Pedro Sánchez y el Nobel de María Corina Machado: una neutralidad que incomoda
Pedro Sánchez se ha metido en un terreno resbaladizo con su respuesta sobre el Nobel de la Paz concedido a la líder opositora venezolana María Corina Machado. En una entrevista en la Cadena Ser, el presidente del Gobierno afirmó que “no entra a valorar” el galardón, aunque añadió que “respeta y mucho el trabajo” de la dirigente liberal de Venezuela. Una fórmula calculada, pero insuficiente para evitar la controversia.
La cautela de Sánchez contrasta con su historial de felicitaciones públicas a otros premiados. Desde que llegó a La Moncloa en 2018, el presidente ha reconocido en redes sociales el mérito de galardonados como Denis Mukwege y Nadia Murad, Abiy Ahmed Ali o el Programa Mundial de Alimentos. Incluso antes de ser jefe del Ejecutivo, felicitó al expresidente colombiano Juan Manuel Santos y celebró el Nobel para Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi.
El problema es que esa costumbre se interrumpió en 2021. Desde entonces, Sánchez no ha enviado mensajes a ninguno de los cinco galardonados con el Nobel de la Paz, entre ellos periodistas encarcelados, activistas perseguidos o, ahora, la figura más visible de la oposición democrática venezolana. El cambio de actitud no pasa inadvertido y ha suscitado interpretaciones políticas.
Para algunos analistas, el silencio del presidente obedece a una estrategia diplomática: España mantiene una posición ambivalente ante el régimen de Nicolás Maduro, evitando alinearse con la línea dura de Washington y Bruselas. El reconocimiento del Gobierno español a María Corina Machado, inhabilitada por el chavismo e impedida de participar en las elecciones, podría tensar las relaciones con Caracas y con algunos socios de la izquierda latinoamericana.
Un síntoma de incoherencia
Otros, sin embargo, ven en esta actitud un síntoma de incoherencia. Sánchez, que en otras ocasiones ha reivindicado la defensa de los derechos humanos y de la libertad de prensa, evita ahora respaldar a una mujer premiada precisamente por encarnar esos valores frente a un régimen autoritario. El contraste con su entusiasmo de años anteriores resulta difícil de justificar.
La reacción del presidente también tiene lectura interna. En un momento de tensiones dentro de la coalición y de debate sobre la política exterior española, un gesto de apoyo a María Corina Machado podría incomodar a sectores de Sumar y de Unidas Podemos, más cercanos a posiciones indulgentes con el chavismo.
Sánchez, que en el pasado ha demostrado habilidad para moverse entre equilibrios diplomáticos, parece haber optado esta vez por el silencio como forma de prudencia. Pero el silencio, en política, también comunica. Y en este caso, el mensaje que deja entrever es el de un líder que prefiere evitar un conflicto a costa de su propia coherencia.
La concesión del Nobel de la Paz a María Corina Machado —un símbolo de resistencia democrática en una Venezuela exhausta— ofrecía a Sánchez una oportunidad de reafirmar la vocación europeísta y de defensa de los derechos humanos de su Gobierno. No lo ha hecho. Y ese vacío, más que cualquier palabra, ha terminado por complicarle el discurso. @mundiario



