El origen de la guerra comercial de Estados Unidos contra China
La globalización ha sido un instrumento de EE.UU. para su expansión comercial y su dominio de las ideas, la cultura, el entretenimiento y la información en el mundo. Para desarrollar esta política ha utilizado su importancia económica y política a nivel mundial. En términos generales, la consecuencia ha sido una mayor interdependencia económica y comercial entre los países, y esto ha sido especialmente cierto para Estados Unidos y China. En las décadas de 1980 y 1990, Estados Unidos fomentó la promoción del libre comercio y la liberalización económica a nivel mundial y esto permitió a China integrarse en la economía global y convertirse en un importante exportador de productos manufacturados.
Desde entonces, China ha experimentado un crecimiento económico impresionante, y se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo. China es el principal exportador del mundo, y es el principal receptor de la inversión extranjera directa. El comercio entre Estados Unidos y China se ha expandido ininterrumpidamente convirtiendo a EE.UU. en el mayor comprador de productos chinos y generando un volumen de comercio de 690,6 mil millones de dólares en 2022. Además, China se transformó en el segundo tenedor de deuda norteamericana para sobrepasar a Japón y ser el primero en 2008. El volumen de inversión continuó creciendo, al margen de la crisis financiera de 2008, y alcanzó su máximo en 2013 con 1,28 billones de dólares.
Pero un día China emergió como una potencia ascendente que sobrepasaba a EE.UU..
Los cambios en la vida y en el mundo se suelen producir de forma progresiva, sin apenas percibirlos en su progresión hasta que en un momento determinado la transformación que ese cambio tenaz ha creado se hace clara. Y, en el caso que nos ocupa, desde el punto de vista norteamericano esta transformación no solo es clara sino, también, dolorosamente patente.
EE.UU., el país defensor de la globalización -mientras ésta le produjo beneficios-, pasa a convertirse en el enterrador del libre comercio y a impedir la libre competencia de las empresas no norteamericanas.
EE.UU. representaba en el año 2000 casi un tercio del PIB mundial mientras que en el año 2021 su peso se ha reducido a algo menos de la cuarta parte. Por su parte, China ha pasado de ser poco más que la décima parte del PIB de EE.UU. en el año 2000, a representar el 18,4 por ciento del PIB mundial en 2021.
Si estas cifras las ponemos en paridad de poder de compra, la información del Fondo Monetario Internacional nos muestra como la economía china ha sobrepasado a la norteamericana y era ya en el 2021 un 20 por ciento superior a ella.
Y cada año no solo crece la ventaja económica, sino que también China sobrepasa a EEUU en multitud de indicadores sociales. Citemos el sorpasso de China en la esperanza de vida en 2020 o la reducción de la pobreza en China a la décima parte de EE.UU.. O, hablando de España, el crecimiento de la altura media de los chinos sobrepasando a la de los españoles. Queremos reflejar con estos indicadores que no es solo la potencia exportadora china que hace crecer la economía, sino que hay una traslación clara a la calidad de vida de las personas que está mejorando a gran velocidad. Crecimiento económico y política china centrada en las personas, que está generando un círculo virtuoso que se retroalimenta a sí mismo al inducir el crecimiento, una mayor calidad de vida y la nueva cualificación de las personas. Todo ello empuja al crecimiento.
Todas las alarmas han saltado en EE.UU. El país no está dispuesto a ser destronado de la cima mundial. Conserva su poderío militar, su mucho mayor renta per capita y, sobre todo, su poder blando: el control de la cultura, de la información y del entretenimiento en el mundo. Con estas armas se ha lanzado al ataque sobre la economía china, donde todo vale con tal de provocar la quiebra o el retroceso económico del país. @mundiario