Las mujeres seguimos teniendo muchos motivos para reivindicar el 8 de marzo

El #8M es una fecha que da visibilidad a una realidad que, aunque haya permitido avances en muchos ámbitos, aun está lejos de la igualdad real. 
Día Internacional de la Mujer. / Pixabay
Día Internacional de la Mujer. / Pixabay

Durante la pandemia se evidenció que eran las mujeres las que llevaban el peso del cuidado de dependientes, fueron las mujeres las que mayoritariamente solicitaron la reducción de su jornada laboral por este motivo, con una merma en sus ingresos que afectará a sus futuras prestaciones y probablemente afecten también a su promoción profesional.

Desde el 8 de marzo del 2019 las trabajadores y trabajadores pueden solicitar el derecho de adaptación que afecta a la duración y distribución de su jornada laboral, incluido el teletrabajo para posibilitar el derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral. Pero la realidad es más compleja, dado que no todas las empresas tienen flexibilidad horaria. El teletrabajo puede ser una buena opción, pero es un arma de doble filo. Multiplica las responsabilidad de las mujeres en el hogar y el riesgo de trabajar más horas que de un modo presencial por un exceso en la dedicación. 

El 22 de Febrero fue el Día de la Igualdad Salarial, fecha que pretende concienciar y denunciar la existencia de la brecha salarial entre hombres y mujeres por la realización del mismo trabajo o trabajo de igual valor. El dato en Galicia, según denuncia el sindicato UGT, muestra que la diferencia asciende a un 19,10% y en A Coruña, es donde se registra mayor brecha salarial. La media española habla de un 18,7% de diferencia entre lo que gana una mujer frente a un hombre.

Desde un punto de vista cultural, las mujeres se enfrentan a sesgos de percepción externos que siguen arraigados en nuestra sociedad, la maternidad es un elemento negativo porque se considera que una mujer en edad fértil generará un perjuicio a la empresa por su baja maternal mientras que la paternidad se valora de forma positiva como una estabilidad personal. Aunque las bajas por maternidad y paternidad han sido un avance todavía sigue existiendo esta percepción. 

La maternidad es un tema social. No puede recaer todo este peso sobre las mujeres. Es una realidad el envejecimiento de la población, la demora de la maternidad hasta edades del fin del periodo fértil, que el soporte de la conciliación recae sobre los abuelos o la renuncia de las mujeres al desarrollo profesional que deben enfrentarse a la disyuntiva de elegir entre lo profesional y la maternidad.

No hablemos de las familias monomarentales que en un porcentaje importante están en riesgo de pobreza. 

Conociendo las dificultades es necesario una actuación desde la educación, de las capacidades de las mujeres, su empoderamiento y superar las barreras autoimpuestas como el síndrome del impostor que limita nuestras posibilidades profesionales, potenciar el currículum ciego que valore las capacidades, conocimientos, elimine perjuicios y fomente la igualdad de oportunidades. 

Es necesaria la negociación colectiva con horarios laborales flexibles o que igualen las jornadas laborales de hombres y mujeres compatibles con la conciliación para conseguir la igualdad real en el ámbito laboral. Tambiéen una mayor inversión y compromiso de las administraciones públicas en escuelas, comedores y actividades extraescolares y para mayores dependientes,  centros de día y ayuda a domicilio y por supuesto, la  voluntad política para aprobar normas que promuevan la igualdad en todos los ámbitos, incentiven la contratación en empleos con subrrepresentación femenina y superar el encasillamiento en determinados trabajos, así como formación continua para adaptarse a las nuevas ofertas laborales. 

EL #8M no es solo una fecha. Es una reivindicación sobre todo lo que queda por conseguir, preservar y mantener lo conseguido. Porque no hay derechos consolidados, es necesario conquistarlos todos los días. @mundiario

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