El PP no encuentra su manual de gestión de crisis

A cada pregunta dos respuestas, por cada respuesta dos preguntas.

Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón, presidente de la Comunidad Valenciana. / PP
Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón, presidente de la Comunidad Valenciana. / PP

En enero de este año, publiqué un artículo sobre la crisis de los pellets, en el que señalaba que el Partido Popular carecia de un manual de gestión de crisis.

El origen de los manuales de crisis se remonta a 1989, cuando el petrolero Exxon Valdez vertió millones de litros de petróleo en las aguas de Alaska. La respuesta inicial fue deficiente. La petrolera acudió entonces a la agencia de relaciones públicas Burson-Marsteller, que desarrolló un manual con instrucciones precisas sobre cómo comunicar en medio de una crisis, sentando las bases de lo que serían los manuales de gestión de crisis. Destacaba la necesidad de una comunicación clara, la aceptación de responsabilidades, no echar la culpa a otros, decir siempre la verdad, la respuesta ágil sin minimizar la situación y la necesidad de un portavoz único.

El PP ha tenido múltiples ocasiones para aplicar estos principios, pero ha fallado en todas ellas. En noviembre de 2002, el petrolero Prestige encalló en la costa gallega. En lugar de controlar el derrame, las autoridades decidieron remolcar el buque mar adentro, lo que terminó provocando una de las peores catástrofes medioambientales en la historia de España. El gobierno subestimó la situación. El entonces presidente, Mariano Rajoy, trató de minimizar la gravedad del incidente con la expresión hilillos de plastilina, que quedaría grabada en la memoria colectiva. La falta de transparencia y de comunicación efectiva amplificó el desastre.

Unos meses después, en mayo de 2003, ocurrió el trágico accidente del Yak-42, en el que murieron 62 militares españoles, la mayor tragedia del ejército en tiempos de paz. La gestión del entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, fue duramente criticada. No solo se cometieron errores en la identificación de los cuerpos, sino que Trillo culpó al Estado Mayor de Defensa, evitando asumir la responsabilidad. Esta respuesta generó indignación en las familias y en la sociedad.

El 11 de marzo de 2004, España sufrió el peor atentado terrorista de su historia. A pocas horas de las elecciones generales, el gobierno de José María Aznar insistió en que la autoría era de ETA, a pesar de la falta de pruebas. La frase el pueblo español no merece un gobierno que le mienta se convirtió en un grito de protesta cuando se descubrió que los atentados habían sido realizados por yihadistas.

El pasado 29 de octubre, la Comunidad Valenciana vivió una riada devastadora, el mayor desastre medioambiental de la historia reciente de España. Se han repetido los mismos errores de comunicación y coordinación en la respuesta.

La responsable directa de la coordinación, la consejera de Interior y Justicia Salomé Pradas cambiaba su relato a medida que sus declaraciones eran desmontadas como falsas.

Pero la responsabilidad principal es la del President de la Generalitat Calenciana Carlos Mazón que, con la ayuda de su equipo se iba desdiciendo continuamente. Su desaparición entre las 14.430 y las 19.30 del día 29 y la negativa inicial de su gabinete a dar explicaciones plantearon múltiples interrogantes. El gabinete facilitó a la prensa la agenda del día en la que figuraba un almuerzo con el presidente de la patronal valenciana, lo que inmediatamente, fue desmentido por este. El gabinete reculó asegurando que había sido un error y que se trataba de la agenda de una consellera, lo que abrió más interrogantes que respuestas. Afirmaron posteriormente que estaba en un almuerzo privado con lo que surgió la pregunta de si lo había pagado de su bolsillo. Luego el mismo aseguró que era un almuerzo de trabajo con lo que surgió la duda de porque no figuraba en su agenda del día.

Cuando se supo que había estado almorzando entre las 14.45 y las 18.00, con una periodista para ofrecerle la dirección de la televisión regional los periodistas se interrogaron acerca de cómo pudo ofrecer un puesto que debe ser asignado por el consejo de administración del organismo y que no va a quedar vacante hasta marzo del 2026. Cuando los medios indagaban sobre lo que había hecho entre las 18 y las 19.30 hora en la que se unió al comité de emergencias, su equipo aseguró que había estado en su despacho donde había sido informado puntualmente de la situación. Las preguntas a esa respuesta fueron inmediatas: ¿por qué no se conectó por videoconferencia como otros? y, si había sido informado puntualmente ¿qué necesidad hubo de informarle puntualmente a su llegada al centro donde se celebraba la reunión retrasando 45 minutos la toma de decisiones?

Tanto la consejera como el president intentaron responsabilizar al gobierno de la nación de los errores, pero sin asumir la tesis del presidente del PP de que este tenía que haber declarado el estado de emergencia y haberse hecho cargo de toda la operación. Burda maniobra para intentar matar dos pájaros de un tiro: apuntar los cañones contra Sánchez y al tiempo descalificar a Mazón. Ante el fracaso de la operación el partido ha elegido defender a su hombre en Valencia con el inevitable desgaste político que ha empezado a asomar con la manifestación del día 9.

La Generalitat y sus mandos incumplieron todas las recomendaciones de los manuales de gestión de crisis: ni comunicación clara ni aceptación de responsabilidades, echaron la culpa a otros, no dijeron la verdad y no tuvieron un portavoz único.

Tanto en el caso del Prestige como en el del 11-M los gobiernos responsables perdieron las siguientes elecciones. @mundiario

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