los que no ha guardado el Dios de Antonio Machado, dispone usted de mas musas y musos que el sultán de Tokapi en su harén.
Personalmente, no me pierdo Torrente Presidente, así se obre el milagro de que dimita el día del estreno Pedro Sánchez, o se mantenga con la boca cerrada Ayuso, o entone el mea culpa Mazón, o Guardiola aparezca por fin investida, en vez de seguir desnuda frente al mundo o que, a Tezanos, por ejemplo, víctima de un lapsus, se le escape una encuesta del CIS que pueda herir la sensibilidad de La Moncloa, o que la palabra de Feijóo, por fin, sea palabra de Dios en el camarote de los hermanos Marx en Génova, 13. Por nada del mundo me perdería yo la primicia de un Presidente cinematográfico, que es el compendio de sucesivos presidentes que han protagonizado, en carne y hueso, en vivo y en directo, este pedazo de historia del siglo XXI más cutre, más insignificante, menos estimulante, más estúpida, más pequeña, que jamás debería ser contada, salvo para echarnos unas risas cuando a este país, alguna otra generación, vuelva a tomárselo en serio.
Hasta entonces, a mí que no me esperen en las urnas. Solo acudiré a la sala de cine en la que se exponga al escrutinio el candidato a Presidente Torrente. @mundiario


