Pescar igual, pero de forma más sostenible: un reto para el Mediterráneo

La UE admite que los pescadores puedan pescar casi los mismos días en el Mediterráneo, pero de forma más sostenible, para lo cual deberán mejorar sus barcos. Galicia mantiene su cuota de merluza y gana rape y gallo en aguas ibéricas, pero las pierde en Gran Sol.
Pesca de arrastre. / RR SS.
Pesca de arrastre. / RR SS.

La aprobación de las posibilidades de pesca en la Unión Europea para 2025 marca un punto de inflexión en el Mediterráneo. Bruselas ha logrado un acuerdo por unanimidad que mantiene, en teoría, casi el mismo número de días de pesca de arrastre que en 2024, pero sujeto a condiciones estrictas que buscan asegurar la sostenibilidad. Galicia mantiene su cuota de merluza y gana rape y gallo en aguas ibéricas, pero las pierde en Gran Sol.

Aunque el pacto es presentado como “equilibrado y responsable” por el comisario de Pesca, Costas Kadis, el sector pesquero mediterráneo lo percibe como un nuevo golpe que amenaza su viabilidad económica y social.

La propuesta inicial de Bruselas era radical: reducir de 130 a 27 los días de pesca de arrastre al año, un recorte del 79% que habría supuesto el fin del sector tal y como lo conocemos. Frente a este escenario, España, junto a Italia y Francia, alzó la voz para defender no solo los intereses de la industria pesquera, sino también a las miles de familias que dependen de ella.

El acuerdo alcanzado introduce 12 mecanismos de compensación que permiten a los pescadores incrementar los días de actividad si adoptan medidas más sostenibles, como el uso de artes de pesca selectivas o el respeto de vedas en zonas específicas. En teoría, si estos mecanismos se implementan de manera efectiva, los pescadores podrían alcanzar cifras similares a las de este año. Sin embargo, las dudas persisten sobre la viabilidad de estas medidas y su impacto real en la flota mediterránea.

Un esfuerzo que pone en jaque al sector

El sector pesquero, representado por organizaciones como Cepesca, lamenta que este acuerdo suponga un “esfuerzo adicional” que no todos podrán asumir. Desde la perspectiva de los pescadores, la adopción de estas medidas implica más inversiones en un contexto ya marcado por restricciones económicas. Cambiar de nuevo las mallas de las redes o adaptar los barcos a nuevas normativas puede ser insostenible para muchas embarcaciones pequeñas, que representan una parte importante del tejido pesquero en la región.

A esto se suma la reducción del 10% en la pesca de gamba roja, una de las especies más valiosas del Mediterráneo. Estas limitaciones, aunque justificadas desde una perspectiva medioambiental, tendrán consecuencias directas sobre los ingresos de los pescadores y, por ende, sobre las economías locales que dependen de esta actividad.

Entre sostenibilidad y viabilidad

La sostenibilidad de los mares es un objetivo innegociable. La sobreexplotación del Mediterráneo ha llevado a niveles críticos de muchas poblaciones de peces, poniendo en riesgo no solo el ecosistema, sino también el futuro de la actividad pesquera. Sin embargo, como advierten incluso organizaciones medioambientales como Oceana, el camino hacia la sostenibilidad debe ser justo y gradual, evitando imponer cambios drásticos que comprometan la supervivencia de comunidades enteras.

El plan de la UE, aunque bienintencionado, corre el riesgo de fracasar si no se acompaña de recursos y apoyo suficiente para que los pescadores puedan adaptarse. Las inversiones en tecnologías sostenibles, formación y una transición gradual serán clave para que el sector pueda cumplir con las exigencias sin desaparecer en el intento.

Un futuro incierto

El acuerdo alcanzado puede interpretarse como un compromiso político necesario para satisfacer tanto las demandas medioambientales como las económicas. Sin embargo, el desafío real comienza ahora. El éxito de este plan dependerá de cómo se implementen las medidas y de si los gobiernos nacionales y la UE logran acompañar al sector en este proceso de transformación.

En el Mediterráneo, pescar ya no será solo una cuestión de tradición o supervivencia económica, sino también de innovación y sostenibilidad. Pero el equilibrio entre estas dimensiones sigue siendo frágil. La pregunta es si los pescadores y Bruselas podrán trabajar juntos para encontrar un modelo que asegure que, en el futuro, el Mediterráneo sea tanto un mar lleno de vida como una fuente de sustento para las comunidades que lo rodean. @mundiario

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