Plato del día

Al poder con gusto, como a la sarna, no deberían picarle las críticas

Se detecta un exceso de chicas y chicos de la prensa, ejerciendo de guardaespaldas mediáticos del gobierno, o sea, de los que mandan, y, claro, resulta inevitable impedir que se instale de okupa en la cabeza un proverbio vintage: ¡El que a buen árbol se arrima….!
Poder con gusto no pica
Pedro Sánchez y María José Montero. Poder con gusto no pica. / RR SS.

Busco y rebusco en mi cabeza una forma de hacerme entender, cada vez que un interlocutor, un amigo, un desconocido (entre el exiguo número de desconocidos que se han declarado lectores de mis artículos), me interpela por mi propensión a ver la paja en el ojo del gobierno e ignorar la viga en el ojo de la oposición. No resulta sencillo, entre manadas de colegas que se desviven por mostrarle a la sociedad el lado mas favorecedor de los que llevan el timón del BOE y colegas que se desmueren por presentar en sociedad a un cualificado aspirante a patrón del barco del Estado. Es prácticamente imposible, entre masas ideológicas e ideologizadas a las que les hacen creer que el suyo, progresista o conservador y viceversa, es el lado bueno de la historia, el paradigma de el país de las maravillas, el único camino a una tierra prometida que, legislatura a legislatura, acaba siempre convertida en un espejismo.

Porque, no nos engañemos, el negacionismo respecto al cambio climático que tanto ocupa y preocupa a Pedro Sánchez, ¡España será verde o no será!, por ejemplo, e bene trovato, como dirían los italianos, pero le falta añadir una cuestión complementaria que están dejando fuera de su relato los muy respetables y respetados templarios del ecologismo: cuando España al fin sea verde, ¡la providencia lo permita!, ¿echaremos de menos a una ministra, a un ministro que, en aquel año del Señor del 2025 hubiese añadido: ¡España será demócrata o no será!?

Porque aquí mucho hablar de la energía limpia, de los mares libres de detritos, de las redes vacunadas contra bulos, de mareas negras contaminando las playas del Poder Judicial, pero muy poco de la democracia sucia, del cambio climático en el Poder Legislativo, del contaminante y contaminado Decreto Ley en el Poder Ejecutivo. Aquí estamos muy preocupados, y con razón, por la salud del Planeta Azul, pero muy poco por la salud (por ejemplo la democrática, oye), de los que habitan y van ha habitar en él. Aquí, hemos convertido la política en un mero clásico en modo fútbol, con estadios mediáticos: periódicos, emisoras de radio, platos de televisión, redes sociales, tomados por fanáticas hinchadas a las que solo les preocupa que ganen los suyos y les importa un huevo, con perdón, cómo ganen y de qué manera administren sus victorias.

Y es ahí, en el ámbito de la futbolización de la política, donde encuentra uno el argumento para responder a los que me tachan de antigubernamental: ¿usted se imagina a un periodista deportivo criticando, indiscriminadamente, lo mismo a titulares en el terreno de juego que a suplentes en el banquillo, aspirando, ¡infelices de ellos!, a poder saltar al campo? Bueno, pues eso: sarna con gusto no pica y Poder, como afrodisíaco, es lo que tiene… @mundiario

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