El PSOE se salvó pero no fue gracias al PSdeG
En la reciente contienda política que enfrentó el 23-J a los bloques de la izquierda y la derecha en España, quedó claro que Junts, el partido de Carles Puigdemont, pese a bajar en votos y en escaños, jugará un papel crucial en el escenario político español. No obstante, fue el PSOE el que celebró una victoria relativa tras sortear una especie de plebiscito contra el sanchismo.
Con unos resultados electorales que se perfilaron como los mejores de su líder actual en unas elecciones generales, Pedro Sánchez atesoró un aumento en el porcentaje de votos al 31.7% y una cifra de 7,7 millones de votantes, un millón más que en 2019.
Este resultado del PSOE y del bloque de la izquierda no debe ser subestimado, sobre todo si se toma en consideración el varapalo electoral que el PSOE había sufrido en las elecciones municipales y autonómicas del 28-M.
Mientras el PSOE y Pedro Sánchez pueden celebrar su recuperación política, este estado de gracia no se refleja en todas las ramas del partido
En mayo, el partido de los socialistas experimentó una pérdida significativa de poder territorial, cediendo el poder en seis de las nueve comunidades autónomas y numerosos ayuntamientos. No obstante, mientras el PSOE y Pedro Sánchez pueden celebrar esta recuperación política, este estado de gracia no se refleja en todas las ramas del partido.
Distintas prioridades
Los apuros de los socialistas en su forzada negociación con Puigdemont para elegir a Armengol no hubieran sido, por ejemplo, los mismos si el PSdeG - PSOE no hubiera perdido tres escaños el 28-J. Ahora el PSOE tendría 124 escaños, en vez de 121, y el PP 134 en vez de 137, con lo cual la suma de los bloques de izquierda y derecha sería tan distinta que Puigdemont no sería decisivo, como lo fue este jueves para elegir a la presidenta del Congreso de los Diputados.
El Partido Socialista de Galicia (PSdeG), bajo la dirección de Valentín González Formoso, no estuvo a la altura del PSOE. En Galicia, la formación experimentó un descenso en el porcentaje de votos y sufrió la pérdida de tres escaños en el Congreso, además de un senador. Estos resultados divergentes sugieren que el PSOE se enfrenta a desafíos adicionales, especialmente en comunidades como Galicia, donde fue de más a menos entre 2019, con Gonzalo Caballero, y 2023, con Valentín González Formoso.
La relevancia de estos resultados electorales radica en que parte de los desafíos que el PSOE enfrenta actualmente, en particular en su relación con Junts, pueden ser atribuidos a su desempeño en algunas comunidades. La derrota en Galicia no solo debilitó su posición en el mapa político, sino que también introdujo una dosis de incertidumbre, manejada con sordina, en los círculos de poder socialista y dentro de la propia ejecutiva del partido.
Es evidente que el PSOE es consciente de los problemas que afrontan los socialistas en comunidades clave como Galicia y Andalucía, donde están cayendo. Aunque las soluciones no sean actualmente prioritarias en el escenario español, para el PSdeG sí lo son, dada la proximidad de las elecciones autonómicas en Galicia.
En resumen, las batallas políticas de mayo y julio han revelado tanto los logros como las áreas de preocupación dentro del PSOE y a medida que España avanza en este nuevo panorama político, la incertidumbre y la confianza se entrelazan en una danza delicada. @mundiario

