El PP en el laberinto de los pactos de Gobierno

El peor escenario para el Partido Popular sería gobernar con Vox. Contradicciones y estridencias opacarían la acción de Gobierno y dañarían la imagen en Europa.

Carlos Mazon en el centro de la imagen. / @ppcv
Carlos Mazon será presidente de la Comunidad Valenciana con Vox en el Gobierno.

De la misma forma que los electores acuden a las urnas pensando más en las expectativas de futuro que en la gestión efectivamente realizada por los Gobiernos, también los partidos políticos adoptan esa actitud ante los pactos postelectorales. No es lo que hicieron en el pasado lo determinante sino la nueva correlación de fuerzas abierta tras las elecciones. De ahí que ante un mismo resultado adopten posiciones diferentes en distintos lugares. Véase el caso del PSC con Junts, donde han optado por soluciones diferentes en el municipio de Barcelona y en la Diputación, o del PSOE en Galicia donde ha pactado con el BNG en muchos lugares pero no en las dos ciudades principales.

Así, ante la eventualidad de un cambio en el Ejecutivo estatal, PNV, Coalición Canaria y los partidos provinciales como Teruel Existe, Regionalista Cántabro, Chunta y otros, están pactando ya con el PP Ayuntamientos y Gobiernos autonómicos o asumiendo la posibilidad de hacerlo con el Gobierno de la Nación. Es una actitud racional, pues dada su base electoral deben tratar de maximizar sus votos con el Gobierno de turno.

El PP se ve enfrentado, casi simultáneamente, a tres niveles de pactos. En las elecciones locales ha llegado a un acuerdo con Vox en 135 municipios, con el PNV en media docena y con el PSOE nada menos que en Barcelona y también Vitoria, además de acuerdos con otras fuerzas menores. En el plano autonómico ha acelerado el acuerdo con Vox en Valencia y lo ha demorado en Extremadura mientras todavía negocian en Aragón, Baleares y Murcia, con el objetivo común de mantener al partido de Abascal fuera de los Ejecutivos autonómicos. El mensaje subyacente es que no existe un compromiso general con la derecha radical, sino acuerdos territoriales derivados de la correlación de fuerzas.

Sin embargo, el hecho político más relevante, será la constitución del Gobierno de España. De nuevo la aritmética electoral se impondrá al discurso. Feijóo necesitará alrededor de 150 escaños y en todo caso más que la suma de todos sus oponentes, para evitar a Vox en el Ejecutivo. Solamente con dicho número y contando con la anuencia de los 10-12 escaños de los grupos citados anteriormente, podrá gobernar en minoría. Si puntualmente fuese necesario siempre podría recurrir a Vox. El problema de ese planteamiento es obviamente la inestabilidad. La suma tendrá que ser tal que descarte una moción de censura asumiendo al mismo tiempo que los votos de esos pequeños grupos tendrán un coste desorbitado en términos presupuestarios. Es la lógica del trueque de votos por concesiones.

Vox no quiere asumir el papel de comparsa, por lo que ha enviado un aviso claro en Extremadura permitiendo que el PSOE presida la Asamblea y arriesgando una posible repetición de elecciones, de resultado incierto. Pues, si bien la candidata popular ha mostrado temple y gallardía, solo será respetada si consigue gobernar. Ante una repetición de elecciones en octubre próximo pueden aparecer otras variables que hagan imprevisible el resultado. De hecho en el PSOE ya se cuestiona a Fernández Vara como candidato ante ese supuesto.

A menos de un mes de los comicios el resultado final en términos de Gobierno sigue abierto. Las encuestas descuentan la mayoría parlamentaria popular, pero el Gobierno depende de los resultados de varios grupos y de las combinaciones resultantes. El último escenario que el PP desea es un Ejecutivo de coalición, donde el nivel de ruido y espectáculo opacaría las medidas de gobierno además de ofrecer una mala imagen en Europa.

Vox lo sabe por lo que incrementa la presión en todas las negociaciones. También a nivel interno desplazando a los dirigentes más moderados en favor de los radicales. La batalla que libra Abascal no es solo por los votos sino por la hegemonía de la derecha y, por tanto, contra el PP. Es poco probable que electores socialistas o de la izquierda radical migren a Vox, pero sí es posible que lo hagan electores populares.

La política es una actividad racional. Las consideraciones morales sobre los partidos o sus dirigentes se utilizan habitualmente en los discursos mientras que los pactos se sustentan en consideraciones estratégicas una vez que los electores se han pronunciado. @mundiario

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