Posibles significados del nombre del nuevo papa
Pasados los días rituales posteriores al sepelio de Jorge Mario Bergoglio, y los protagonizados por las congregaciones de los cardenales y su cónclave, pocos acertaron cómo sería la elección de nuevo papa. Algunos, conocedores de los recovecos existentes tras la Plaza de san Pedro y, en las reuniones electorales de la Capilla Sixtina, intuyeron tras factores supuestamente espirituales, los detectables como en cualquier otro campo sociológico. Desde Religión Digital y Eclesalia Informativo vislumbraron qué iba a suceder y, el segundo de estos medios incluso adelantó el nombre del actual pontífice.
Los tópicos turistificadores de estos días televisados, taslucieron asuntos relevantes. La insistencia en que el Vaticano lideraba en el mundo unos 1.406 millones de católicos -tendencia confesional mayoritaria entre los 2.300 millones de creyentes cristianos-, con ser de gran relevancia para entender los comportamientos humanos, sobre todo en Europa y América, facilitó atender la evolución de esta estadística también en España, donde, al margen de otras confluencias confesionales, ha habido un gran cambio en los últimos ochenta años en cuanto a creyentes católicos. Desde la firma de los Acuerdos de España con la Santa Sede en 1979, algunas noticias destacaron un leve incremento último, y también mencionaron el número de niños y niñas matriculados en clases de Religión. Ambos tipos de datos -muy condicionados por otros-, no restan valor a que el 53% de los españoles se declaren católicos –hace 10 años lo hacía el 68%- y que sólo el 17% diga ser practicante (otro dato que, según se afine este concepto, fluctúa a la baja).
De todos modos, tal vez no se deba olvidar que insistir en esta cuantitatividad –repitiendo un debate habido al redactarse la CE78, cuando todavía estaba muy vivo el nacionalcatolicismo- para reafirmar la “aconfesionalidad” española vuelve a ser contradictorio. El término, más retórico que efectivo, no hace que el entrecruzamiento de intereses privados del catolicismo con los asuntos públicos del Estado sea pertinente en una democracia plural. Es fuente de conflictos permanente esta manera de encubrir la evolución de lo acontecido estos años en asuntos como la educación, derechos de la mujer con su cuerpo, o la eutanasia, por ejemplo. A los ojos de muchos ciudadanos –creyentes y no creyentes-, las interferencias episcopales en el funcionamiento cualitativo de la Constitución y en la libertad de conciencia, pocos argumentos ofrece para el reparto de recursos del presupuesto económico acordado; las diferencias respecto al Concordato de 1953 -que venía a repetir el de 1857-, más formales que operativas, condicionan el sistema educativo español y la modernidad democrática.
El nuevo papa -del que se ha insistido en que era “administrador” y “misionero”- pronto dejará señales de su capacidad para proseguir la apertura que se atribuye al pontificado de Francisco I, cuya encíclica sobre “el clamor de la tierra y el clamor de los pobres” exigía un “uso responsable” de recursos de los que no somos “propietarios y dominadores” (Enc. Laudato si): “el desarrollo humano integral y la inclusión social” no están “garantizados por el mercado”. La cercanía de Bergoglio a la gente quedó de manifiesto también en su otra ncíclica Fratelli tutti, “reconociendo la dignidad de cada persona” en que cuidar el mundo que nos rodea y cuidarnos a todos era lo contrario de “utilizar demagógicamente a los débiles”, o formas propicias “al servicio de los intereses económicos de los poderosos” (punto 155). Para mucha gente puede haber sido poco, pero en medio del vocerío reinante recordaba asuntos vitales. Los gestos de León XIV en estos días todavía son ambiguos; claman por la paz, pero siguen el comedido hábito vaticano, muchas veces ambivalente para la realpoltik que sigue en cada país.
Llamarse León XIV
La opción de Robert Prevost por la muceta, zapatos rojos y estola, sumada a sus primeras palabras como León XIV, parece indicar que será un papa más centrista que avanzado. Cauto para explorar caminos entreabiertos por su antecesor, podría decirse que, al modo de Pablo VI -sucesor de Juan XXIII-, va a ser un misionero que administre una síntesis de las posiciones internas de los eclesiásticos.
Haber elegido llamarse León XIV aclara poco. La historia real de su antepasado onomástico, sin concretar la supuesta apertura de su “encíclica social” Rerum novarum, viene a repetir, como advirtió Mark Twain, que “lo primero que hace el púlpito, jubiloso, es proclamarlo obra de Dios y exhortar al pueblo a caer de rodillas y profesar su agradecimiento” (Cartas desde la Tierra). Esta carta papal atendía a los problemas sociales que había generado el capitalismo industrial, pero leída despacio y contextualizada, su atención fue corta. En 1891 -fecha de su publicación-, el movimiento obrero llevaba ya más de 60 años peleando con quienes los trataban como mercancía barata. Sin seguros de ningún tipo ni protección legal, habían suscitado reacciones más avanzadas en círculos católicos; insistir en “la caridad” como solución al conflicto que planteaba la eufemísticamente llamada “cuestión social”, no era mucho avance. Ante aquellas miserias, tampoco lo era el lenguaje de esta carta, diferente según hablara a los capitalistas o a los proletarios. Desde los primeros párrafos condenaba el relato de estos y, opuesto a sus “cosas nuevas” con argumentos ya antiguos sobre la propiedad privada, “no dialogaba” con quienes andaban en aquel movimiento y llegaba tarde. El Manifiesto comunista era de 1848, y las primeras medidas estatales en pro de una “justicia social distributiva” –el origen del Estado Social- habían sido puestas en marcha en Alemania por Bismarck en 1883, quien para lograr “seguridad social”, no tuvo empacho en contradecir principios clásicos de la Economía Política liberal. La pobreza estructural que generaba aquel sistema laboral no lo solucionaba el voluntarismo caritativo de que hablaba León XIII, y poco cabía esperar de las prevenciones sobre la “libertad de enseñanza”, “libertad de cultos”, “libertad de expresión y libertad de imprenta”, que había mostrado en 1888, en otra carta-encíclica: Libertas praestantissimum.
Según los escolásticos, De nominibus non est disputandum (De los nombres no hay que discutir), pero si León XIV imita esta trayectoria, el cambio de ciclo histórico en que andamos –con la revolución digital por medio- no alterará su rumbo. Según el actor Harvey Keitel, “las decisiones que tomamos son lo que nos define”, y también Lucas, 6, 44 y Mateo, 7,16. dijeron antes que “por las obras los conoceréis”. En todo caso, necesitará algo más que suerte. @mundiario


