Plato del día

El ministro Albares ha perdido la cabeza, perdón, la cartera

Hemos tenido que esperar 16 años para volver a presenciar un acontecimiento de dimensión planetaria, oye. Desde aquel que nos anunció Leire Pajín, ¿recuerdas?, la coincidencia de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, hasta este otro, de nuevo a ambas orillas del Charco: la coincidencia de dos liderazgos antagónicos.
Albares ha extraviado su cartera.
Albares ha extraviado su cartera.

Aquel, entre Obama y Zapatero, nos produjo uno de esos chutes intensos pero efímeros de los fuegos artificiales en las fiestas populares, y no como este otro, entre Trump y Pedro Sánchez, que se ha producido en plena tirada de fuegos reales y, por desgracia, mortales. Escribo estas líneas, Director, tras haber visto salir por la tele a nuestro ministro de Asuntos Exteriores, el señor Albares, explicándonos los motivos por los cuales se le veta el uso de las bases de Morón y Rota a United States of América, y no lo he podido evitar, señores: me ha dado la risa. Fea, muy fea, esa reacción por mí parte, en estos momentos tan oscuros en Oriente Medio, de acuerdo, pero inevitable cuando se ha sacado de la manga la Carta Fundacional de las Naciones Unidas.

En primer lugar, porque nuestro país no estaba, ni se le esperaba en aquel diciembre de 1945 en el que se procedió a firmarla, (¡por fachas, ¡que éramos unos fachas, por aquel entonces, hombre!), y lo seguíamos siendo 10 años después, por cierto, cuando al fin, resignados los socios fundadores ante la inercia de aquel otro manual de resistencia de un tal Franco, nos invitaron a firmarla a ver si eran capaces de llevarnos al buen redil. La ONU, en concomitancia con su hoja de servicios a la humanidad, ni consiguió meter al franquismo en cintura democrática, ni detener el pim pam pum entre la URSS y los EE UU en su interminable guerra fría, ni persuadió al Oriente Medio de sus guerras calientes  fijas/discontinuas, ni prácticamente, en toda su historia, pudo impedir que sus sufridos Cascos Azules, esparcidos por medio mundo para poner paz, ¡pobrecitos míos!,  en cada regreso a sus destinos le plagiasen a Felipe II la frase que se le atribuye  cuando lo que quedaba de Armada Invencible volvió a casa: No envié mis barcos a luchar contra los elementos.

Me da la risa, Sr. Albares, dejándome llevar de la filosofía de Les Luthiers, aquellos cachondos y geniales músicos argentinos convencidos de que a veces el humor es la única forma de decir verdades como puños. Usted, y yo y el de la boina, por ejemplo, sabemos que utilizar la ONU para echar balones fuera, en un intento desesperado de meter votos en las urnas aquí dentro, viene siendo un bello gesto intrínseco, pero crea una atmósfera extrínseca al Norte de los Pirineos que, al final, puede que nos pase factura al resto de pobres mortales nacionales ¡Que manía tienen ustedes de jugar a las cartas, hombre! Ésta de las Naciones Unidas, aquella otra de Pedro Sánchez (tras cinco días de dieta presidencial) con clara intención de desunirnos, al Mus con Puigdemont practicando señas falsas, al pócker con el CIS de Tezanos y sus ases en la manga. Salvo con las cartas de dimisión, se han convertido ustedes en auténticos tahúres en las mesas de juego nacionales y extranjeras.

Ya le he dicho yo a un amigo, que está que trina con usted, Sr. Ministro, como un hincha del Madrid con Arbeloa que, igual con los nervios y la cosa del Oriente Medio, se confundió de cartera. O sea, creía que llevaba la de Asuntos Exteriores y tal vez, por equivocación, se llevó la de Bolaños, encargado exclusivamente, como se sabe, de los Asuntos Interiores de Pedro Sánchez y sus aliados aritméticos. El caso es mantener a dos medias Españas a un lado y otro del dichoso MURO, oye: al progresismo en el épico adiós a las armas y al resto en el papel de desaprensivos seres humanos que miran para otro lado cuando caen misiles y drones como chuzos en tierras lejanas. Eso, lo de siempre: el cuento de nunca acabar de los buenos y los malos. @mundiario

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