CARTA DEL EDITOR

El PP tiene la solución en casa para frenar a la extrema derecha: en Galicia, y solo en Galicia

Aragón y Extremadura confirman que la estrategia del adelanto electoral fortalece a la ultraderecha, mientras Galicia sigue demostrando que existe otra vía para el centro-derecha, con Vox sin diputados ni concejales.
Ilustración de Alfonso Rueda, la única referencia probada de éxito electoral para el PP de Feijóo, ahora atenazado. / Mundiario
Ilustración de Alfonso Rueda, la única referencia probada de éxito electoral para el PP de Feijóo, ahora atenazado. / Mundiario

Las elecciones autonómicas en Aragón han vuelto a dejar una conclusión incómoda para el Partido Popular: cada vez que intenta resolver su relación con Vox mediante atajos tácticos, termina reforzando a la ultraderecha. El resultado aragonés, casi calcado al de Extremadura, no solo confirma a Vox como la fuerza con mayor potencial de crecimiento en la derecha española, sino que consolida su normalización como actor central del sistema político. Y ojo: es la primera vez que los dos grandes partidos pierden respaldo de manera simultánea.

El adelanto electoral impulsado por Jorge Azcón tenía un objetivo explícito: reducir la dependencia de Vox, que complicaba la gobernabilidad y la aprobación de los presupuestos. El efecto ha sido exactamente el contrario. Vox suma decenas de miles de votos, duplica sus escaños y se sitúa en una posición aún más decisiva. El PP gana, pero pierde autonomía. Y el PSOE, de nuevo, queda atrapado en un suelo electoral que evidencia su debilitamiento territorial.

Más allá del reparto de escaños, Aragón certifica un cambio de fondo: el bipartidismo ya no ocupa en solitario el centro del electorado. Vox ha entrado en ese espacio y lo hace no solo por su propia estrategia, sino también por los errores del PP, que ha convertido los adelantos electorales en un regalo político para su competidor por la derecha. La repetición del patrón en dos comunidades distintas invita a una reflexión más profunda sobre el rumbo del principal partido del centro-derecha español.

Es la primera vez que los dos grandes partidos pierden respaldo de manera simultánea. En Galicia, la moderación del PP ha dejado a la ultraderecha fuera de las instituciones

Las explicaciones pendientes no son solo del PP. El PSOE encadena derrotas autonómicas incluso cuando presenta candidatos con alto perfil institucional y proyección mediática. La identificación del proyecto territorial socialista con el Gobierno central y la apelación genérica al miedo a la ultraderecha no están funcionando. La erosión del poder autonómico socialista es ya estructural y apunta a un problema estratégico de largo recorrido.

En este contexto, la relación entre el PP y Vox se ha convertido en una paradoja permanente. Necesario para gobernar en muchos territorios, el partido de Santiago Abascal erosiona al mismo tiempo la credibilidad del PP como opción moderada y democrática. Pactos, rupturas, imitaciones discursivas y conflictos constantes han terminado por reforzar a Vox, que gana visibilidad y apoyo cada vez que entra en escena como socio o antagonista preferente.

Sorprende que Feijóo no haya impuesto en Madrid su estrategia gallega, dejándose llevar por quienes saben menos que el, aunque tengan más chulería

Sin embargo, hay una excepción que cuestiona la idea de que este escenario sea inevitable: Galicia. Allí, Vox es políticamente irrelevante. No tiene representación parlamentaria, ni alcaldías, ni concejales. El PP gobierna con mayorías absolutas consecutivas desde hace quince años, primero con Alberto Núñez Feijóo y ahora con Alfonso Rueda, sin necesidad de pactos ni de escorarse hacia posiciones extremas. Sorprende en ese sentido que Feijóo no haya impuesto en Madrid su estrategia gallega, dejándose llevar por quienes saben menos que él, aunque tengan más chulería.

El modelo gallego se apoya en una cultura política que penaliza la confrontación permanente y premia la estabilidad. La moderación no se interpreta como indefinición, sino como solvencia. Ese equilibrio ha permitido al PP ocupar todo el espacio del centro-derecha sin dejar resquicios a la ultraderecha, que no ha logrado arraigo social ni institucional.

Feijóo, ante una contradicción evidente

El contraste con lo que ocurre en otras comunidades es revelador. Allí donde el PP compite con Vox en radicalidad o lo incorpora a la gobernabilidad, la ultraderecha crece y se legitima. En Galicia, donde se marcan distancias claras y se evita la polarización, Vox no encuentra espacio. La diferencia no es cultural únicamente, sino estratégica.

Para Feijóo, la contradicción es evidente. Su liderazgo nacional se construyó sobre la promesa de trasladar el modelo Galicia al conjunto de España. La práctica, sin embargo, lo ha llevado a una dependencia de Vox que diluye ese perfil y refuerza al adversario. Alfonso Rueda encarna justo lo contrario: un PP que gobierna sin ruido, sin imitaciones y sin concesiones a la ultraderecha. Lo fácil en este caso es decir que Galicia es diferente, lo cual puede ser cierto, pero no tanto como para no querer ver la realidad. Galicia es un país con ciudades importantes y áreas metropolitanas ricas –A Coruña y Vigo son hoy referentes socioeconómicos y de vanguardia en España–, ciudades medianas, villas, pueblos, parroquias y aldeas pero en ninguna parte está Vox, ni se le espera. 

La lección gallega resulta tan clara como incómoda para la dirección nacional del PP. Existe una alternativa a la montaña rusa con Vox, pero exige coherencia, paciencia y voluntad de marcar límites nítidos. No garantiza victorias inmediatas en todos los territorios, pero sí preserva una identidad política capaz de construir mayorías estables. En Galicia, esa apuesta ya ha dado frutos. La pregunta es si el PP español se atreverá a asumirla más allá del noroeste o si seguirá fortaleciendo, elección tras elección, a quien dice querer contener. El PP tiene la solución en casa para frenar a la extrema derecha: en Galicia, y solo en Galicia. @J_L_Gomez en @mundiario

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