¿A quién beneficia el rearme europeo?
La respuesta es muy sencilla y bastaría con repasar el comportamiento de las Bolsas europeas una vez que las autoridades comunitarias (Comisión Europea) anunciaron que los Estados de la unión van a incrementar sobremanera el gasto público en armamento. Pero el tema por su relevancia merece otras reflexiones.
Así podemos empezar señalando que con esta decisión los jerarcas y burócratas de la Unión Europea vuelven a poner de manifiesto cuales son para ellos los intereses prioritarios. Si acudimos a las hemerotecas comprobaremos que cuando se trata del gasto público en empleo, bienestar social y medio ambiente que benefician a las mayorías sociales las autoridades comunitarias vigilan con celo franciscano el cumplimiento de las reglas fiscales de control del déficit y la deuda (Tratado de Maastrich, Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza). Cosa que no sucede cuando se trata de financiar con fondos públicos a los bancos castigados por sus excesos e inmensa avaricia, a las farmacéuticas que hacen negocio con las pandemias o, como sucede ahora, a las grandes empresas armamentísticas que se forran vendiendo armamento. En estos últimos casos, como se trata de “emergencias” los Estados de la unión están exentos de la obligación de cumplir los tratados y las reglas fiscales pudiendo incrementar sus déficits y sus deudas. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Lo que sí sabemos ahora es cuáles fueron los resultados de las dos primeras decisiones por lo que podemos adelantar cuáles serán los de esta última. En el caso de los “rescates bancarios” la ingente cantidad de recursos públicos empleados, cifrada por fuentes comunitarias en 465.000 millones de euros (3,3% del PIB de la UE) de un presupuesto global de 820.900 millones se utilizó tanto para sanear los balances de los “bancos rescatados” (62 bancos de 15 países) como para que estos pudieran seguir especulando con las deudas y otros productos derivados y/o comprando sus propias acciones para así incrementar el valor de sus patrimonios y el de sus accionistas. Unas prácticas que implican elevados niveles de apalancamiento y que, por ello, anuncian nuevas crisis bancarias.
No cabe duda de que la pandemia de la COVID 19 dejó en Europa varia enseñanzas. La primera fue que las políticas de austeridad, como las que impusieron las autoridades comunitarias, debilitan enormemente los servicios públicos de bienestar, lo que reduce la capacidad para responder a las pandemias, y así sucedió con la COVID 19 cuando la sanidad privada puso en evidencia sus limitaciones. La segunda fue el gran fracaso cosechado en la provisión de vacunas por dejarla en manos de las grandes farmacéuticas que, manteniendo el criterio del máximo beneficio y no de la mayor necesidad, provocaron que la respuesta de la Unión Europea a la pandemia fuera un enorme fiasco y todo hace temer que con las próximas pandemias sucederá lo mismo. Dejar que las empresas farmacéuticas decidan el tipo de vacuna y los precios es un auténtico suicidio; pero esta es la política que domina, hoy por hoy, en la Unión Europea que, en este caso, permitió que las grandes farmacéuticas obtuvieran enormes ganancias con la COVID 19 (las cuatro grandes farmacéuticas obtuvieron una ganancia global estimada en 90.000 millones de dólares) al tiempo que hubo más de 200 millones de contagios y casi 2.300.000 fallecidos.
Si con la crisis bancaria los grandes beneficiarios fueron los bancos y con la pandemia las grandes industrias farmacéuticas ¿qué va a pasar con el rearme? Fácil deducir quien se va a beneficiar del plan europeo de un rearme militar cifrado en 800.000 millones de euros y del paralelo incremento del gasto militar hasta un 3,4% del PIB. Si tenemos en cuenta la gran dependencia que actualmente tiene la Unión Europea de la industria militar estadounidense y que, a corto y medio plazo no hay posibilidades reales de conseguir una autonomía militar, la respuesta está muy clara: será el complejo militar industrial estadounidense quien se beneficie lo que hará a la Unión Europea aún más dependiente del mando militar de la OTAN, que es lo mismo que decir de los Estados Unidos. El argumento de que facilitará una mayor autonomía estratégica de la Unión Europea no tiene ninguna base sólida.
Pero ¿por qué no nos preguntamos si actualmente es necesario este rearme? La respuesta es NO. ¿Por qué?: por varias razones y la primera sería que en la actualidad la Unión Europea que en conjunto suma el segundo gasto militar del mundo, solo inferior al de los Estados Unidos, es militar y económicamente superior a Rusia además de contar en su territorio con elementos disuasorios como las bases militares estadounidenses con ojivas nucleares. La segunda, que esa idea de que “Rusia, o sea Putin, quiere invadir Europa” es una gran falacia porque, aunque así fuese, que no es el caso, si no es capaz de vencer a Ucrania ¿cómo va a serlo de invadir Europa? La tercera y última es que si tenemos en cuenta las dos primeras podemos entender cuál es el real objetivo de esta estrategia militarista: apoyar la hegemonía mundial militar de la OTAN. Un objetivo que no encaja con la proclamada defensa de los derechos humanos, la democracia y la paz a nivel europeo y mundial, pero que sí coincide con el auge de los totalitarismos y la inseguridad. Un auge que aleja a la paz en el horizonte.
No es casualidad que sean Francia y Gran Bretaña, a los que se ha unido Alemania, los gobiernos más beligerantes, pues también son los que cuentan con una industria militar más potente en Europa. Evidencias que de nuevo confirman la respuesta a la pregunta que encabeza este artículo: el rearme militar propuesto por las autoridades comunitarias beneficia en primer lugar a la gran industria militar estadounidense y en muy segundo lugar, las migajas, a las industrias militares francesa, británica y alemana. Evidencias que sirven para poner en cuestión las razones que justifican el rearme y su sinceridad, que ya quedara en entredicho con la actitud militarista y agresiva con Rusia, haciendo con ello seguidismo de la OTAN, mucho antes de que ésta invadiera Ucrania: ¿hay que hacer memoria de las promesas hechas a Gorbachov que luego se incumplieron?
No, no seremos los ciudadanos europeos quienes nos beneficiemos de este disparatado gasto militar, sino que seremos los paganos. Tampoco se incrementará nuestra seguridad sino todo lo contrario: crecerá la inseguridad y el riesgo de un conflicto nuclear en Europa. Quien si se beneficiará será el gran complejo militar-industrial occidental, con los Estados Unidos en lugar muy destacado, Por esta razón y las anteriores afirmo que los dirigentes europeos mienten, se equivocan y hacen el ridículo una vez más. @mundiario